Economía

Alzheimer Económico y Política

Una de las enfermedades que más rápidamente ha crecido en el mundo es la llamada Alzheimer. Este artículo reflexiona en torno a esta enfermedad tan frecuente entre los políticos de ayer y de hoy,… y quizás de siempre.

Según Wikipedia, esta enfermedad “Se caracteriza en su forma típica por una pérdida progresiva de la memoria y de otras capacidades mentales, a medida que las células nerviosas (neuronas) y diferentes zonas del cerebro se atrofian. La enfermedad suele tener una duración media aproximada después del diagnóstico de 10 años, aunque esto puede variar en proporción directa con la severidad de la enfermedad al momento del diagnóstico.” Cualquier parecido o aplicabilidad de la referencia anterior a la realidad político-económica de hoy o de ayer puede ayudarnos a comprender muchas cosas, tanto en el ámbito mundial como nacional.

Los lectores de este artículo se estarán preguntando qué y cómo tiene que ver el Alzheimer con la economía y la política. Pues bien, mucho. Y es que los políticos nos tienen acostumbrados a olvidar muy fácilmente las consecuencias de malas políticas, especialmente de las políticas populistas, que solo buscan enmascarar las reales situaciones en aras de “ganar adeptos y votos” bajo el pretexto de que se adoptan para favorecer a la población, a los mas necesitados, olvidando en consecuencia que cuando la realidad termina por imponerse, las decisiones que hay que tomar son por lo general totalmente contrarias a las que implantaron de manera populista. Son, en consecuencia, dolorosas. De esto pueden dar fe, en el ámbito nacional, los segundos gobiernos de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, quienes firmaron sendos acuerdos de política neoliberal con el Fondo Monetario Internacional (FMI), contentivos de fuertes programas de ajuste económico y repercusiones sociales que aun recordamos.

Y si creemos que esto solo ocurre en Venezuela, pues no, para muestra un botón. Actualmente, Grecia se ha visto obligada a tomar políticas y medidas económicas muy fuertes en el marco de un acuerdo con el FMI y la Unión Europea, con profundos costos sociales. Otro caso es Portugal y otro es España; estos si bien no han requerido el apoyo de los organismos mencionados, si han dado un paso al frente y han adoptado medidas de ajuste de significación, sin descartarse que pudieran adoptar medidas adicionales en el campo fiscal. En estos casos, los ajustes fiscales adoptados implican fuertes recortes del gasto social, el cual se había expandido fuera de las reales posibilidades de ser financiado en el mediano y largo plazo, llevándolos a contratar préstamos para cubrirlo, lo cual ahora no encuentran mas basamento, pues los mercados no dan credibilidad a su recuperación sin un cambio de actitud sustantivo y de mercado  en la conducción económica. Otros países europeos con posibilidades de contagio mayor o menor como Alemania e Inglaterra (por mencionar solo dos) tambien han anticipado medidas para evitar situaciones de evolución adversa impredecible.

Hoy día presenciamos la obligada corrección que deben realizar los países cuando no llevan políticas sanas y sostenibles en el tiempo, por lo que tienden a desalentar a sus seguidores,… a los seguidores de una expansión sostenida del gasto público sin mirar sus consecuencias y olvidando lecciones del pasado. La “factura” pronto debe cancelarse con medidas económicas draconianas que regresan a todos a la realidad,  políticos y no políticos. Esto es lo que ha pasado en infinidad de oportunidades y está pasando en Europa, de manera particular en dos países con gobiernos de orientación socialista como son Grecia y Portugal, que se han visto en la necesidad de adoptar medidas de corte neoliberal para tratar de salir a flote, ya que los mercados financieros y de capitales no perdonan ante situaciones de posible default (incumplimiento de pagos de deuda). Medidas de recorte de sueldos y congelación de pensiones a los empleados públicos y la población, así como aumentos de la tasa de impuestos al IVA y al ISR se encuentran entre las medidas prescritas y a ser instrumentadas.

Lo anterior lo que hace es poner una vez mas de manifiesto la enfermedad del Alzheimer, ya que los políticos tienden a olvidar con mucha rapidez en épocas de cierta “holgura económica” la aplicación de políticas y medidas sostenibles en el tiempo, para regresarnos a la realidad de ajustes dolorosos para la población al cabo de algunos años, cuando las políticas adoptadas en el pasado se hacen insostenibles. En este caso europeo las consecuencias pueden ser mucho mas devastadoras de expandirse los casos señalados a otras naciones de la Unión Europea, para lo cual no existe otra solución sino la de adelantarse a sus efectos y adoptar medidas como ya lo han comenzado a hacer algunas naciones y que habrán de profundizarse de ser necesario.  

Y es precisamente este aspecto de la conducción económica que realizan los políticos a través de sus decisiones, lo que resulta preocupante en la Venezuela de estos tiempos.

