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Un salto escandaloso y certero al desprecio, por Ramón Hernández

Después de escribir “Yordano” y darle clic, en 0,39 segundos aparecen 544.000 resultados en el motor de búsqueda de Google. No me atrevo a escribir cómo se llama el recién instalado, con estado mayor incluido, ministro de la Cultura, un adulto que prefiere mostrar su peor facha de mozalbete. No es un nombre que se recuerde por sus obras o sus ideas, ni un personaje en el mundo de la poesía, las artes plásticas o la música; mucho menos un visitante consuetudinario de galerías de arte, librerías o cafés de la bohemia y la conversación ilustrada.

Se llama Freddy Ñáñez, tiene 40 años de edad y se dice músico y poeta. Ha ganado algunos de los premios que otorgan las instituciones oficiales y ha publicado unos cuantos versos, además es cantante de rock y titiritero. Pasó por la Presidencia de Fundarte sin gloria, tampoco dejó obra. Tiene un blog en Internet, Lucha Almada, que también es su seudónimo en Twitter. No ha escrito su mejor verso, su gramática es arbitraria. Esperemos que las musas lo toquen si el fusil no las asusta.

A esa edad, Andrés Eloy Blanco, el poeta más popular y querido del pueblo venezolano, ya era reconocido y admirado, no solo por su lucha política sino por la claridad y ternura de su verso, su compromiso social y político con la libertad y la democracia. En el castillo de Puerto Cabello, la prisión cuyas barbaries han trasladado en estos tiempos a los calabozos del Helicoide, escribió Barco de piedra: Madre, si me matan, | ábreme la herida, ciérrame los ojos | y tráeme un pobre hombre de algún pobre pueblo, | y esa pobre mano por la que me matan | pónmela en la herida por la que me muero.

Tampoco son conocidos los otros personajes que más por obra del azar que de sus conocimientos y quehaceres ocupan los más altos cargos en los numerosos ministerios, viceministerios, sub vice ministerios y demás nidos burocráticos con los que el gobierno tapa su ineficiencia y derroche.

Un buen ejemplo es el caso del “cantautor” Gustavo Arreaza que desde el año 2000 ha gerenciado agencias de publicidad que le sirven al gobierno y ha cobrado buenos emolumentos en cargos relacionados con los medios de comunicación oficialistas, como la presidencia de VTV. Siendo el autor del himno del PSUV, que tiene en sus filas 7 millones de militantes, la mejor manera de saber quién es ha sido identificándolo como el hermano de Jorge Arreaza y cuñado de Rosa Virginia Chávez. De lo contrario, muy poco logran recordarlo. Tiene 6.011 seguidores en Twitter y Google, en 0,38 segundos, solo encuentra 31.700 resultados cuando se escribe “gustavo arreaza montserrat”. Obviamente no es una figura popular. Un video en el cual aparece cantando “La verdad” ha sido visto 16.462 veces, a 25 les gusta y a 35 les desagrada. En los comentarios nadie lo alaba y todos se burlan.

Arreaza Monserrat es el presidente de la junta interventora del Teatro Teresa Carreño que nombró Nicolás Maduro el 19 de diciembre de 2013. Junto con Irvin Peña, director ejecutivo de la Fundación Teresa Carreño, decide quién puede presentarse y a quién se le niega la Sala Ríos Reyna, que tiene un aforo de 2.367 butacas. Con tal motivo, y para que la programación no se limite a las representaciones de De arañero a Libertador, ambos viajaron a Madrid y a otras capitales europeas y latinoamericanas en la búsqueda de complementar los espectáculos que presentarán en 2016. No han sido muchos.

Con pudor y timidez, Yordano –que ha tenido dos años muy duros desde que le diagnosticaron cáncer, fue operado y ha venido recuperándose con lentitud– propuso en diciembre pasado presentarse una vez en el Teatro Teresa Carreño para reencontrase con su público. Con Yuri Bastidas, su mánager y esposa, cumplió todos los trámites burocráticos: llevó sellados todos los papeles que le solicitaron, hasta el último recibo de un servicio público, las dos fotocopias de las primeras páginas del pasaporte vigente y la constancia de que distingue las siete notas musicales: do, re, mi, fa, sol, la, si.

“Pasaron tres meses y nunca el departamento de programación del Teresa Carreño nos envió ni el acuse de recibo”, dijo José Luis Ventura, productor de la gira que hará el cantante. Cuando presionaron, les dieron respuestas de todos los colores, pero ninguna afirmativa. Pedro Navas, el coordinador general operativo de la Fundación Teatro Teresa Carreño, inventó  excusas y contratiempos de diverso tenor, pero al final se atrevió a decir su verdad: “Yordano es un artista de las élites”; algo así como un desconocido, alguien que ha estado encerrado en una torre de marfil haciendo experimentalismos sonoros y ruidos atonales que solo pueden comprender los iniciados, y no ese cantante que por más de veinte años ha acompañado a los venezolanos en alegrías y tristezas, y ha sido inspiración y ejemplo para tantos jóvenes. Yordano se va a presentar en el Aula Magna, un reducto de la libertad y la rebeldía. Vendo matraca y matraquero con traje de vampiro.

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