Economía

Cuarto año perdido para la economía

Un gobierno agotado y sin rumbo como el actual, seguirá repitiendo las mismas simplezas en las cuales se ha fundamentado. Una de ellas es la de que, antes de él, se perdieron 40 años. Su consistencia no se basa en la existencia de la Constitución porque, permanentemente, la ha violado; pero, tampoco, en la ejecución de una verdadera revolución, puesto que sus conductores no son verdaderos revolucionarios. Más aún, con las políticas en ejecución, se ha convertido en un gobierno con altas repercusiones en el deterioro del salario real de los sectores menos favorecidos en la distribución del ingreso y en desestímulo a la inversión. Correspondientemente, el año 2002 será el cuarto año perdido para la economía en lo que ha transcurrido del gobierno del Presidente Chávez.

En la dimensión política, el gobierno ha invertido el 2002 en continuar su línea de agitación permanente -ahora alimentada con los sucesos de abril-, que ha desarrollado en los tres años previos. Un gobierno altamente ineficaz e ineficiente, se cubre con atacar a la sociedad y a los sectores que considera sus enemigos, con medidas, acciones y palabras que agitan y revuelven el escenario político. Mientras, ni se realizan obras ni se ha avanzado en el desarrollo político de las instituciones desde la perspectiva de la democracia -en el sentido de soberanía que ejerce el pueblo-. Los poderes públicos, por su parte, han afianzado su perfil de poderes parcializados y con muy escasa relevancia para los ciudadanos o agentes no acordes con el ejecutivo.

En la dimensión económica, el último elemento referido ha generado un escenario altamente incierto en cuanto a los derechos de propiedad o a la posibilidad de que los agentes económicos puedan superar la imposición gubernamental que arropa a elementos como las leyes que se han aprobado o aquellas que intentan aprobarse. Las únicas posibilidades de alteración de los apetitos autoritarios u omniabarcantes del lado del gobierno de Presidente Chávez, han quedado para aquellos casos demasiado evidentes en sus desvaríos e inconveniencias, como el reciente impase en cuanto a la reforma de la normativa atinente al BCV.

En la misma dimensión económica, es igualmente importante el comportamiento disparatado y acomodaticio de un gobierno quemador de divisas, que ha desarrollado una devaluación de más del 100%, realizada en el contexto de una problemática fiscal que mantiene y ha profundizado los problemas del endeudamiento interno -incrementado altamente en tiempos recientes- y las relaciones entre los distintos sectores generadores de los ingresos fiscales. Pero, además, con un contexto institucional que, en lo que atañe a la economía, ha ampliado, e incluso profundizado, la inoperatividad institucional, el clientelismo y la corrupción. Los nuevos ministros de la economía, por su parte, y a excepción de algunas gestiones del de producción y comercio -Ramón Rosales-, se han confortado reproduciendo políticas acomodaticias a las necedades de la “revolución” y a un optimismo voluntarista. El ministro de Cordiplan -Felipe Pérez- por ejemplo, en un programa de CMT dijo a finales de junio: “Estoy segurísimo que en julio comenzará la reactivación”. Pero, también, se ha dedicado a ofrecer, varias veces, cercanas estabilizaciones del tipo de cambio.

Ni la economía, ni los dirigentes políticos de los grupos que detentan el poder político, ni algunos que puedan tener buenas intenciones, han logrado superar el desorden conceptual e institucional así como los grandes efectos en desempleo, quiebra de empresas y deterioro del salario real que han estado circundadas, por una parte, por la fantasía del eje Orinoco-Apure, el gran ferrocarril nacional, una segunda siderúrgica, el desarrollo del turismo ecológico, el “gran invento” mundial de las escuelas bolivarianas, la generación de instituciones de financiamiento que se han asociado al amiguismo y a la corrupción así como por otras ideas grandilocuentes y, por la otra, por un gobierno dilapidador de recursos, neoliberal en la práctica desarrollar el ajuste en base al deterioro del salario real, que ha comunicado mal la política económica y la ha escrito peor en diversos documentos y que no ha presentado al país una estrategia de crecimiento y desarrollo creíble, entendible y ejecutable.

En la dimensión internacional, es éste -para el 2002-, igualmente, un gobierno perdido y bamboleante, a excepción de lo que atañe a las simpatías del “Gran líder” con expresiones o restos -según el caso- de socialismo, comunismo o autoritarismo a nivel mundial. Un gobierno que se ha presentado como antiimperialista y antiestadounidense, se regodea a finales del mes de septiembre con la pragmática, impertinente y acomodaticia posición expresada por la representación de EE.UU. en Venezuela -en un comunicado reciente-, ofreciendo ser un proveedor de petróleo seguro y confiable. Más de interés de nuestra parte, es el hecho de que para su cuarto año, el del Presidente Chávez es un gobierno que no ha sabido desarrollar una política de integración. Basta recordar -y cotejar con el elemento anterior- sus críticas desesperadas al ALCA o su emotiva y no fundamentada decisión de solicitar ingreso al MERCOSUR. Más aun, sus críticas permanentes, aunque sin ningún sentido técnico -que puede haberlas-, a la propia Comunidad Andina y a cuanta propuesta de integración insista en el comercio o elementos relacionados y no en la “crítica a los modelos políticos”. El resultado ha terminado siendo el de un gobierno que ha dicho que la integración es fundamental, pero no ha sabido desarrollar una política de integración. Más aun, les ha quitado importancia a organismos que en otras administraciones tuvieron actuaciones un poco más proactivas en tal área.

En fin, suficientes incongruencias, imprecisiones y desvaríos para que, sumados a la inflación, quiebre de empresas, nivel de desempleo, generación de pobreza y miseria y decrecimiento en el producto, se aprecie el año 2002 como el cuarto año perdido para la economía en la administración del Presidente Chávez.

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