Economía

Capitalismo en crisis y tensión política

El capitalismo financiero americano se metió en una enorme crisis de
liquidez y valores bursátiles no como resultado de corridas de depósitos bancarios o pérdida en la credibilidad fiscal, sino por el crecimiento exponencial de inversiones en papeles vinculados con el mercado de hipotecas. Los expertos en ingeniería financiera idearon un mecanismo de financiamiento hipotecario que habilitó a centenares de miles de personas, que previamente no hubiesen calificado, para adquirir viviendapropia. Un objetivo loable que desembocó en catástrofe.

Lo curioso es que el esquema empleado no fue inventado por una autoridad
planificadora que buscara cambiar la ecuación propietaria inmobiliaria
de un país donde una enorme cantidad de personas carece de vivienda
propia. Es como si el mercado hubiese detectado el nicho de familias con
menores recursos que por efecto de un artilugio financiero pasaron a
adquirir la calidad de compradores viables dentro del sistema de
financiamiento hipotecario. Una buena idea que arrancó bien, fue
estirada a extremos insostenibles al incorporar a compradores sin
capacidad de pago bajo una ilusión de ganancia o capacidad futura. Estos
se convertirían, sin quererlo, en los detonantes de la crisis que se
vive hoy.

Falta de objetividad personal, siempre cuestionable en cualquier
endeudamiento, combinada con el «marketing», formateado para cazar
incautos, según una simbiosis entre corredores y banqueros
inescrupulosos que fueron expuestos a las posibilidades infinitas de la
titularización de hipotecas y al volcamiento de estos papeles al gran
mercado globalizado. El mundo entero fue convertido así en gran
financista de compradores de viviendas y otros inmuebles, con bajas
cargas iniciales; la amplitud crediticia abierta de esta forma se infló
al extremo de lo irracional.

El ex-jefe del Federal Reserve advirtió en diversas oportunidades
durante sus años de ejercicio sobre los peligros de la burbuja
inmobiliaria. No hizo nada al respecto. Algunos argumentan que no podía.

Pero en la inacción de Greenspan está una responsabilidad de Estado que
recae ahora en su sucesor en el Fed, estrenándose Bernanke para
enfrentar la mayor crisis bancaria de la historia, quien siendo experto
en la crisis de 1929, no pudo en esta ocasión detener los eventos ya en
desarrollo para cuando asumió el cargo, que han conducido al actual
desenlace.

La verdad es que ha podido ser falta de regulación en este mercado de
derivados, de reciente desarrollo, del cual Venezuela adoptó algunas
modalidades como las ahora famosas notas estructuradas, lo cual no deja
de insinuar las inmensas posibilidades de fraude implícitas en el
mecanismo. Y fraude verdaderamente se cometió en los EE.UU., investigado
ahora por el FBI; de lo cual uno intuye un fraude análogo en muchas
otras partes donde la liquidez y la falta de ella se maneja con
criterios delictuosos. Incluso a pesar de controles supuestamente
estrictos.

Se habla ahora de «activos tóxicos», refiriéndose a papeles que han
perdido casi todo el valor, como los causantes del problema. Focalmente
esta es una realidad que se refleja en balances financieros: quienes se
quedaron con estos títulos, quedaron mal parados. Quienes los
revendieron, están a salvo. Así de sencillo.

Pero en un sentido más amplio, la causa profunda del problema estuvo en
una expansión desmesurada del dinero y del crédito, encima de la cual
han cabalgado el crecimiento y la inflación en el planeta. Grandes
desequilibrios se fueron acumulando, desde la deuda del gobierno
americano hasta la acumulación indetenible de reservas internacionales
en el Banco de China. La subvaluación del yuan fue un factor que
permitió prolongar la fiesta de consumo en EE.UU. y muchos otros, al
costo de profundizar los desequilibrios reales y monetarios.

Esta es la tercera crisis mayor que le toca enfrentar a la presidencia
de Bush. El ataque a las Torres Gemelas dejó al descubierto una
impensable vulnerabilidad militar. Katrina puso en evidencia una
vergonzosa falta de preparación fundamental en materia de defensa civil.

