Economía

Abecedario sobre tasas de cambio

(%=Image(7596923,»L»)%)Nueva York (AIPE)- Las elites políticas norteamericanas no saben casi nada de tasas de cambio. Pero peor aún, mucho de lo que saben es erróneo. Eso no importaría mucho si los presidentes, los congresistas y los secretarios del Tesoro no intervinieran, pero últimamente han estado oyendo los lloriqueos de una curiosa coalición de proteccionistas, enemigos acérrimos de China y fabricantes con problemas. Por ello aquí ofrezco un abecedario con el fin de desinflar los mitos respecto a las monedas.

Mito #1: la flotación de monedas es un “mercado libre”. Cierto, usted puede acudir a un centro cambiario para comprar euros o pesos. Se parece a una bolsa de comercio donde se compran y venden acciones. Pero en las monedas, los precios no los fija el mercado sino el cartel del banco central. Cada banco central tiene el monopolio de la moneda que emite y utiliza su monopolio para fijarle el precio; sus decisiones monetarias fijan la tasa de cambio, intencionalmente o no. Las monedas conforman un mercado aún menos libre que el petróleo, donde la OPEP inclina la balanza.

Los economistas insisten que el libre mercado requiere libre participación. Cualquiera puede comenzar a producir trigo o a buscar petróleo; cuando las utilidades aumentan en esos productos, aparecen nuevos productores. Pero como eso no puede ocurrir con las monedas, no existe un mercado libre ni nunca existirá. Lo revelante son las señales seguidas por los bancos centrales para decidir imprimir más dólares, pesos, yenes, euros o yuanes.

Mito #2: el cambio flotante es una política. Por el contrario, el cambio flotante es la ausencia de política cambiaria. El cambio fijo sí es una política. El Banco central de, digamos, China, utiliza la tasa de cambio como señal: si el yuan comienza a subir con respecto al dólar, imprime más yuanes; si baja, crea menos yuanes.

Bajo una “flotación”, el banco central deja de seguir al dólar y se queda sin una política de cambio hasta que fija otro blanco. Urgidos por el secretario del Tesoro de EEUU, el G-7 exigió mayor “flexibilidad”, queriendo decir que el banco central de China deje de atar su moneda al dólar. Pero como el G-7 no especificó lo que China debe hacer, se trata sólo de habladuría vacía. Y por detrás se asoma una idea absurda: que China utilice su política monetaria para refrenar el déficit comercial de EEUU.

Mito #3: se puede alcanzar la prosperidad devaluando la moneda. La idea propulsada actualmente por varias fábricas de EEUU es que un dólar más débil aumentará las exportaciones y recortará las importaciones. A primera vista, la devaluación parece una reducción de precio de las exportaciones y un aumento de precio en las importaciones (si es que usted cree que eso es bueno). Pero ha sido utilizado cientos de veces a lo largo de la historia y las devaluaciones tienden a producir un espiral de precios que termina en contracción económica.

No hay ningún misterio y los economistas lo saben. Digamos que 1 dólar equivale a 8 yuanes y que ambos montos compran una botella de vino. Entonces se modifica el cambio a $1 por 6 yuanes y, de repente, la botella de vino se vende en $1 o 6 yuanes. El arbitraje ocurre instantáneamente con bienes como el oro, más lentamente con servicios como un corte de pelo. Pero más temprano que tarde destruye el intento de vender más en el exterior a través de devaluaciones.

En esta ocasión, la devaluación explota la ignorancia oficial con confusión semántica. No hablan de devaluar el dólar, sino de flotar la otra moneda, esperando que la flotación la haga subir y signifique una baja del dólar. Además, se las ingenian para acusar a China de “manipular” su moneda, cuando son ellos quienes tratan de manipular otras monedas para beneficiar sus exportaciones.

Mientras que las fluctuaciones de las monedas no logran mayores efectos en los flujos comerciales, sí son la receta comprobada para el caos financiero. Apartando la Gran Depresión, en 1987 unos comentarios del secretario del Tesoro James Baker sobre las tasas de interés en Alemania tumbaron 500 puntos del Dow Jones. Con los mercados tambaleándose, el presidente de la Reserva Federal Greenspan tuvo que salir a la carrera a prometer liquidez para salvar al sistema.

Cuando la moneda de Tailandia, el baht, se puso a flotar en 1997, se difundió la crisis por Asia y el resto del mundo ya que al año siguiente la suspensión de pagos de Rusia sacudió el mercado de capitales de EEUU. La Reserva Federal que pensaba apretar la liquidez, tuvo que hacer lo contrario. Esto asentó las bases del auge de 1999-2000.

En conclusión, cuando el secretario del Tesoro John Snow fomenta las devaluaciones está jugando con fuego. La administración Bush necesita un Departamento del Tesoro que comprenda y explique los peligros envueltos.

Evidentemente que la confusa política del gobierno de EEUU respecto al dólar es un cálculo político para mostrar que está haciendo algo respecto al desempleo. Pero alguien le debiera decir al asesor del presidente Karl Rove que una de las pocas formas en las que pueden perder las elecciones es provocando una crisis financiera que suspenda la recuperación antes de que esta comience a crear nuevas fuentes de trabajo.

Esta ignorancia y confusión preocupan aún más porque el dólar es la principal moneda de reserva y problemas con el dólar afectan a toda la economía mundial. Manejar una moneda de reserva es un privilegio, pero también es peligroso. Si el mundo pierde la confianza en el dólar podríamos confrontar la madre de todas las crisis financieras.

(*): Director emérito del Wall Street Journal, diario que publicó originalmente este artículo y autorizó la traducción de AIPE.

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