Actualidad Nacional

La caída de Guri

Desde el Gobierno se ha intentado dar múltiples explicaciones a la población por el colapso eléctrico que se avecina, en cuyo menú se incluye el fenómeno climático generado a partir de El Niño; la falta de inversión en el área eléctrica que se endosa a la «IV República» o el «sabotaje» en los centros de producción eléctricos ejecutados por la oposición golpista y el imperialismo, entre otras. Lo cierto es que el shock ya está en puertas y sobre el tema del Guri no ha existido un diagnóstico científico que explique el porqué se llega a estos acontecimientos extremos como tampoco se observa un proyecto a futuro que evite a las nuevas generaciones el drama que vive el país.

Lo primero que hay que destacar es que en materia de energía eléctrica, los últimos gobiernos, apostaron en el sistema hidroeléctrico del Guri el desarrollo futuro del país, con cuatro grandes represas, al dejar concentrado en ese complejo el 70% de la producción eléctrica del país.

Pero al tiempo, que no se proyectó el desarrollo de energías alternas (a partir del gas u otros recursos) se programaron grandes planes de desarrollo en la propia cuenca del Caroní, en minería y metalmecánica, cuya intervención afectarían la propia existencia de los recursos hídricos del sistema, que en el caso del Guri, los efectos en el ciclo hidrológico en la cuenca han sido más dañinos que la incidencia de El Niño.

Si bien ese esquema de desarrollo tuvo nacimiento en los gobiernos de era democrática, se acogió y profundizó en los 11 de años de gobierno de Hugo Chávez.

Para el profesor Alexander Luzardo, uno de los redactores de la Ley del Ambiente, la crisis del Guri es el declive del proyecto de modernidad que se inició en la década del 60, dentro del cual fue concebida la represa del Guri, que se planteaba hacer grandes inversiones en esa zona sobre la base de la existencia de grandes recursos hídricos.

Uno de los elementos que se contemplaba era el desarrollo de una industria metalmecánica que posteriormente se va a ampliar con el desarrollo minero. Y finalmente se complementa con la construcción de una ciudad como Ciudad Guayana, en el mismo esquema que fue concebida Brasilia.

Los proyectos estaban sustentados en la teoría de «los polos de desarrollo» que aunque para la época tenía vigencia ya comenzaba a ser cuestionada. Consistía en desarrollar una región determinada y de allí se irradiaba hacia el resto del territorio. Luego comienza hablarse de «ejes de desarrollo» y más tarde surge planteamiento moderno de la sustentabilidad.

Lo que hay que establecer es que para ese momento, el Guri era el proyecto hidroeléctrico más grande del mundo y la obra de ingeniería más importante en la Historia de Venezuela. Según Luzardo, el Guri fue la más importante de todas las obras realizadas en el período de Pérez Jiménez y más importante que las obras construidas en los períodos posteriores. Fue producto del desarrollo de la ingeniería mundial concebida dentro del plan de desarrollo llevado adelante por Betancourt y Pérez Alfonso. Fue concebida en una época cuando ese tipo de obras eran consideradas el paradigma de la ingeniería, de la planificación como lo fueron las del Mississippi en Estados Unidos, en el aprovechamiento hidráulico de los grandes ríos que se desarrolló en distintas partes del mundo.

La gran visión

Destaca Alexander Luzardo que si bien el Guri es la obra de ingeniería de mayor importancia en la Historia de Venezuela, hay una de más trascendencia y ha sido la gran visión de una generación, que fue haber decretado Guayana como zona ecológicamente protegida. Allí está asentada la cuenca del Caroní con 96.000 kilómetros cuadrados, lo que equivale a un territorio mayor al de Bélgica y Holanda juntas. El Parque Nacional Canaima con tres millones de hectáreas. La reserva forestal de Imataca, que aunque tiene usos productivos en madera, también tiene fines protectores de 3 millones 800 mil hectáreas. El parque Sarisariñama con una superficie de 330 mil hectáreas. La reserva forestal El Caura con 5 millones 134 mil hectáreas. Los monumentos naturales, o tepuyes decretados en 1991, es una figura más rígida que el parque nacional y tiene protección constitucional con una extensión de casi dos millones de hectáreas.

La zona protectora sur del estado Bolívar decretada en el año 1975 con 7 millones 262 mil 358 hectáreas es la zona protegida más extensa de Venezuela. Esto da un promedio de 80% protegido del estado Bolívar. Para el ambientalista Luzardo, esa es la gran creación de planificación que legó el período democrático «y sin eso no habría represa», enfatiza Luzardo.

El proyecto desarrollista

A pesar de la utilización de un lenguaje en el que abundan términos como «endógeno» o «sustentable» la política de expansión y de poblamiento de la cuenca del Caroní se profundizó durante el gobierno de Hugo Chávez. Uno de esos ejemplos emblemáticos fue el decreto de explotación minera en la reserva forestal de Imataca.

