Economía

Devaluar es romper el termómetro

(AIPE)- Si usted “cree” que la moneda está “sobrevaluada” ¿qué espera para comprar dólares?, si usted “cree” que el peso está “subvaluado”, compre pesos. Así funciona el mercado. Tan sencillo que es difícil de “creer”.

Vamos a suponer que usted “no cree” en la libre flotación del peso frente al dólar, vamos a suponer que usted “cree” que el peso tiene una sobrevaluación respecto del dólar de “x” por ciento. Lo lógico, si usted “cree” en lo que “cree”, es que corra a comprar dólares.

Si todos los que “creen” que el peso se tiene que devaluar actuaran en consecuencia, se supone que la demanda de dólares ya habría logrado la depreciación del peso. No ha sucedido. Tal vez no sea cierto que tantos agentes económicos “crean” que el peso esté sobrevaluado, tal vez los agentes económicos no “creen” con firmeza en lo que dicen “creer”, tal vez quienes “creen” que el peso está sobrevaluado ya no tienen pesos para comprar dólares, tal vez ya compraron dólares hace meses y la ansiada devaluación, que premie su “creencia”, no se ha dado.

Otra posibilidad: usted “cree” que “sabe” que el peso está sobrevaluado. Lo “cree” porque deposita su fe en la teoría de la paridad del poder de compra y, partiendo de una base convencional (¿año base 1985? por decir algo), compara el diferencial de inflaciones entre México y Estados Unidos y concluye: “el peso está sobrevaluado”. No hay diferencia, usted “cree”, no sabe.

De hecho, nadie puede saber cuál es el valor ideal del peso frente al dólar. ¿Ideal para qué?, ¿para que Cancún sea más barato que Miami?, ¿para que un zapato hecho en León cueste lo mismo, en dólares, que un zapato de plástico hecho en China?

No sabemos, porque la paridad ideal no existe. Lo más cercano que hemos descubierto, para averiguar el precio “justo” de un bien (en este caso, el dólar), se llama mercado libre. El precio lo fijan compradores y vendedores, la oferta y la demanda.

¡Ah!, pero “el mercado no es libre, está manipulado”. ¿Usted cree? Yo sí “creo” que tiene distorsiones el mercado de cambios, pero curiosamente son distorsiones que tienden a encarecer el dólar. Por ejemplo, es una distorsión la acumulación de reservas (alrededor de 30 mil millones de dólares) por parte del banco central. Si quitásemos esa distorsión (la teoría dice que las reservas son innecesarias en una flotación plenamente libre porque no hay una paridad deseada por las autoridades), el dólar estaría aún más barato.

Sin embargo, muchos empresarios “creen” que con la actual paridad peso-dólar es muy difícil competir. Argumentan que están dispuestos a incrementar la productividad para ser competitivos, pero que hay muchas “desventajas”, tales como una inflación mucho más elevada que la de nuestro principal socio comercial, tasas de interés altas, carencia de crédito…

Correcto. Es difícil competir con tales desventajas. Pero, ¿de qué diablos nos serviría devaluar para corregir esas desventajas? De nada. Una devaluación nos daría la ilusión de recibir más pesos por las exportaciones, pero generaría más inflación, restricciones mayores para evitar un descontrol inflacionario (tasas de interés más altas), mayores presiones salariales, contracción económica por disminución de confianza y de ingresos de los consumidores, caída de la inversión, quebrantos bancarios, alza de precios y tarifas del sector público…

¿Tan rápido se nos olvidó la película de 1995, tras el nefasto error de diciembre?

¿Qué pasó con las desventajas competitivas? Que la devaluación las incrementó exponencialmente.

Con todo respeto, devaluar para reducir “desventajas” competitivas es tan “inteligente” como romper el termómetro para “eliminar” la fiebre.

* Analista político mexicano.

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