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Pago o muerte, el clamor de los extrabajadores de Pdvsa en huelga de hambre

José Velásquez es oriundo de un pueblo conocido como Temblador, en Monagas. Es padre de 12 hijos, a quienes dejó hace 17 meses para viajar hacia la capital a reclamar sus derechos laborales. Es el sostén de su familia, cuya felicidad es para él una prioridad.

Velásquez es uno de los casi 600 trabajadores que se encuentran en la Plaza de la Moneda, frente al Banco Central de Venezuela, en Caracas, visibilizando lo que sus cuerpos famélicos padecen desde hace mucho más de 10 días: el hambre. Él pone a Dios por delante. «Seguiremos en esta lucha con el favor de nuestro señor Jesucristo, que nos va a dar la victoria» dice con seguridad.

El extrabajador de Pdvsa reclama que no está pidiendo que le regalen nada, pues se trata de una suma monetaria que por derecho le pertenece. «No estamos en contra del Presidente para que nos esté negando nuestro dinero», expresa el jubilado.

A su alrededor, voluntarios de la Cruz Roja venezolana se abren paso entre las cajas de cartón con el logotipo de los CLAP que sirven de lecho a los huelguistas. Con manos temblorosas, luego de 22 días sin ingerir alimento, los hombres reciben de los voluntarios pequeños vasos reciclados con agua y algunas bolsitas de azúcar.

Desamparados

Desde Aragua, Guárico, Monagas, Delta Amacuro, Sucre y Bolívar, casi 600 extrabajadores de la Faja Petrolífera del Orinoco llegaron hace 17 meses a Caracas en representación de casi seis mil jubilados de la estatal Pdvsa.

La razón de la protesta que ha escalado desde cartas y exigencias a organismos gubernamentales hasta una huelga de hambre que cumple 10 días este sábado, es una cuantiosa suma de dinero que el Estado venezolano consiguió tras ganar una contrademanda a la petrolera estadounidense Exxon Mobil.

De acuerdo con uno de los extrabajadores en huelga, el Gobierno obtuvo 5.500 millones de dólares con el fallo. Así, en marzo de 2012 desde La Habana, Cuba, el expresidente fallecido Hugo Chávez dio la orden a la entonces ministra de Trabajo, María Cristina Iglesias, y al presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, de que ese dinero fuese depositado en las cuentas del Banco Central de Venezuela.

Pero la orden nunca se ejecutó, y tras la muerte de Chávez, los extrabajadores aseguran que han quedado desprotegidos. El actual gobierno de Nicolás Maduro no ha dado respuesta alguna a las exigencias de los obreros que afirman apoyar su gestión y haber votado por él.

Pedro Amado, representante de los trabajadores de la Faja Petrolífera del Orinoco, señala que solo les fue entregado el pago respectivo a unos 3.000 extrabajadores en 2016, pero quedaron exceptuados otros 8.000 que fueron subcontratados para la actividad petrolera en los últimos 30 años.

El dirigente precisa que la denuncia ha sido llevada a la Fiscalía, a la Defensoría del Pueblo, al ministerio de Trabajo, a la estatal petrolera Pdvsa, la vicepresidencia, la Presidencia de la República y ante representantes de Naciones Unidas sin que hasta ahora, haya habido respuesta alguna a sus exigencias.

«Está a punto de ocurrir una desgracia», expresa Amado, quien solicita a los representantes del gobierno nacional que se aboquen a resolver la situación que atraviesan. «Este es un presidente que dice que quiere paz, que quiere amor, que es humanista, pero esto no es humanismo. Nunca antes se había visto una huelga tan cruda y con tanta gente», agregó el vocero, quien además hizo un llamado al Papa Francisco para que interceda ante el gobernante venezolano.

Los huelguistas cuentan con un baño portátil improvisado con dos tobos y paredes hechas con cajas CLAP alrededor de los recipientes. / Foto: Oriana García

La Cruz Roja venezolana, el único organismo que ha acudido a la Plaza de la Moneda, a pocos metros del Palacio de Miraflores, adviritió a los huelguistas de su situación de salud crítica. Se trata de hombres mayores de 60 años que en los últimos meses no han contado con una alimentación balanceada.

«Llegamos a la huelga ya desnutridos», declara uno de los extrabajadores, quien afirma que en los últimos meses de su deambular por Caracas solo han podido ingerir residuos de comida y desechos de frutas o verduras. No cuentan con recursos económicos para alimentarse, transportarse y, mucho menos, para regresar a sus estados de origen.

«Pago o muerte», dice, determinante, otro de los huelguistas. Asegura que no abandonarán este acto de protesta hasta que se les dé alguna respuesta a su exigencia. «Para irnos sin nada, otra vez, después de 7 años de lucha continua, mejor pasar por esto».

Son vidas humanas las que están en juego ante la indiferencia de los organismos gubernamentales que, hasta el momento, no se han apersonado en el lugar «ni para ofrecerles un vaso de agua», según afirman los huelguistas.

El hambre que ya sentían, fue simplemente oficializada por los 50 extrabajadores que iniciaron la huelga el pasado 30 de mayo. El grupo se ha reducido pues no todos resisten. «Otro muerto: van 17. Pago ya», reza uno de los numerosos carteles que acompañan el acto más extremo de protesta.

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