Economía

Castigo Comercial

Nuestra abrupta salida de la Comunidad Andina de Naciones (ente del cual representamos cerca de un tercio del volumen total comercializado), es una medida lógica y totalmente razonable, en virtud a que el tema del libre comercio nunca ha sido bien visto por el actual gobierno revolucionario. Y esto, a pesar que le vendemos un 75% de nuestro petróleo al Imperio, nuestras Importaciones se ubican en casi un 18% del PIB (nivel record) y la gran mayoría de ellas también provienen de ese maléfico país. Es importante agregar que este elevado nivel significó sacrificar producción nacional, porque a pesar de que el PIB creció en el 2005 un 9.4%, solo generó 37.908 puestos de trabajo, lo que significa sustitución del sector industrial por sectores comerciales y de distribución de los productos que compramos del exterior.

Por la gran mayoría es bien conocido que el comercio internacional genera prosperidad. En varias partes del mundo, las políticas encaminadas al libre comercio crearon un nivel de competencia en el mercado interno que origina una constante innovación entre sus participantes y da lugar a productos de calidad superior (y hasta más baratos, por la competencia generada), empleos mejor remunerados, nuevos mercados y mayor volumen de ahorro e inversión. Por otra parte, un país con bastante actividad comercial se ve beneficiada de nuevas tecnologías que le llegan de los países con los que mantiene relaciones comerciales, así como de los conocimientos que se extraen de los equipos importados para la producción. Estos beneficios tecnológicos son muy importantes para los países en desarrollo porque les brindan la oportunidad de aumentar más rápidamente su productividad para ponerse a la altura de los países desarrollados.

Sin embargo, debemos recordar que el comercio internacional puede ocasionar inconvenientes, y más específicamente los relacionados con la fuerte competencia existente en los mercados mundiales. Un ejemplo clásico es el riesgo que corre un país en el cual algunas de sus industrias (las menos competitivas) desaparezcan por esa intensa competencia. Sin embargo una apertura gradual, políticas públicas encaminadas a generar e incentivar la competitividad en el sector industrial, pero lo mas importante, verdadera vocación e intención del sector privado nacional de adaptarse y volverse competitivos, parecieran soluciones factibles para contrarrestar esos problemas. El papel del sector privado es crucial, ya que es bien conocido el poderoso lobby de varias industrias para mantener el mercado local cerrado, para seguir trabajando con escasa eficiencia económica y muy baja de la competitividad internacional. Al final el consumidor nacional es la víctima, pagando elevados precios por productos de baja calidad.

Para concluir, diríamos que el castigo a Colombia y Perú por estrechar vínculos comerciales con el imperio, no pareciera ser la mejor manera de formular política comercial. Se necesita una verdadera vocación a la integración y convencerse que el comercio internacional promueve la innovación y la competencia, genera crecimiento económico, fomenta y se fortalece por el estado de derecho, además de eliminar los estímulos para la corrupción y estimulando la libertad económica.

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