El Gobierno venezolano parece haber olvidado sus inicios (1999), cuando aplicó medidas económicas de corte neoliberal para ajustar la economía. En ese momento fueron consideradas ineludibles dado el desequilibrio fiscal y el bajo precio internacional del petróleo. Si bien es cierto que duraron relativamente poco tiempo porque el precio del petróleo subió y una vez más Venezuela fue “rescatada” de la necesidad de aplicar continuadas medidas racionales y sostenibles en el tiempo, no es menos cierto que le demostró al propio Gobierno la verdadera vía para ajustar una economía. No obstante ese ensayo neoliberal, el ajuste dio hasta para iniciar un proceso de reajuste y restructuración del gasto público hacia lo social, pero en el marco de políticas económicas que privilegiaban la libertad de los mercados (financiero, cambiario y de precios). Tal vez de no ser por el intento de golpe de Estado, paro general, paro petrolero o como el lector prefiera llamarlo de 2002-2003, dichas políticas se hubiesen continuado aplicando en buena medida, retardando la instrumentación de medidas en el esquema de un sistema socialista, que incluso podría ser muy distinto al que el Gobierno está aplicando hoy día en Venezuela y que viene radicalizándose cada vez mas.

Pese a los relativos buenos resultados macroeconómicos conseguidos entre 2004 y 2008,  posibilitados fundamentalmente por el motor de los ingresos petroleros, es innegable que ello se ha logrado a costa de la continuada acumulación de distorsiones y desequilibrios económicos (como en el pasado) que le restan a las políticas adelantadas desde 2003 viabilidad de mediano y largo plazo, las cuales mas tarde o mas temprano terminarán por pasar factura a la conducción del país, ya que no hay nada eterno. Prueba de ello, en la actualidad, lo pone de manifiesto, como ya dijimos, la crisis europea, especialmente de los países conducidos por partidos de izquierda que ante situaciones de crisis tienen muy poco margen de maniobra dentro del marco de las políticas que venían aplicando, pues las mismas se sustentan en elevar el gasto social, muchas veces mediante políticas populistas, sin generar la suficiente riqueza económica, por lo que la distribución de la misma tiende a tener un limite. No me cansaré de poner como ejemplo el señalamiento que hiciera el expresidente socialista español Felipe González en su visita de hace unos años a Venezuela, cuando decía que él le había reclamado a sus compañeros de partido (PSOE) su posición de pretender gobernar sobre la base de repartir la riqueza que otros habían generado, sin procurar generar las condiciones para la generación de nueva riqueza. ¡Cuánta razón tenia en ese reclamo!      

Las reflexiones anteriores nos llevan necesariamente a temerle al “alzhéimer económico” de nuestros políticos, los de antes y los de ahora, ya que pretender superar nuestros graves problemas sociales sobre la base de no generar riqueza o lo que es peor aun destruirla, termina como el nombre de aquel programa de radio de hace años atrás “el crimen no paga” y la población terminará cargando una vez mas con los costos del ajustes, cuando pudieron haberse evitado.  Aun estamos a tiempo, solo basta con echar mano a  la capacidad para rectificar en lo político y acompañar el proceso de cambio necesario con el muy importante ingreso petrolero que aun poseemos (y que no disminuirá sustantivamente a menos que se produzca una debacle económica mundial o se consiga un sustituto, lo cual no parece tan cerca). De no corregirse ciertas políticas, alguien puede explicarme justificadamente en lo económico, entre otras cosas, ¿por qué el Gobierno venezolano se empeña en expropiar a empresarios privados, cuando lo racional seria utilizar los recursos financieros dedicados a las expropiaciones de empresas o plantas para destinarlos a nuevas empresas, nuevas inversiones, generación de nuevos puestos de trabajo y nueva producción?  O ¿por qué el Gobierno se empeña en imponer cada vez mas trabas al acceso y uso de las divisas si el sistema cambiario que está aplicando genera distorsión tras distorsión que solo llevan a construir una economía imaginaria (vía tasas de cambio oficial) solo presente en las mentes de los políticos gobernantes, particularmente cuando hablamos de la conformación de los precios de los bienes y servicios?

Más allá de si compartimos o no el modelo socialista de desarrollo del Gobierno venezolano, el verdadero socialismo moderno debe permitir ciertos estímulos básicos a sus ciudadanos. Estamos claros que la salida a la situación venezolana pasa por lo político y lo económico, pero ambas deben darse la mano y ello tambien pasa por compromisos en un pacto social autentico que enaltezca “lo social” y le asigne a la política cambiaria un papel clave en una política económica promotora de las libertades económicas para así generar riqueza al servicio de la población.

Finalmente, debemos procurar un “alzhéimer inducido” para así olvidar y deslastrarnos por siempre de políticas populistas y no sostenibles, y auspiciar políticas de incremento de la producción y el empleo activadas por aumentos de productividad y competitividad para alcanzar grados de bienestar general que satisfagan las necesidades sociales en un marco solidario y perdurable. Ni a ricos ni a pobres conviene la situación actual de conflictos, auspiciemos consumidores y ciudadanos satisfechos, pues lo tenemos todo para ser exitosos. No deberíamos dejar pasar más tiempo.

 

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