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Mirandinos: «Estamos comiendo carne, con suerte, una vez al mes»

Daniel Murolo – Miranda.-

@dmurolo

El ínfimo ingreso real ha obligado a los mirandinos a priorizar el consumo de alimentos y transporte sobre los demás rubros, especialmente en las zonas más populares.

«Se me quemó la nevera con los bajones de luz y así se quedará, comprar una es imposible y repararla costosísimo», resaltó Irma Vega, vecina de El Encanto, en Los Teques.

Basta con recorrer las zonas comerciales de Los Teques, Carrizal y San Antonio de los Altos, donde los vendedores anteriormente ofrecían electrodomésticos, vestimenta y otros rubros no alimentarios, para ver la realidad.

«De aquí desaparecieron los locales de electrodomésticos, abrieron uno recientemente pero tiene poco que ofrecer y muy caro», explicó la mañana de este sábado Bernardo López, mientras caminaba por el centro comercial La Cascada.

En calles o dentro de centros comerciales de los Altos Mirandinos solo se observa la venta de alimentos, pues es lo único que los consumidores demandan.

En general, mientras las ventas de electrodomésticos y vestimenta han caído entre 80% y 75%, según los pocos locales abiertos que aún ofrecen esta mercancía respectivamente, las ventas de carne y pollo descendieron 51% y 55%, respectivamente.

«Estamos comiendo carne, con suerte, una vez al mes«, puntualizó Edgar Blanco, quien caminaba por el mercado municipal de El Paso, dice que no ve «diferencias» luego del anuncio del Gobierno Nacional de estos centros en todo el país.

«El pollo y la carne lucen inalcanzables, será ellos – alcalde y concejales- quienes puedan comer carne, porque lo que es el pueblo con estos salarios de hambre no puede», dijo Blanco.

Transporte = Desgaste

En cuanto al transporte, María dice que «vive cazando cajeros con efectivo» para poder tener el dinero para pagar el autobús. «Muchas veces se tiene el efectivo pero no hay unidades de transporte«, expresó visiblemente frustrada. Vive en Quintana, un sector ubicado en la zona más alta del Municipio Los Salias, por lo que entrar o salir de su comunidad caminando representa un desgaste tremendo.

«Es rudo, muchas veces lo que tengo para desayunar es una arepa pelada – sin relleno- y con caminar hasta la plaza Bolívar ya quemo las pocas calorías que ingerí, y paso el resto del día con hambre», dijo.

Al igual que el resto de los consultados, María destina prácticamente todo su salario en comida y transporte, «tengo años sin saber lo que es comprarme zapatos o ropa, esto es realmente frustrante», dijo.

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