Economía

Cumbre de productores del mundo, puede establecerle un precio máximo al petróleo

A pesar de que el precio del petróleo siempre será fijado por la Ley de la Oferta y la Demanda—debido a que los actuales precios están causando muy serios daños a las economías de los países menos desarrollados—y en consecuencia con menores posibilidades de poner en uso a corto y mediano plazo fuentes alternativas de energía, para evitar hundirse más en la pobreza y la miseria—una Cumbre Mundial de Países Productores de Hidrocarburos Combustibles (OPEP y No—OPEP), está en capacidad—mediante análisis de sus capacidades de producción y necesidades financieras—de fijarle un precio máximo a los precios de los hidrocarburos (Petróleo y Gas Natural)—productos indispensables para la producción de alimentos y una larga lista de productos petroquímicos, mediante contratos con sus organizaciones de comercialización y ventas—y los entes que manejan los mercados de materias primas—para que no se comercialicen estos productos a precios superiores a uno que sea determinado por esa Cumbre.

En el largo plazo, el mundo está obligado a encontrar fuentes de energía distintas a los combustibles fósiles, ya que éstos tienen un vida que cada día se está acortando más, pero la puesta en uso de nuevas tecnologías y combustibles, requiere de altas inversiones durante sus etapas de investigación y desarrollo—que obligatoriamente conducirán al principio a elevados precios—y los países menos desarrollados tienen pocas posibilidades de invertir para desarrollar por si mismos fuentes alternativas a los combustibles fósiles—especialmente si sus actuales economías son dependientes de éstos, y sus precios continúan creciendo sin parar.

¿Cuál sería ese precio?—es difícil decirlo—pero ciertamente puede—y debería—establecerse, ya que mientras los países menos desarrollados necesitan precios que puedan costear, los países más desarrollados necesitan que éstos puedan costear también los productos que exportan hacia ellos; así que establecerle a los combustibles fósiles un precio máximo le interesa a todos los países del mundo.

La solución no está en programas como el Acuerdo de San José o Petrocaribe—ya que estos no son más que esquemas de subsidios que perpetúan el dañino desequilibrio que puede verse más patente en la perenne lucha contra los subsidios agrícolas que tienen actualmente estacada a la Ronda de Doha, y que ha estado presente en todo otro intento internacional para fortalecer el comercio mundial.

Todo subsidio—a menos que sea temporal y en respuesta a una emergencia—perpetúa una condición de desequilibrio que no permite ni a los subsidiados enfrentar la realidad económica a la deben ajustarse, ni a los más eficientes productores colocar sus producciones a precios reales en el mercado mundial—y mientras más se extienda en el tiempo el esquema de subsidios, más catastróficos serán los resultados, cuando ya no puedan seguir siendo mantenidos en un mundo—que como saben todos los economistas—se desarrolla en un ambiente de recursos limitados.

Los venezolanos llamamos a este pernicioso proceso de subsidios: “correr la arruga”, queriendo decir, que se evitan las consecuencias de los altos precios en el corto plazo, al costo de fabricar lentamente un mayor y más pernicioso impacto para las generaciones futuras.

Los actuales precios de los hidrocarburos y su cada vez más evidente extinción, debería hacer que los líderes del mundo, atiendan por fin las numerosas voces que desde hace décadas han estado alertando sobre los riesgos de mantener desarrollando economías basadas en los no renovables combustibles fósiles.

Fijarle hoy un tope a los precios de los hidrocarburos mediante un consenso mundial de productores, le conferirá al mundo un poco más de tiempo para rediseñar sus economías y desarrollar las tecnologías y los procesos de producción que permitan el indispensable crecimiento económico—si es que no queremos resucitar al fantasma de Thomas Malthus, quien en el siglo diecinueve aterrorizó al mundo con sus estadísticas demográficas que mostraban que llegaría el momento en que el mundo no sería capaz de producir suficientes alimentos para nutrir a la siempre creciente humanidad.

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