Economía

Curly, Larry y Moe

La oferta de dar subsidios al sector agrícola que nos anunciaron ayer los Ministros de Agricultura y del MILCO evoca aquella película de Los Tres Chiflados, donde éstos, investidos como plomeros, son contratados por una millonaria para arreglar el grifo del lavaplatos en su lujosa mansión. A medida que avanza la película, los chiflados intentan resolver el problema de la gotera con una serie de reparaciones chapuceras que no hacen sino empeorar las cosas: primero estalla el grifo, luego la cocina y finalmente, la mansión.

Resulta que el gabinete económico se percató de que el precio de los alimentos estaba “por las nubes”, para lo cual procedió a controlar el precio de rubros sensibles como el azúcar, el harina de maíz, el café y otros varios. Misteriosamente los productos no hicieron más que desaparecer del mercado. De esta manera, si pensaban que ya eran caros dichos productos, la iniciativa ministerial no hizo más que encarecerlos hasta el infinito: pues no hay producto más caro para el consumidor que el que no puede conseguir en el mercado, no importa si es millonario o si vive del sueldo mínimo.

Naturalmente, como la economía impone la ley de la realidad, tarde o temprano las fantasías ministeriales terminan por estrellarse contra la pared. Los ministros, para resolver la situación que ellos mismos han creado, han tratado de ir negociando los incrementos de precios a medida que los industriales ponen el grito en el cielo, al verse ahorcados en sus ingresos. La solución que proponen, claro, no es desmantelar las chapucerías, y restituir la libertad de precios, para permitir que los empresarios realicen decisiones de inversión inteligentes y planificadas en rubros agrícolas rentables y deseados por los consumidores; sino agregar error sobre error afirmando que si los europeos y gringos tienen subsidios agrícolas, ¿por qué nosotros vamos a ser menos?

El error ahora es subsidiar la producción agrícola, para “evitar más aumentos de precios”. Con esta nueva chambonada, se espera que abaratando los costos se trasladaría la responsabilidad de la ineficiencia de los productores al Estado. Ciertamente así será. Ese Estado, amigo lector, que somos usted y yo, y cuya responsabilidad tendremos que financiarla con más impuestos: después de todo, es así que los países desarrollados financian sus subsidios agrícolas. ¿Le habrá pasado esto por la mente a nuestro gabinete económico?

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