Recordemos que ese decreto (1810) aprobado durante el gobierno de Caldera generó reacciones de grupos ambientalistas e indígenas en su contra. El proyecto para la explotación minera de la sierra de Imataca se ratificó a través del decreto 3110 aprobado en septiembre de 2004 que sustituyó al de Caldera. El mismo consagra la minería en todos los niveles: pequeña, mediana y gran minería, que permite la intervención de 40% de la reserva forestal de Imataca. Allí está en perspectiva la entrada de nuevas empresas ligadas a la nueva clase dominante con los nuevos aliados internacionales como los rusos y brasileños con tecnologías hasta más dañinas y con acuerdos de gobierno a gobierno.

Otro caso fue la continuación y construcción del tendido eléctrico desde el Guri hasta Brasil que atraviesa la reserva de Imataca y el Parque Nacional Canaima, inaugurado por los presidentes de Brasil y Venezuela con la asistencia de Fidel Castro en agosto del año 2000. Ese año, ante las luchas protagonizadas por las comunidades indígenas de la zona, quienes se oponía a la construcción de esa obra, Chávez señaló: «El Gobierno Nacional debe garantizar la culminación del tendido eléctrico, a pesar de las posiciones de algunos grupos indígenas radicales, anárquicos, que no son la mayoría y que pueden estar siendo instigados por personas extrañas».

El proyectó inicialmente contemplaba llevar electricidad desde el Guri hasta la ciudad brasileña de Manaos con 2,5 millones de habitantes, pero más tarde se optó por llevarla solo hasta Boavista. Con 680 kilómetros de longitud, el tendido costó 400 millones de dólares y surte a la ciudad brasileña con 230 kW pero que ha sido reducido en 70% debido a la crisis del complejo hidroeléctrico.

También se destaca el llamado a la formación de cooperativas mineras que se produjo durante el actual Gobierno que originó un aumento significativo de la actividad minera artesanal y la ilegal en toda la cuenca con una presencia estimada de 30 mil mineros, en su mayoría brasileños, colombianos y guyaneses. Más tarde con la idea de revertir la oleada de mineros que tomaban la zona tras las «bullas» de oro y diamante, la ministra del Ambiente para ese momento, Jaqueline Farías, promovió un plan de reconversión minera, que intentó atraer a los mineros hacia otras actividades económicas sustentables, pero el plan fracasó.

Los daños ecológicos

A juicio de la investigadora de la Universidad Simón Bolívar, Lelys Bravo, y parte del equipo de científicos que ha estudiado en profundidad la biodiversidad en la cuenca del Caroní, la intervención a la que ha sido sometida la Gran Sabana ha alterado el ciclo hidrológico de la cuenca. Sostiene la investigadora que si bien los efectos de El Niño han incidido en el clima y la frecuencia de las precipitaciones en la región, los más graves efectos provienen de la tasa de deforestación que sustituye bosque por sabana, la minería que sedimenta y envenena los cursos de agua, la cuenca y el embalse y las quemas frecuentes de la sabana. Explica la investigadora que los estudios que ha realizado el equipo que preside el investigador del IVIC Eugenio Sanhueza, han determinado que una zona quemada en esa región, requiere de tres a cuatro años para ser recuperada.

Observa la importancia de proteger los sistemas montañosos tepuyanos que están relacionados con el volumen de las precipitaciones.

Para Luzardo, el tendido eléctrico dañó la visual de la cadena de tepuyes oriental. Produjo un impacto ambiental innecesario dentro de un parque nacional y los monumentos naturales decretados como Patrimonio común de la humanidad por la Unesco. Generó daños a la sierra de Lema con la construcción de la pica y la colocación de más de 400 torres. Promovió un conflicto y división entre el pueblo pemón, a parte del daño económico al ofrecer beneficios futuros que nunca ocurrieron.

Sin planes

¿Eran predecibles los efectos de El Niño en la cuenca del Caroní? Ciertamente así fue. No solo los sectores científicos del país alertaron sobre la sequía, sino también algunos organismos del Estado estaban conscientes de lo que podía ocurrir. Cabe recordar que en 1988 y en 1992 se produjeron sequías mucho más severas como efecto del fenómeno El Niño, sin embargo todavía el embalse pudo resistir sus efectos.

Más allá del tema ambiental en el que ha quedado muy claro que la intervención de zonas protegidas, al lado de las emisiones de gases y el aumento poblacional, son agentes vinculados al cambio climático, el Gobierno no se ocupó de programar un desarrollo alterno. Al exterior se enviaron recursos para plantas termoeléctricas por más de 500 MM$ a Bolivia, Cuba, Ecuador, Haití y Honduras. Hoy se inauguran en Venezuela pequeñas plantas alimentadas con gasoil que son más contaminantes y no solucionarán la crisis si el Guri no se recupera en corto plazo como lo han indicado varios especialistas.

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