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Libertad calcinada: Los predios de una tragedia en Policarabobo

Cristhopher Borrero – Carabobo.-

@CristhopherB

Al principio solo hubo ruido y tumultos. Desde las 6 a.m. las tensiones en su calabozo habían escalado. Para el momento no había manera de que Johan Eder Flores Sarate predijera su cruel destino, pero la desesperación lo empujó a elevar un llamado de auxilio.

Serían las 7 a.m. cuando una llamada alertó a su familia sobre una emergencia. «¡Mamá! vénganse, vénganse a la comandancia porque algo está pasando«, gritó Flores a su abuela, quien se encontraba asustada al otro lado de la bocina. El contacto telefónico duró menos de un minuto, recordó la sexagenaria. Fiel a la regla ‘nadie habla, nadie dice’, el joven de 26 años omitió todo detalle sobre lo que sucedía.

Reconstruir periodístocamente los últimos minutos de vida de las víctimas de un siniestro es un labor titánica, más aún si las llamas consumieron a casi todos los testigos presenciales. Ese día unas 68 víctimas fatales ardieron tras el incendio en los calabozos de presos comunes en la Comandancia General de la Policía de Carabobo, Navas Spinola. Y todavía la incertidumbre reina.

La imagen da cuenta del patio de la Comandancia luego del motin
La imagen da cuenta del patio de la Comandancia luego del motin

El origen del motín

Un altercado entre reos y custodios habrían ‘prendido la mecha’ en lo que después sería calificado como un motín y posterior incendio. Sin embargo, los antecedentes a la reyerta tendrían lugar cinco días antes del suceso.

Fuentes policiales darían cuenta que el domingo 24 de marzo se les permitió el ingreso de unas 10 mujeres a la comandancia. Bajo un presunto pago acordado con el jefe del retén de PoliCarabobo, comisionado agregado José Antonio Carrera Loaiza, se violó toda normativa al dejárseles pernoctar en el sitio.

Amparados por Carrera Loaiza se les permitía a los reclusos realizar fiestas, ingresar drogas, alcohol y armas hacia las celdas, refirió un familiar que pidió anoninato. Por estos ilicítos y su presunta responsabilidad en el caso, el comisionado agregado sigue detenido en la subdelegación Las Acacias del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC).

El relato extraoficial indicaría que la madrugrada del miércoles, cerca de las 6 a.m., Loaiza ordenó a dos custodios despachar a un par de mujeres que aún permanecían en los calabozos. Los detenidos se negaron al desalojo y se inició el enfrentamiento. Ambos oficiales resultaron heridos. Pese a ello, los agraviados no han sido identificados.

Los disparos comenzaron cerca de las 7:20 a.m., según relataron vecinos de la comandancia policial. «Al principio los disparos sonaban como si golpearan latas, pero al cabo de 15 minutos escuché la ráfaga de disparos. Casi a las 8 a.m. percibí el humo en mi apartamento. Era un olor extraño entre plástico y carne quemada«, recordó María Campos.

El registro fotográfico filtrado evidenció que dentro del retén los reclusos estaban armados con dos pistolas, un revolver, un escopetín (similar al usado por los vigilantes) y dos bombas lacrimógenas; tipo granadas APG-111.

Celda en llamas

La causa del fuego sigue siendo un misterio. Lo que se sabe es que el incendio se originó cerca de las 7:50 a.m. y duró no menos de 25 minutos. Mientras las brasas avanzaban, los reclusos luchaban por encontrar una salida.

Las llamas y el humo llegó a otras celdas. En la comandancia tenían a unos 150 policías detenidos en la celda contigua a los presos comunes. Unos 98 «polipresos» resultaron lesionados; 20 de ellos con quemaduras de segundo y tercer grado, según informes médicos de la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera (CHET).

Vanessa Sarate, tía del detenido Johan Eder Flores Sararte, estaba a las afueras de la comandancia a las 8 a.m. Desde allí observaba la columna de humo que salía de Navas Spinola. Junto a ella, decenas de ciudadanos se agolpaban para verificar lo que sucedía, muchos habían sido contactados por los mismos reclusos. Un piquete policial impedía su paso y la información sobre lo que ocurría era escasa. Mientras tanto, varias unidades de bomberos ingresaban al recinto para controlar el siniestro.

