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Marcos Tarre: “Hemos perdido la riqueza de vivir en una ciudad”

La ciudad de Caracas, así como el resto de las ciudades venezolanas, en mayor o menor magnitud están bajo el control de la delincuencia.

Después de ciertas horas, las calles están desiertas. Los ciudadanos se eximen de visitar familiares y amigos. Y a pesar de este obligado toque de queda, generado por el temor, el saldo mensual de muertes violentas pasa de más de cuatro centenares de víctimas.

Marco Tarre, arquitecto urbanista de profesión, escritos de novelas policiales, y consultor en área de seguridad urbana, ha conjugado la teoría del diseño urbano, con la problemática social que hace que existan delincuentes y delitos.

Conversamos con Tarre sobre lo que sucede en Caracas, en la búsqueda explicaciones y soluciones.

—¿Un mejor diseño urbano produce menos delincuencia?

—Disminuye el riesgo. Lo que pasa es que en Caracas, como ejemplo de las ciudades venezolanas, se ha llegado a unos niveles de que la gente no sale de noche, los espacios públicos no se utilizan, que la importancia de lo que para el ser humano significa vivir en una ciudad se ha perdido notablemente.
Nos movemos como en guetos, solo en ciertas zonas del este, en ciertos sitios, o en centros comerciales. Hemos perdido la riqueza de vivir en una ciudad, también de compartir. Hay zonas de Caracas a la que no va mucha gente. Hay una desconexión entre Este y Oeste. No hay integración y no hay elemento urbano que ayude a eso. Más bien han habido elementos políticos que se han sumado como para discriminas o separar aún más. Como por ejemplo, la época de las esquinas calientes, donde prácticamente se vetaba que una persona circulara por ciertos sitios.
Han privando los elementos puntuales de la política partidista, sobre los grandes intereses de la ciudad. Obviamente esto se refleja, no es que sea la causa principal, si tiene que ver con seguridad. No es que con diseño urbano vamos a resolver los problemas de seguridad. Pero si el tipo de diseño urbano que se ha dado en Caracas tampoco ayuda en ese sentido.

—¿Cómo se resuelve ese problema de “diversidad” urbana? ¿Hay solución para Caracas?

—Hay que separar un poco los problemas. En estos momentos, el tema seguridad priva sobre el tema de la ciudad que queremos. Todos queremos una ciudad más segura.
Independientemente del tipo de diseño urbano que tengamos, las ciudades europeas por su naturaleza tienden a ser más seguras que los esquemas nuestros.
En cambio, las ciudades estadounidenses donde el concepto puede ser parecido al nuestro, también se manejan dentro de niveles de seguridad tolerables.
Hay que priorizar los problemas. Tenemos un problema gravísimo de seguridad. Hay que atacarlo desde diferentes puntos de vista: la acción preventiva que no se hace; una acción represiva que tiene que hacerse, que tampoco se hace; y, una acción a mediano y largo plazo, que es una combinación de prevención, educación, atención y apoyo a las personas en riesgo. Una serie de factores que resultan en un cuadro de las ciudades más seguras, y que dentro de esos factores estaría también el diseño urbano.

—¿Influye el contexto físico?

—De la importancia del contexto físico, en materia de seguridad, es algo de lo que se ha hablado mucho y trabajado en otros países, y muy poco en Venezuela.
Desde los años 60, la urbanista Jane Jacobs planteó en su libro “Vida y muerte de grandes ciudades norteamericanas”, la importancia de lo que ella llamaba “ojos en la calle”.
Es la presencia, en espacios públicos, de ciudadanos, de personas, que de alguna manera ejercen un control de supervisión de lo que pasa en su zona. Eso fue evolucionando y llegó a concretarse años después, con los aportes de otros urbanistas y criminólogos, en lo que se conoce como el “Cpted” (Crime Prevention Trough Enviromental Design), que en español se traduce como “prevención del delito a través del diseño urbano”.
Hay un instituto que se encarga de dar cursos, hay libros y en América Latina se han tomado los conceptos del Cpted, y se ha aplicado con variantes con diferentes interpretaciones. No estrictamente lo que planteaba el CPTED.

—Esta experiencia estadounidense ¿dónde más se ha aplicado?

—En Brasil han hecho unas experiencias bien interesantes, que lo llamaron “Acupuntura Urbana”, un nombre que creo muy logrado. Que consiste en intervenciones precisas, en ciertos sitios.
En Chile y Colombia, también lo han aplicado. En Australia es uno de los elementos importantes en el diseño urbano.

—¿En Venezuela?

