Economía

Desperdicio, fraude, abuso y mala administración

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Washington (AIPE)- Si usted cree que el gobierno necesita aumentar sus ingresos es porque no le ha hecho un seguimiento a lo que ha estado sucediendo o porque se deja llevar por políticos y comentaristas que piensan que el gobierno nunca puede ser demasiado grande, siempre necesita más dinero e invariablemente lo utiliza mejor que los contribuyentes.

La realidad es que el gobierno gasta demasiado por desperdicio, fraude, abuso y mala administración (DFAM) y porque trata de llevar a cabo actividades innecesarias y cuestionables. Lo que aquí describo sólo tiene que ver con DFAM.

La prensa informó recientemente que las edificaciones del gobierno federal consumen 32% más energía por metro cuadrado que el resto de las casas y edificios del país. Si el gobierno fuera administrado eficientemente podría hacer lo mismo gastando dos terceras partes de lo que gasta.

Si usted cree que estoy exagerando, le doy un pequeño ejemplo: el nuevo presupuesto incluye un apartado bajo el título “Pagos incorrectos reducidos a $36.300 millones” y esto no incluye a todos los ministerios.

En agosto, Chris Edwards del Cato Institute informó que el promedio de sueldos y beneficios de los 1,8 millones de empleados civiles del gobierno federal es $106.759 al año, exactamente el doble del promedio ganado por quienes trabajan en el sector privado: $53.289.

La razón es que ese dinero no tiene dolientes porque los políticos y burócratas usan el dinero de los demás y, dada la naturaleza monopolista del gobierno, hay mucho menos rendición de cuentas que en el sector privado. Así, el presupuesto estimado para 2008 es de $2.900.000.000.000, tres veces más que el último presupuesto del presidente Reagan en 1988.

Luego de deducir los pagos de Seguridad Social e intereses sobre la deuda, el gobierno federal gastará 7 mil dólares por cada hombre, mujer y niño que vive en Estados Unidos y aproximadamente una tercera parte de ese gasto será causado por desperdicio, fraude, abuso y mala administración.

Los $700.000 millones que se pierden en DFMA son apenas una parte del daño. Cada centavo que gasta el gobierno se obtiene con impuestos o pidiendo prestado y ambas cosas tienen un efecto negativo sobre la economía, reduciendo las oportunidades de empleo, los salarios reales y aportando incentivos negativos a la actividad económica. Es decir, que ese costo reduce sustancialmente las oportunidades de empleo, los salarios y el aumento de la productividad. Es más, no habría déficit fiscal si el gobierno operara durante el próximo año con los gastos que tuvo en 2006.

El Congreso y el presidente deberían insistir en auditorías que constataran la validez de todos los gastos y que toda decisión sea tomada cumpliendo con un estándar razonable de costo-beneficio, penalizando con despido y cárcel a los funcionarios que presenten certificaciones falsas.

Quienes exigen más dinero para el gobierno, sin primero exigir rendición de cuentas, son personas irresponsables que ponen en peligro el bienestar económico de la nación entera.

___* Director general del Center for Economic Growth y académico asociado de Cato Institute.

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