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Pacientes venezolanos exigen al Gobierno medicinas de calidad en tiempos oportunos

 

Por Andreína Itriago

@inaitriago

 

El marido de Inés Carvallo murió de cáncer la semana pasada. Ella, sin embargo, no culpa a la enfermedad. “Mi esposo falleció por negligencia del Estado venezolano”, sentencia, y relata: “Desde octubre (2015) no recibió más nunca los bloqueadores y tampoco había reactivos, ni en las clínicas ni en los hospitales”.

Este martes, en el Anfiteatro Altamira Sur, en Caracas, muchas personas con distintas enfermedades manifestaban estar conscientes de que su suerte podía ser la misma que la del marido de Inés. Se trataba de pacientes que dependen de un medicamento o de un insumo médico que no hay en Venezuela, y cuyas vidas penden de un hilo.

Se concentraron desde tempranas horas de la mañana bajo el lema Unidos por la Vida, en una actividad organizada por la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y a la Vida (Codevida). La presidenta de la Fundación de Lucha contra el Cáncer de Mama (Funcamama),  Luisa Rodríguez Táriba, elevó la exigencia de los presentes: medicinas de calidad en tiempos oportunos.

El presidente de la Asociación Acción Solidaria, Feliciano Reyna, leyó un documento que posteriormente firmaron los asistentes. “Nicolás Maduro, Aristóbulo Istúriz, Jorge Arreaza, Luisana Melo, Carlos Rotondaro, Luisa Ortega Díaz, Manuel Galindo y Tareck William Saab: son ustedes los principales responsables de garantizar y proteger los derechos a la salud y la vida, utilizando todos los recursos a su alcance, incluyendo los de cooperación internacional. Venció el tiempo de espera. Está en juego la vida de miles de personas”, dijo.

—¿Están de acuerdo con la declaratoria?— preguntó Reyna.

—¡Sí!— respondieron entusiasmados los más de cien asistentes, ataviados de blanco, con sus vidas y exigencias resumidas en pancartas.

 

 

 

 

Entre ellos había enfermos de todas las edades. Algunos, muy mayores, se aferraban a la vida, al tiempo que se incorporaban al grupo con la ayuda de bastones y de otras personas. Otros, muy jóvenes –demasiado jóvenes para estar pasando por esto, decían quienes los veían–, eran alzados en brazos para que pudieran ver al orador de turno.

También había familiares de pacientes. Sus hijos, esposos, padres o hermanos eran o muy mayores o muy jóvenes o estaban muy enfermo. Ellos fueron a dar la cara. También atendieron el llamado los profesionales de la salud. “La historia de ustedes es la historia de nosotros”, dijo una enfermera. Como ellos, se solidarizó además la diputada Manuela Bolívar, quien hizo un llamado a la ministra de Salud, Luisana Melo: “Sobre su mano descansa la posibilidad de que entren los medicamentos. ¿Qué está esperando?”

En la improvisada tarima se sumaban las cifras y con ellas las vidas en riesgo: 4.443 personas con hemofilia, 2.000 con linfoma, 50.000 con cáncer de mama, 61.000 con VIH. Y seguían los números y seguían las enfermedades: del cuerpo y de la mente.

“Desde 2013 estamos avisándole a organismos internacionales que venía una emergencia grave. Y ahora ya no tenemos más plazo. Ya hicimos todas las mesas, reuniones, cartas… Ya no tenemos más tiempo. ¿Qué les vamos a decir a esos niños que no pueden estar jugando?”, preguntó Antonia Luque, miembro fundador de Codevida.

Tras la firma del documento caminaron juntos hasta la plaza Francia de Altamira. Desde los carros en la avenida Francisco de Miranda, los escuchaban decir: “El pueblo enfermo reclama su derecho”, y tocaban las cornetas. En una de las pancartas, la más grande, se leía: “La salud es un derecho, la salud no es un favor”.

 

 

 

 

 

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