—En nuestro país, prácticamente la gente ni conoce esto, ni se enseña en las facultades de arquitectura. Siempre el tema del espacio se limita a decir: “aquí hay iluminación, los servicios funcionen”, sin ir más allá.
Esto nace, porque en la época que Jane Jacobs escribió su libro, hubo experiencia muy famosa en Estados Unidos, si mal recuerdo en Chicago, donde construyeron una especie de superbloques tipo “23 de Enero” de Caracas, que 20 años después tuvieron que demolerlos.
Eso generó toda una serie de planteamientos en cuanto, a que más allá de la infraestructura física, hay una serie de elementos sociales, humanos, que pueden hacer invivible una zona como ocurrió en esa ciudad estadounidense.
Estos elementos, que por una parte chocan mucho con lo que ha sido el desarrollo urbano venezolano, cuando existían criterios de diseño urbano que ya no los hay, nos regíamos muchos por las teorías de Le Corbuiser, de la ciudad dormitorio, donde en su sitio trabajas y en el otro vives.
Eso le quitaba mucho valor al esquema de ciudades de uso compartido. Como aquí lo hay en Chacao, o como son las ciudades europeas. Donde tu vas a la planta baja, y hay negocios, hay trabajo, hay comercios. Hay toda una vida urbana que ayuda a que todos esos espacios no estén vacíos.

—¿Ese es el criterio que se usó en el Parque Central de Caracas?

—Sí, pero con una interpretación distinta. Era más bien el criterio de lo que uso el Banco Obrero en su época cuando construyó las grandes obras residenciales. Pero no esa mezcla de usos que es lo que termina dando vida, y de alguna manera seguridad, a la ciudad.

—¿Cómo lo que se está haciendo al sur de Manhattan en Nueva York, después del derribamiento de las torres gemelas del World Trade Center?

—Es posible. Aquí ese es un tema que no se ha tocado. Se han perdido grandes oportunidades. Por ejemplo, lo que se hizo con la enorme inversión, que significó el Metrocable de San Agustín. Eso en otros países como Colombia donde hicieron experiencias de ese tipo, iba acompañado de un posicionamiento del barrio, de crear infraestructura, de que en la cima de los barrios estuvieran instalaciones de primer orden, de colegios, bibliotecas, policías. Eso se hizo también en Brasil.
En cambio aquí, se hizo la inversión, aparentemente se solapó. Aterrizó el Metrocable sobre el barrio, sin ninguna ora contemplación de mejora de calidad de vida, de mejora de infraestructura. Eso dice un poco de los millones que tenemos. Y también tiene mucho que ver con que el problema de seguridad para los venezolanos, es relativamente creciente.
Nosotros, hasta finales de los 90, nos movíamos con unos índices delictivos que no eran el mayor problema para la gente. Eran tolerables para la sociedad. Eso cambia radicalmente a partir de 1999, cuando empiezan a subir todos los índices.
Nosotros carecíamos de una cultura policial, carecíamos de una atención hace el problema de la seguridad, y de alguna manera, no que esas sean las causas de lo que nos está pasando ahora, pero que están ahí presente, la de un manejo como de muy poca investigación de lo que nos ocurre. Pero también con muy poco interés por el tema de la seguridad, por parte del Estado y del gobierno Chávez-Maduro.

— ¿Cómo ve el tema de la contaminación y el funcionamiento de industrias dentro de la ciudad?

—No sólo el tema de la contaminación, sino el tema de la urbanización irregular, con toda la serie de invasiones, antes de terrenos y ahora de edificaciones.
Aquí hubo un elemento también importante y negativo (en Caracas), como fue el desmantelamiento dela Oficina Metropolitana de Planeamiento Urbano (OMPU), y que no fue sustituida por otro organismo.
Con eso, las remodelaciones que se han hecho no han obedecido a un criterio integral de manejo de la ciudad, sino cosas muy puntuales como han sido la remodelación de Sabana Grande que hizo PDVSA, y que está bien lograda. Es un aporte a la ciudad, cuando los comparamos con lo que había antes de que se hiciera ese trabajo.
Sin embargo, esa remodelación no está enmarcada en una visión de ciudad. Hacia dónde va Caracas, qué queremos que sea dentro de 20, 30 o 50 años. Obviamente aquí hacen falta instituciones que trabajen sobre eso. Unas de las pocas que creo que todavía existe, la tiene la Alcaldía Metropolitana. Dada la relación Alcaldía-Gobierno central, es prácticamente como si no existiera.

—¿Cómo influye la falta de planificación?

—Esa falta de planificación urbana también incide en los problemas de la ciudad, en los actuales y en los futuros, porque toda ciudad necesita de una visión de hacia que va la ciudad. No responder a problemas muy puntuales, como se ha visto en materia de tránsito en Carcas, o lo que se ha visto con la Misión Vivienda.
Si bien se le proporciona vivienda a quién la necesite, no hay unos estudios de impacto social en esa zona, qué beneficios o medición de los efectos de la inversión en esa zona es buena o es mala o regular. Eso se hace sin estudios y sin planificación.
Todo eso, de alguna manera, va incidiendo sobre la ciudad que tenemos. El resultado es que Caracas es la primera o la segunda ciudad más insegura el mundo.

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