Ahora, la crisis de Wall Street deja abierta una herida en el corazón
financiero, que debilita a la principal ventaja a largo plazo del país
que es su base económica. En estas tres ocasiones, el gran país ha
quedado mal parado, como si fuera un país cualquiera, no una
superpotencia. El Estado americano, el aparato público, se está
mostrando en demasiadas oportunidades seguidas como una estructura
débil, poco apta para anticiparse a los acontecimientos problemáticos, y
susceptible de retos inconcebibles hasta hace poco, como los arrojados
por Irán, que continúa con el enriquecimiento de uranio a pesar de la
oposición de USA y Europa, o Corea del Norte, que ahora vuelve a activar
sus reactores nucleares vinculados con la fabricación de armas
ofensivas.

Es indudable que la recuperación vendrá, por encima del forcejeo entre
congresantes republicanos y demócratas en la aprobación del plan
Paulson-Bernanke de rescate financiero frente a una crisis de confianza
y liquidez. Pero ya muchos líderes mundiales comentan que los EE.UU. no
volverá a ser el mismo. La hegemonía necesariamente tendrá que ceder
frente a Europa unida, que si no fuera por sus propios problemas
demográficos, sería un competidor todavía más agresivo. China, a pesar
de todo su poder, sigue estando retrasado en muchos aspectos clave.

Rusia aspira a recuperar peso específico en la escena mundial, conducida
por un sistema político crecientemente autoritario, aunque carece de
base económica sólida. La pausa en el desarrollo americano, que
necesariamente viene, puede no ser tan favorable para otros países como
algunos especulan, y más bien pueda convertirse en una fuente de
problemas que otros tendrán que resolver adentro de sus países.

Estas situaciones se reúnen en una circunstancia electoral donde la
confrontación entre Obama y McCain apunta hacia un cambio, obviamente
necesario, en la organización del poder. Desafortunadamente, ambos
acusan debilidades importantes en algunas de las cualidades necesarias.

Ello es sintomático de una situación subyacente preocupante. Que el
proceso partidista en ese país no haya podido generar en esta ocasión
opciones más poderosas para emprender las reformas internas y externas
que son imperiosas apunta a una requerida revisión de los mecanismos de
selección política en ese país.

La economía mundial está encaminada a un ambiente inflacionario más
generalizado, por efecto de las masivas inyecciones de dinero inorgánico
por parte de numerosos bancos centrales, con el que puede postergarse
temporalmente un ajuste fuertemente recesivo, como lo ha advertido
Bernanke. Posteriormente el mismo será probablemente inevitable.

La inflación, que ha quedado reprimida por recortes en las tasas de
ganancia comercial e industrial por varios años, saldrá del sótano
cuando los costos tengan que ser necesariamente trasladados a los
precios al consumidor. Paradójicamente, este desarrollo llevará a una
depresión en los precios de las materias primas, y restringirá
fuertemente el consumo en el mercado de bienes y servicios menos
esenciales. En un escenario como este, los exportadores de materias
primas, y de bienes superfluos, quedarán negativamente afectados.

De hecho, para gobiernos de países como Venezuela, esta perspectiva es
poca halagadora. Aparte de las incógnitas desconocidas hasta ahora sobre
los daños ocasionados por la crisis de los bancos de inversión
americanos a los tenedores públicos y privados de valores externos de la
escena nacional, el motor principal del expansionismo del Estado
venezolano, fundado en precios crecientes del petróleo mundial, quedará
debilitado.

No es sencillo extrapolar consecuencias a nivel nacional. Lo más
probable es que en breve se acentúe el grado de represión económica y
financiera, como esquema para aislar al país de los efectos mundiales,
sacrificando los necesarios ajustes que deben realizarse cuanto antes
mejor. El proyecto internacionalista del gobierno seguramente sufrirá
también, como ya deben estar comenzando a sentir los recipendiarios
externos de divisas. No mucho más puede decirse al respecto por el
momento, excepto agregar que Venezuela pudiera ser en este momento un
país refugio para muchos inversionistas si no fuera por la irracional
manera en que se vienen manejando los asuntos políticos y económicos por
parte de las autoridades de acá. Seguiremos observando y comentando.

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