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Oscuridad, contaminación y abandono predominan en el Hospital Psiquiátrico de Caracas

Simón Raché llegó hace dos meses al Hospital Psiquiátrico de Caracas debido a que presenta un trastorno psicótico grave y requiere permanecer en un cuarto de aislamiento. Las enfermeras aseguran que está prácticamente abandonado, aunque a veces lo visita su hermano, pero resulta poco motivador por la relación que mantienen.

Con los pies afuera de su celda y la mirada perdida, el joven de 23 años, consciente o no,  tiene que afrontar la crisis hospitalaria de Venezuela. Para Simón no hay insumos, no hay productos de limpieza que le garantice tener buenas condiciones dentro del espacio donde está, y mucho menos hay medicinas.

El Servicio 1 del Hospital Psiquiátrico está absolutamente a oscuras. Tanto los bombillos como el cableado ya no existen, el personal que debe cubrir el turno de la noche a duras penas mediante el alumbrando de las linternas de sus celulares, y aseguran que eso se convierte en una “boca de lobo” después de las seis de la tarde.

“Esta institución se encuentra en condiciones infrahumanas. Esto no está bien, ni para el personal que está aquí, ni para los pacientes. Aunque son pacientes psiquiátricos, también son seres humanos”, expresó Laura*, enfermera de hospital.

Simón Raché presenta conductas bizarras como comer su propio excremento /Foto: @rastavafotografia

Las condiciones también son desalentadoras para los pacientes del Servicio 3, quienes a pesar de tener las capacidades para no estar tras las rejas, sufren de contaminación en sus habitaciones, no tienen servicio de agua, productos de higiene personal, ni los medicamentos para sus respectivos tratamientos.

“No se consigue Bromazepam, Clonazepam, Ácido Valpróico ni Risperidona (…) Ni guantes, ni tapabocas, ni gorro o cualquier otra barrera de protección para el personal. Solo contamos con jeringas, algodón y solución fisiológica”, denunció Laura.

Unos de los casos que más destaca es un paciente que posee un tumor en el pie que le produjo miasis (parásitos) y lo mantiene botando sangre, pus y gusanos. Este señor se encuentra en condición de calle y llegó al hospital a través de la Misión Negra Hipólita.

«El director de la institución trajo cerca de 13 pacientes a este servicio porque según él iba a canalizar  todo, pero resulta que lo que hizo fue empeorar la situación, dentro de esos pacientes vino el enfermo», indicó la enfermera.

Según comentó la trabajadora de la salud, lo han llevado al Hospital General de Lídice Doctor Jesús Yerena, pero por falta de personal y transporte se complica mucho que sea atendido con frecuencia. Esta situación ha generado que su habitación y los pasillos del módulo estén llenos de sangre y con un olor muy fuerte.

Los pacientes de este centro reciben tres comidas diarias. No obstante, por la falta de presupuesto, su alimentación no cubre con lo necesario para mantenerlos saludables. “En el desayuno se les da una arepa sin relleno con agua de arroz, en el almuerzo y la cena solo comen arroz con lentejas. Hemos visto cómo se han deteriorado físicamente y han bajado considerablemente de peso”, contó la profesional de la salud.

Tras una reja que ha sido reparada muchas veces y en total oscuridad están los ciudadanos que ingresaron por emergencia debido a que presentan crisis psicóticas, comportamientos suicidas u otros trastornos. Asimismo, deben sobrellevar el hambre que les ocasiona las medicinas que reciben, puesto que abren el apetito, pero solo pueden comer lo que hay.

Silencio de la directiva

Varias enfermeras del hospital declararon a nuestra redacción que Guillermo Batista, director vigente de la institución, no se ha apersonado a las zonas que están en total colapso y ha hecho caso omiso a las exigencias de sus trabajadores.

«Supuestamente el personal de la mañana se reunió el lunes y el martes con él. La primera vez hizo caso omiso a todo. Las colegas le hablaban y le decían, pero él solo veía el celular y como si nada. Él no va a los servicios a ver lo que pasa», detalló.

Las trabajadoras concordaron en que a una directiva “no debería importarle el gobierno que esté porque para la atención al semejante no hay política que valga” y todo profesional de la salud “debe abocarse al ser humano”.

Laura tiene 28 años trabajando en el Hospital Psiquiátrico de Caracas y asegura que desde entonces ha vivido el deterioro de cerca, pero enfatizó que desde el año 2013 venía presentando fallas que “reventaron” en 2018 y los llevó a tener un 2019 en caos.

Más allá de un sueldo que poco les alcanza y con un ambiente de trabajo que se desmorona, las enfermeras insisten en alzar su voz para que los responsables atiendan esta problemática.

El verdadero nombre de Laura* fue cambiado para proteger su identidad ante posibles represalias.

Pasillos del Hospital Psiquiátrico de Caracas /Foto: @rastavafotografia
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