Economía

¿ Alí, y después qué ?

El viernes 20 de diciembre, durante casi todo el día, el presidente de PDVSA, Alí Rodríguez Araque, apareció varias veces frente a las cámaras de diferentes canales de televisión, para tratar de convencer a los venezolanos de que las diferentes operaciones de nuestra primera industria estaban volviendo paulatinamente a la normalidad. Para reforzar sus afirmaciones, citó repetidamente datos precisos según los cuales, en los últimos días, se habían comenzado a regularizar los embarques y despachos de varios millones de barriles de crudo, así como de cantidades importantes de productos refinados, a diferentes lugares del exterior. No obstante, ante el acoso de los periodistas que lo entrevistaron, admitió que desde el comienzo del paro de PDVSA, es decir, durante las últimas dos semanas, el País había dejado de percibir más de un millardo de dólares por concepto de exportaciones no realizadas de petróleo y sus derivados. Además, aseguró que de prolongarse la presente situación, hasta fines del presente mes, PDVSA no dispondría de los recursos requeridos para cumplir con sus compromisos financieros con entidades del exterior. Ello provocaría la entrada en acción de una cláusula contractual, según la cual se haría automáticamente exigible la totalidad de la deuda contraída con dichos acreedores. Su monto sería de 6,1 millardos de dólares. Como consecuencia de todo lo anteriormente expuesto, el Dr. Rodríguez aseguró, adicionalmente que, en tiempo muy breve, ni PDVSA ni el sector público, a todos sus niveles, estarían en capacidad de pagar los sueldos y salarios a más de 1 millón trescientos mil empleados y a honrar las obligaciones contraídas con suplidores de bienes y servicios. Para terminar de completar ese panorama apocalíptico, el alto ejecutivo agregó que la falta de combustible acarrearía la paralización total del transporte público, privado y de carga, con lo cual se produciría una carencia casi absoluta de víveres, medicamentos, servicios médicos y paramédicos. Ante tal escenario que el famoso Instituto Santa Fe no dudaría en definirlo como ejemplo de caos total, según lo que contempla la teoría, el Dr. Rodríguez se limitó, como único corolario, a intercalar amenazas e invitaciones al diálogo, para tratar de convencer a la gente de PDVSA a abandonar su actitud y a regresar a sus labores habituales, alegando que la paralización de nuestra industria petrolera representa una acción de suicidio colectivo, sin sentido, que reflejaba una falta absoluta de responsabilidad y de principios éticos de quienes la habían propiciado o apoyado.

Creemos no equivocarnos al recordar que los temas antes mencionados representan, esencialmente, todo lo expuesto por el Dr. Rodríguez en cada una de las entrevistas televisadas a las cuales hemos hecho referencia, Sin ánimo de polemizar acerca de los datos y juicios, a veces contradictorios que se desprenden fácilmente de lo aquí resumido, nos preguntamos si es admisible que un funcionario de tan alto rango, con amplia y reconocida trayectoria política, nos vaticine la inminencia, a muy corto plazo, de un escenario de proporciones catastróficas, casi inimaginables, al tiempo que se limita a formular una paternal invitación a miles de empleados, eventualmente equivocados o ingenuamente engañados, para que se porten bien, mientras amenaza con castigar a los mayormente responsables como si tratara de niños culpables de mal comportamiento reiterado. Esa serie de entrevistas y su culminación nos recordó aquellas películas cinematográficas que terminan inesperadamente con la aparición de la palabra «FIN» mientras los espectadores esperaban un desenlace más trascendental. Después de todo, se trata del presente y futuro de nuestro País y al Dr. Rodríguez se le reconoce como un político equilibrado, de altura, visto por algunos inclusive como posible candidato presidencial en unas próximas elecciones. De un personaje que reúne esas características, con gran ascendencia en el Presidente de la República, se esperaba un pronunciamiento político que traspasase los límites de la empresa que dirige Un pronunciamiento que señalase un camino de esperanza, una luz en el túnel, hacia el logro de una solución temprana, integral, definitiva, para sacar al País de esta crisis sin precedentes que bien podría terminar de manera pacífica o en un baño de sangre. Por cierto, mientras Rodríguez Araque hablaba por televisión, una impresionante masa humana desfilaba por segunda vez en seis días en Caracas y en varias regiones del País pidiendo, por enésima vez, la renuncia del Presidente. Ese es un aspecto demasiado importante para que alguien como Ud. lo ignorara Dr. Rodríguez, pero nunca es tarde cuando la voluntad existe. Esta película no ha terminado todavía y Usted puede contribuir para que el final, posiblemente muy próximo, sea lo menos traumático posible. Toda Venezuela, chavistas y oposición por igual, se lo agradecerá y la gente de PDVSA le aplaudirá de nuevo pero, esta vez, de pié.

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