Actualidad Nacional

Renovación espirítual de Caracas

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Mis queridos Hermanos:

Una vez más nos encontramos en esta Santa Iglesia Catedral Metropolitana para festejar la solemnidad de nuestro Santo Patrono, el apóstol Santiago. Hoy 25 de julio, día de Caracas, al dar gracias a Dios por el testimonio apostólico del gran Santiago, le agradecemos también por nuestra querida Ciudad Capital.

COMPROMISO CON NUESTRA CIUDAD

En esta celebración los invito a reflexionar sobre nuestro compromiso con Caracas. Estamos llamados a amarla, a quererla, a trabajar por ella. Y esto significa trabajar por la comunidad, porque una ciudad es mucho más que sus calles, plazas, avenidas, instalaciones de servicios. Una ciudad la constituyen sus gentes, sus ciudadanos, los que aquí vivimos, que estamos llamados a amarnos unos a otros, como nos lo pide el Señor en sus santos mandamientos.

Nuestro compromiso, y especialmente el de las autoridades, es hacer que la ciudad funcione, que se respeten las leyes, que se superen las dificultades, que todos podamos vivir bien, en convivencia fraterna, y para ello, es necesario que afrontemos nuestros retos, tal como lo he planteado en otras ocasiones. Permítanme presentar algunos:

El desafío de consolidar la unidad y el sentido de pertenencia en una comunidad que recibe cada día nuevos habitantes. Se trata de superar las divisiones, aún las geográficas y urbanísticas, mediante un trabajo concertado de acertado urbanismo. Se trata de posibilitar y reafirmar la conciencia entrañable de cada uno de los habitantes de Caracas de que todos pertenecemos, de que nadie puede ser excluido, de que tenemos un destino común y que todos debemos luchar y participar por lograrlo.

El desafío de una renovación urbanística: llevar a cabo obras e iniciativas, tanto desde el punto de vista de la infraestructura, como en el campo de los servicios, la vialidad, la vivienda, la educación, el deporte y la cultura, que posibiliten una vida mejor para la familia, para los trabajadores, para los niños y los jóvenes.

El desafío de vencer la violencia: para prevenirla y superarla ayudemos a la familia, desterremos el odio, creemos un ambiente positivo, donde los jóvenes tengan horizonte de futuro, a través del trabajo y de la posibilidad real de realizarse. Pero además, intensifiquemos la lucha contra el crimen, de manera particular contra el narcotráfico, que se hace presente con grosera impunidad entre nuestros jóvenes. Luchemos contra la delincuencia previniéndola, ciertamente, pero también combatiéndola de manera especial con la aplicación estricta de nuestras leyes por parte del ministerio público y del poder judicial. Que los fiscales y jueces estén siempre al lado del buen ciudadano. Que nuestras Policías hagan una labor cabal de prevención y reprensión del delito siempre dentro del marco legal y con respeto a los derechos humanos.

LA RENOVACIÓN ESPIRITUAL DE CARACAS

Pero tenemos un desafío todavía más importante: el de la renovación espiritual, personal y comunitaria de nuestra Iglesia en Caracas.

Al final de nuestra reciente asamblea ordinaria, los obispos venezolanos hemos publicado un documento en el que llamamos a todos los católicos, más aún a todos los venezolanos, a una profunda renovación espiritual. En el documento llamado “Renovemos la Mente y el Corazón”, invitamos a todos los creyentes, comenzando por nosotros mismos, los obispos, y todos los agentes de pastoral, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, y miembros de los movimientos de apostolado seglar, a vivir con mayor intensidad y profundidad la alegría de nuestra unión con Cristo por la fe y el bautismo. Necesitamos reavivar nuestra espiritualidad, es decir, nuestra vida según el Espíritu de Dios.

Se trata de acoger con calor y alegría la vida divina que el Señor quiere compartir con nosotros, intensificando nuestra fe, viviendo más intensamente la esperanza, y dejándonos llevar por la fuerza del amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.

Esa renovación, que es una de las líneas fundamentales del Concilio Plenario de Venezuela, el cual nos invita a promover en todos los aspectos la renovación de la Iglesia, es fundamental para Caracas, donde el secularismo y el olvido de Dios promovido por la cultura dominante y por las circunstancias actuales de la vida en la ciudad nos empujan hacia una actitud materialista, centrada simplemente en superar las dificultades que todos confrontamos, y sobrevivir todos los días.

