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Entre flores, cantos y lágrimas Caracas despidió a Miguel Castillo

Aparecía en casi todas sus fotos con una amplia sonrisa o con una mueca, como el fiel reflejo de esas características con las que lo describían sus amigos: alegre, optimista, especial. Vecino de Bello Monte, Miguel Castillo Bracho, asesinado el 10 de mayo de un impacto de proyectil en el tórax en una manifestación, fue despedido este jueves entre cantos, flores y lágrimas en las calles de Caracas.

Desde el Colegio San Ignacio de Loyola de La Castellana, donde Miguel estudió y formó parte de equipos deportivos, sus amigos, familiares, políticos, allegados y compañeros con camisas de la institución y de su promoción —la 81, del año 2008— partieron para rendirle homenaje hasta Las Mercedes, lugar en el que murió.

“Este es un momento muy difícil porque Miguel era el alma de la fiesta en todos los lugares a los que iba, incluyendo dentro del salón de clases”, dijo María Gabriela Rivas, una compañera del colegio.

“Estaba todo el día riéndose, brincando por el colegio. Tenía demasiados amigos, se llevaba muy bien con todos. Le encantaba jugar béisbol y estaba en el equipo del colegio”, destacó otra amiga de la promoción. “Lo vamos a recordar con alegría”, añadió a pocos metros del sitio en el que fue herido: al inicio de la Avenida Principal de Las Mercedes, antes del Centro Venezolano Americano (CVA).

Allí, todos los presentes de detuvieron y guardaron un minuto de silencio. Un sacerdote roció agua bendita en el lugar y rezó, junto a los demás, por el descanso eterno para Miguel y para todas las víctimas de la represión. Al suelo cayó un pétalo rojo, seguido por flores, estampitas, banderas y rosarios. Alrededor, los ignacianos entonaban el himno del colegio.

“Para nosotros la pérdida de un ignaciano es la pérdida de un hermano. A Miguel le enseñaron los mismos principios que a nosotros, que son luchar por la justicia, por la igualdad y por el respeto”, expresó el diputado Juan Andrés Mejía, quien estudió en la misma institución.

Luego, los caraqueños continuaron su paso hasta la plaza Alfredo Sadel, donde la Alcaldía de Baruta había organizado una misa. Muchos lo despidieron vistiendo camisas de equipos deportivos, pues era un fanático de los deportes. “Amaba los deportes, sobre todo el fútbol. Era arquero. Siempre se llegaba a los juegos del Rojo (Caracas Fútbol Club)”, señaló Alejandro Layton, amigo de la universidad.

Uno de tres hermanos, el “Negro”, como era conocido, también era Comunicador Social, mención Audiovisual. Se había graduado el 26 de enero de 2017 en la promoción 25 de la Universidad Santa María, diez días después de su cumpleaños 27. Sus primeras experiencias como profesional las tuvo en la radio en la fuente deportiva. “Le apasionaba su carrera. Le apasionaba su ejercicio”, indicó su tía María Angélica de Bracho. “Miguel está donde haya una cancha de béisbol, una cancha de fútbol, donde haya una caimanera”, añadió.

Pero más grande que su amor por los deportes era su amor por el país. Sus conocidos coinciden en que él confiaba en que Venezuela cambiaría. Según su tía, él quería ayudar, trabajar para lograr que Venezuela fuera ese país próspero que su abuela y sus padres vivieron y le contaban. “Yo le dije que no saliera. Pero él quiso salir. No pude detenerlo”, contó su padre.

Carmen Bracho, su madre, exigió justicia. “¿Por pensar diferente lo matan? No puede ser. Yo lo que pido es justicia. Y al Gobierno: por favor, basta de represión. Lo que están matando son venezolanos, no son otra cosa que jóvenes venezolanos”, expresó entre sollozos.

Para muchos de sus allegados, Miguel ahora es un héroe, un luchador, un símbolo de la libertad. Y un solo deseo los une a todos: que su muerte no sea en vano.

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