Economía

Cuarenta y dos

El gobierno actual tiene ya casi año y medio en ejecución. Entre política, elecciones y desatención de la economía, tal período puede extenderse a dos años. Persiste en insistir, porque así siempre es el poder, que la economía va muy bien. Pero sobre todo, sigue buscando estimular el optimismo en base al futuro que, ha medida que se convierte en presente, se lo difiere nuevamente al ciudadano.

Es este un gobierno de “grandes» obras. El segundo puente sobre el Orinoco, con la boya ya puesta por el Presidente de la República. Un gran proyecto ferrocarrilero, mientras recientemente, por un lado, protestaron los trabajadores de Ferrocar y del Tuy por, entre otras razones, inconvenientes condiciones de trabajo y, por otro lado, se presentó un choque muy llamativo en la particular línea Puerto Cabello-Acarigua, que, si el ejecutivo lograse modernizarla o dinamizarla ya seria un logro importante; pero no, este gobierno tiene que plantearse, porque ese es su gusto y su estilo, un “gran” proyecto ferrocarrilero. La línea cuatro del Metro, mientras la posición inicial del gobierno era tan alegre como para plantearse una “evaluación crítica” de comienzo, hoy día es referida como si fuese inventada por este último. El gran plan de reconstrucción de Vargas, aun cuando gente seria conoce la ineficiencia del ejecutivo en ese proceso de reconstrucción (su último invento, sustituto de la grandilocuente Autoridad Única de Vargas, es la creación de la Corporación que atenderá distintos asuntos del Estado en cuestión).

En particular, la siempre referida disminución de la inflación, sigue estando relacionada con una aguda recesión, que va más allá de la cifra de evolución del producto suministrada por el BCV, donde compara el crecimiento del primer trimestre de este año con el del año 1999, concluyéndose en un crecimiento de un 0,3% (como saben los entendidos en cuestiones de economía, los trimestres pueden compararse, también, con el inmediato anterior; presentándose, en este caso, un importante decrecimiento). Pero también, en estos menesteres, es altamente significativa la considerable afectación que siguen teniendo los ahorristas -y sobre todo los pequeños ahorristas- por las descaradas bajas tasas pasivas que los “amigos banqueros” del Presidente -como siempre son referidos por él- siguen pagando por sus ahorros -igual hicieron en el año 1996 en el gobierno del presidente Caldera-.

La otra gran oferta del gobierno para la economía del país ha venido siendo -también con grandes perspectivas para el futuro según el ejecutivo- los parques industriales o zonas especiales como la de La Fría que se beneficiarían de distintos beneficios para los inversionistas. Es curioso, la misma emotividad con que se enfoca esta propuesta, es muy similar a la tenida a comienzos del segundo gobierno del Presidente Carlos Andrés Pérez con el asunto de las maquiladoras.

El gobierno actual no es el único responsable por la pobreza y la aguda problemática económica que tiene Venezuela. Pero, tiene el dudoso mérito, de haber ayudado a profundizarla y ampliarla. Mientras el Presidente, sus mentores y acólitos siguen pensando en la “revolución” y el hombre nuevo, las calles se llenan de miseria, inseguridad y prostitución. Basta ver las calles otrora famosas de ciudades como Puerto la Cruz, Barquisimeto y ni que decir Caracas. Donde hay miseria el gobierno ve progreso, donde hay confusión ve definiciones y donde el ciudadano siente desespero e incertidumbre ve un “proceso hermoso”. Después del siempre referido 27 de febrero de 1989 -que algunos han llegado a convertirlo en un activo de la “revolución”-, se señaló -con cierto sentido gráfico- que muchos hombres públicos y del gobierno andaban con los vidrios oscuros subidos y con el aire acondicionado de los vehículos, mientras en la calle se acumulaba la pobreza y la desesperanza. Hoy día, los “revolucionarios”, no sólo andan igual, sino que buscan tapar el sol con un dedo transitando por los caminos de la Ideología -u oscurecimiento de la realidad-.

En el contexto de las reflexiones que estimuló el fracaso de las megaelecciones -según la fecha inicialmente fijada-, el Rector de la UCAB, Luis Ugalde, expresó en un artículo una idea -en nuestra opinión- bastante transcendental para evaluar la evolución tenida durante la actual administración: “El fracaso y la incapacidad se han dado parejos en la megaelección y en los megaproyectos; sólo que aquella tenía una fecha tope para rendir examen -el 28 de mayo- y los otros no. Si los otros diversos programas decididos y gerenciados de la misma manera, tuvieran un día fijo para el examen final estaríamos ante una cadena de derrotas en temas vitales: El Plan Bolívar 2000, la Autoridad Única de Vargas, el Fondo Único Social, el Plan de Viviendas, el nuevo Sistema de Seguridad Social, Plan de Empleo… Derrotados luego de gastar cientos de miles de millones” (Tal Cual, 5 de junio pg. 6).

Hemos dicho, en otras oportunidades, que hubo progreso y desarrollo en la primera mitad de los cuarenta años que el gobierno ha llamado perdidos. Sin embargo, si esto último fuese cierto, irían entonces cuarenta y dos años.

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