La confusa multitud compartía lo que conocían. Unos internos en el anexo de Violencia de género lograron comentar a sus parientes detalles de lo ocurrido. «Mi hijo me dijo que escuchaban cómo gritaban por auxilio. Entre las voces escuchó que un hombre decía ‘o todos salimos vivos de esto o morimos juntos‘. También me dijo que los policías rociaron con gasolina a los de la celda de delitos comunes», sostuvo una mujer que pidió anonimato.

Al día siguiente, un recluso no identificado reiteró esta versión a la prensa, mediante declaraciones ofrecidas a través de una ventana del anexo. Extraoficialmente se supo que el informe de bomberos arrojó la presencia de sustancias acelerantes en el calabozo, presumiblemente gasolina.

Sin rastros de las 2 fallecidas

Tarek William Saab, fiscal general nombrado por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), aseguró que entre las víctimas fatales se hallaron a «dos mujeres que pernoctaban» en la comandancia.

Poco o nada se sabe de ellas. Tanto sus identidades, vinculaciones o pistas de su procedencia son un misterio, incluso para las autoridades. Al menos tres fiscales regionales y uno nacional trabajan arduamente sobre el caso, pero este eslabón sigue suelto en la cadena de hechos.

Una fuente ligada a la fiscalía reveló que el problema para identificar a las féminas reside en que el libro de parte de la comandancia está desaparecido.

«Los fiscales encontraron en sus investigaciones que hubo un pago para el ingreso de las mujeres, pero no hay registro de quienes son. Lo único que puedo decirte a ciencia cierta es que no hay forma de identificar a las mujeres; no se tienen ni documentos, ni reportes de ingreso, incluso el libro de parte donde se anotan a quienes ingresan lo desaparecieron«, sostuvo el informante.

Otra filtración emanada del MP reveló que otros tres cuerpos femeninos fueron encontrados en la escena del crimen. Este dato no pudo ser confirmado.

La despedida de Eder

24 horas luego del incidente más trágico de la historia de Venezuela en un Centro de Detención Preventiva, la familia de Flores logró identificar su cadáver. «Nos lo entregaron a las 4 de la tarde del jueves 29 de marzo. Estaba totalmente quemado y macheteado; con un corte a la mitad del cuerpo. Ya nadie nos lo va a devolver y por eso queremos justicia. Eso fue una masacre«, sostuvo Vanessa Sarate.

En medio del dolor, la tía recordó con amargura que Eder Flores estaba próximo a recibir su liberación. El joven tenía una orden de aprehensión por desacato a la autoridad girada en Barquisimeto.

El muchacho había acumulado un año y tres meses dentro de la Comandancia de PoliCarabobo. El lunes 2 de abril tenía programada su audiencia de presentación.

El cuerpo de Flores fue preparado en la funeraria La Resurreción de Cristo y su velatorio se llevó a cabo el viernes 29 de marzo en dos instancias. La primera en casa de su abuela, en el callejón Sucre del Barrio La Bocaina, al Sur de Valencia. Allí un altar con cortinas moradas por el asueto de Semana Santa adornaba la sala del modesto hogar. Bajo un compasivo cristo plateado yacía el ataúd, hecho de conglomerado de madera.

Una estampa del Sagrado Corazón de Jesús fue fijado en el extremo superior de la ventanilla de cristal. Con petalos de flores blancas y rojas se enmarcó el vidrio a traves del cual se observaba su rostro ennegrecido por el contacto con el fuego. Dos coronas floreadas fueron puestas sobre su urna. El silencio en la casa solo era perturbado por las plegarias que se elevaban en un cuartico a pocos metros de la habitación.

A las 11:20 a.m. migraron a su segundo destino. Toda la familia presente movilizó la indumentaria fúnebre dentro de un camión cava, dentro del cual también viajaron los dolientes.

Un motorizado escoltaba el camión. Con piruetas y caballitos rendía homenaje al difunto durante el traslado hasta la calle Las Mercedes, del barrio Bicentenario. Allí fue recibido por un lamento vallenato, las tonadas de Diomedes Díaz sentaban el ambiente para la ocasión.

Eder Flores vivió allí cuando estaba en libertad. Vecinos y familia aguardaban para brindarle el adiós definitivo. Incluso parientes en el extranjero pudieron despedirlo, puesto que en la humilde morada se hizo una transmisión en vivo por Facebook Live.

El entierro se efectuó en el Cementerio Municipal de Valencia, a las 2 p.m. Junto a él, otros 30 fallecidos en la masacre recibieron sepultura. Flores dejó cuatro hijos en orfandad y una cita con la libertad en pausa.

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