Economía

Bolívar ¿Fuerte?

La política cambiaria es un arma muy poderosa. Pero, como el fuego o las armas de fuego, puede resultar muy peligrosa si no se la sabe utilizar o se la deja en manos irresponsables. Las penurias que ha debido vivir Venezuela por el mal manejo de la política cambiaria son ejemplo elocuente de lo anterior. Hoy el bolívar vale mil veces menos que en febrero de 1983. Entonces se necesitaban 4,30 bolívares para comprar un dólar y hoy se precisa tener 4.300 para el mismo propósito.

Antes, entre 1943 y 1983, el tipo de cambio del bolívar se mantuvo prácticamente fijo, en parte por el temor que causaba utilizar tan poderosa arma. Las únicas modificaciones se produjeron entre 1960 y 1963. Eran necesarias y fueron manejadas cautamente. El tipo de cambio pasó del tradicional Bs 3,35 por dólar a Bs 4,30 hasta el llamado viernes negro de 1983. Esa única devaluación en cuarenta años contribuyó a impulsar la industrialización del país. La inflación se mantuvo por debajo de 10% anual (con una sola excepción) hasta 1978. Desde entonces el alza de precios fue mayor que la de nuestros socios comerciales. Esto es, el bolívar comenzó a sobrevaluarse. Como esta distorsión no se corrigió a tiempo, cuando la devaluación se hizo inevitable se realizó a medias, por temor a su impacto social, inflacionario y político.

En 1983, el llamado “viernes negro”, se adoptó un régimen de cambios diferenciales. Este es, casi por definición una devaluación a medias: para un tipo de transacciones se devalúa completo y para otras no. En tales circunstancias, es casi inevitable que suceda una nueva devaluación. No sólo porque el ajuste debe completarse, sino porque el mismo provoca nuevos aumentos de precios y salarios que debilitan el valor de la moneda. Si no se actúa bien y a tiempo, cada devaluación trae una próxima y estimula una nueva inflación.

Este año se ha producido una situación similar, aunque peor. El pasado 8 de enero, ya bautizado como “viernes rojo”, el gobierno decretó un régimen de cambios diferenciales, similar al que impuso Herrera Campíns. Esto último era inevitable. Durante cinco años se mantuvo fijo el tipo de cambio de oficial, lo que provocó una fuerte sobrevaluación del bolívar. De esta forma se pretendía disimular el carácter inflacionario de las políticas económicas. De todas formas el alza de precios en Venezuela fue la más alta de América Latina, casi record mundial, y superó ampliamente a la de nuestros socios comerciales. Los altos ingresos petroleros permitieron mantener una situación ficticia. Pero esta era insostenible y arruinaba la producción nacional. De manera que con la actual devaluación se está pagando por la irresponsabilidad de los últimos cinco años. Pero sólo a medias. Si se llevara al llamado bolívar fuerte a su precio de equilibrio las consecuencias serían tan devastadoras que pudieran provocar una insurrección popular. Algo así como si subiera el precio de la gasolina a niveles internacionales, lo que significaría aumentarlo sesenta veces. Con el agravante de que la devaluación de la moneda crea una nueva inflación que a su vez es necesario corregir. Destapa lo que los economistas llaman “inflación reprimida”. Esta sólo se ha enfrentado parcialmente.

El sistema de cambios diferenciales es una manera ambigua de reconocer la realidad. Pero como se adopta tarde, mal y poco es sólo una pausa en el camino. Porque el mal ya está hecho. Y, en tales circunstancias, el remedio renueva la enfermedad. Por no haber enfrentado la inflación del pasado se provoca una nueva alza de los precios. Y ésta vuelve a sobrevaluar a la moneda, lo que provoca una nueva devaluación y mayor aumento de los precios. Lo que se llama una “espiral inflacionaria” y puede desembocar en una “hiperinflación”. Esta no es una situación hipotética. Sucedió en varios países de América Latina a finales del siglo pasado. En Venezuela están presentes todos los otros ingredientes que la abonan, pero el espacio no permite detallar.

Ante esta perspectiva, cada vez más probable, ni siquiera un aumento de los ingresos petroleros, eterno salvavidas, puede evitar el daño. Porque entremedio se ha desmantelado la capacidad productiva nacional, se han cerrado industrias y se ha paralizado la inversión. Todo esto como resultado de diez años de irresponsabilidad en las políticas económicas, ahora confiadas a los mismos personajes que hicieron posible la debacle. El llamado bolívar fuerte, que le quitó tres ceros al bolívar histórico, duró solamente dos años y siete días. El nuevo bolívar, diferencial y devaluado, probablemente dure menos. Está claro quiénes son los responsables, pero, lamentablemente, también está claro quiénes somos los dolientes: los venezolanos que debemos ganar el pan de cada día.

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