En nuestro documento, los Obispos dibujamos a grandes rasgos el panorama actual de Venezuela desde el punto de vista espiritual y moral:

“también percibimos graves fallas morales en el campo de lo social, familiar y económico, que se reflejan de diversas formas y afectan a los hijos de la Iglesia: relativismo ético, tendencia secularizante, disminución de la práctica religiosa y de la recepción de los santos sacramentos, creciente aumento de las sectas, ideologías y nuevas corrientes espiritualistas: new age, espiritismo, tarot, brujería, santería, esoterismo. Además, el clima de violencia que reina en el país afecta la paz moral y espiritual de nuestra sociedad. A pesar de todas estas dificultades, la fe y la arraigada conciencia religiosa de nuestro pueblo mantiene una vitalidad esperanzadora (Cf Aparecida 127-128)”.

Como Pastores de la Iglesia en Venezuela, y yo como Arzobispo de Caracas los obispos invitamos a todos los católicos, y a los fieles de esta gran ciudad, a una conversión hacia el Señor, a salir del pecado y de la indiferencia religiosa, a profundizar la experiencia de Dios, a reavivar nuestra práctica religiosa, a ajustar nuestras vidas a las exigencias del Evangelio, que comienzan por una fe que se expresa en el cumplimiento de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios. A mis hermanos sacerdotes, diáconos y miembros de los Institutos de vida consagrada los invito a vivir personalmente este llamado a la renovación espiritual, y a propiciar los medios e iniciativas pastorales para que los fieles puedan renovarse interiormente en la línea de una mayor unión con Dios, fidelidad a Jesucristo, y solidaridad fraterna.

Hoy, en una ciudad golpeada por la secularización, por la confusión y la indiferencia religiosa, por la violencia y la discordia, estamos llamados a vivir nuestra fe con fidelidad y alegría, a reforzar nuestras prácticas religiosas, especialmente la participación en la Santa Misa todos los Domingos, para celebrar con Jesucristo el triunfo de su resurrección. Los invito, hermanos, a profundizar nuestro contacto con el Señor, para que, con su gracia, fervorosamente solicitada en la oración, tengamos una intensa experiencia de su amor, de la alegría de ser sus discípulos, del gozo pleno de vivir en comunión con El. Sólo el amor a Cristo nos llevará a ser esforzados apóstoles de Jesucristo, como debemos ser, para realizar en nuestra querida Caracas una cada vez más intensa acción pastoral.

Santiago Apóstol es un ejemplo para nosotros los fieles católicos. Y es, sobre todo, un ejemplo para los Obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas y religiosos de Caracas, que estamos llamados a seguir a Jesús como discípulos y misioneros, es decir, amarlo con todo el corazón, y anunciar, a nuestros hermanos que Jesús es el Señor. Especialmente extiendo esta invitación a los futuros sacerdotes, nuestros seminaristas. Hoy el Señor nos presenta el ejemplo de Santiago que, como San Pablo, con reciedumbre y abnegación, en medio de tribulaciones y persecuciones, anunció siempre el nombre y el evangelio maravilloso, de paz, de vida de felicidad, de Nuestro Señor Jesucristo.

CONCLUSIÓN

Mis queridos Hermanos:

En esta solemne ocasión pidamos a Dios con fervor por Caracas, por todos nosotros, sus habitantes y sus autoridades. Pidamos que superemos nuestras dificultades, que cese la violencia, la discordia, y que se le ponga coto a la delincuencia desatada que tanto daño hace a las familias, especialmente a las más humildes. Pidamos a Dios que, con la futura Misión evangelizadora que se llevará a cabo a partir del próximo año en Caracas y en toda Venezuela, impulsemos una profunda renovación espiritual de toda la Iglesia y de nuestra Ciudad.

Pidamos a Dios que tengamos muchas vocaciones sacerdotales y religiosas para nuestra Ciudad: hombres y mujeres que, llenos de un intenso amor a Cristo, movidos por el espíritu Santo, anuncien el evangelio del reino de Dios, que es el reino de la santidad y de la gracias, de la verdad y de la vida, de la justicia, del amor y de la paz.

Elevemos confiadamente nuestras plegarias al Señor por intercesión de María, la Virgen de Coromoto, patrona de nuestra querida Venezuela. Amén.

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