Economía

Brasil, Ecuador y Venezuela:¿Más neoliberalismo o más revolución?

Algunos piensan que, el problema de variados países de América Latina, es que no han tenido suficiente globalización. En tal sentido, haría falta vincularse más fuertemente con las conocidas corrientes implicadas en tal proceso. Una perspectiva relacionada, cuando del pensamiento liberal se trata -sea en su versión prudente o la extremista- es que aquellas políticas vinculadas al llamado Consenso de Washington, entendidas por algunos como neoliberales y firmemente -según nuestro interés- vinculadas a la aplicación recurrente de los planes de ajuste y estabilización, deben ser aplicadas más rigurosamente o, en cierta versión curiosa, ser simplemente aplicadas aunque públicamente se les critique (una postura relacionada puede verse en M. Naim, www.ft.com, 28-10-02). En cualesquiera de estos perfiles, se trata de conducir o enrumbar las economías de la región, por vías más abiertamente liberales, aunque los resultados, a casi dos décadas de iniciarse la aplicación generalizada de tales políticas, presenten resultados no muy halagüeños.

Elemento de contexto para apreciar esta primera posición, así como la que de seguida referiremos, es, indudablemente, la profundización o agudización de un conjunto de problemas económicos, sociales y políticos que agobian a las mayorías de las naciones y que puede resumirse en una expresión como la de lo colectivo, que se materializa en desempleo, hambre, pobreza y miseria. Esta dimensión de lo colectivo, en problemas no resueltos o aumentados, nos remite a la necesidad imperiosa de impulsar y apuntalar el crecimiento económico pero, también, a que en la dimensión política pueda mantenerse la gobernabilidad o impedir que se desarrolle la ingobernabilidad.

En razón de esto es que, a la ya referida, se contrapone una posición crítica al capitalismo y a la globalización y que en otros tiempos se asociaba a la izquierda latinoamericana, pero que, hoy día, abarca casos variados y disímiles, entre ellos la del perfil que siempre busca una crisis terminal del sistema económico-social referido. Una de sus versiones más elegantes es la que, desde algunas perspectivas, puede insistir en la necesidad de regionalizar la globalización, adaptando ésta a los propios rumbos e intereses de la región en sus procesos de integración internos. Pero, por otra parte, es inevitable señalar el variopinto escenario latinoamericano que abarca a figuras como Lula en Brasil, las posibilidades de Gutiérrez en Ecuador -ante la segunda vuelta para finales del mes en curso- y, por supuesto, el desorden y fracaso de la “Revolución” liderada por el Presidente Chávez en Venezuela.

Atendiendo a esta segunda dimensión, el escenario es complejo por variadas razones. Uno de ellos es que, las comunidades latinoamericanas -a excepción de grupos y organizaciones ya conocidas- no han manifestado que sus rechazos al neoliberalismo o a las inequidades del régimen socioeconómico imperante en la mayoría de sus naciones, signifiquen interés por el socialismo o el comunismo.

Uno segundo, es que los distintos candidatos que se enfrentan en elecciones, evitan o no diferencian posiciones trascendentalmente diferentes en el plano económico u ofrecen o adelantan resultados, sin mayores preocupaciones por las consecuencias o factibilidades de sus propuestas, según los casos. Esto es así, se trae de ofertas pragmáticas o pertinentes como la hecha por Lula en Brasil en el sentido de que se sentiría bien si al final de su mandato los ciudadanos coman tres veces al día. No deja de ser llamativa esta intención, cuando se trata de uno de los países de mayor desigualdad en la distribución del ingreso en América Latina y que presenta considerables diferencias entre los habitantes según las regiones de las que se trate, entre otros asuntos de interés. En el caso del contrincante de Gutiérrez en Ecuador, Álvaro Noboa, puede destacarse su oferta de entregar a los ecuatorianos: “casas de cemento con refrigeradora, televisor, muebles, buena comida, educación y salud” (T. Flores y F., hoy.com.ec, 31-10-02).

Uno tercero, es el elemento realista de candidatos que utilizan la critica al neoliberalismo y los modelos de desarrollo inequitativos, pero nombran ministros con un recorrido claramente neoliberal, estructuran políticas de este último perfil o se asocian con financistas o compañeros abiertamente vinculados a lo que algunos llamarían los intereses del capital.

Ninguno de estos dos extremos puede percibirse como vía deseable u operativa para canalizar soluciones de problemas económicos y sociales agudos que presentan naciones como Venezuela y que los gobiernos, cuando ejercen el poder político que les corresponde, se empeñan en ignorar -de ahí que para F. H. Cardoso las cosas iban bien, igual que hoy lo es para un neoliberal populista como Toledo en Perú o un populista neoliberal como Chávez en Venezuela-. Un crecimiento redistributivo -que propenda a una sociedad más igualitaria-, apuntalado en una estrategia de desarrollo diversificadora de la producción es parte de la salida. Esto requiere varias cosas. Entre otras, aceptar, gnoseológicamente, que no todos los países de la región son iguales. Pero también que, correspondientemente, las recetas generales, que terminan ideologizándose, no son útiles ni en comercio ni en desarrollo. Por otra parte, en casos como Venezuela, no será nunca exagerado insistir en la necesaria fijación de objetivos y metas, apuntalar la constancia y la perseverancia y apreciar el valor del tiempo como factor económico.

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