Economía

Dignidad contra pobreza

En una reseña sobre la muerte del viejo liberal Milton Friedman se lee una cita suya que dice más o menos así “Si empezamos a darles plata a los pobres por aliviar su condición, terminaremos llenándonos de pobres”. Frase razonable dentro del pensamiento de Friedman. Pero poco después, el domingo, en un reportaje sobre el trabajo de Muhammad Yunus, el economista bangladeshi que acaba de ganar el premio Nóbel de la paz por su combate contra la pobreza a través de micro créditos, y que no puede en ningún sentido ser tachado de neoliberal, se lee una cita que dice “…mi argumento es que cuando se dan limosnas se impide que la gente tenga iniciativa. «Quédate como estás que yo cuidaré de ti». Pero es la iniciativa lo que empuja a la gente a subir….” Y subraya “el que vive de las limosnas se queda en las limosnas”. Conceptos curiosamente parecidos a los de Milton Friedman.

Con esos criterios Yunus ha aplicado su programa de micro créditos, algunos tan pequeños como de 35 euros. Dice: “En mi opinión es mucho mejor recibir un préstamo que una limosna, porque con el préstamo el beneficiario asume una responsabilidad”. Y uno no deja de preguntarse: ¿Cómo va a salir alguien de abajo con un préstamo de 100.000 bolos? Aquí debe haber alguna trampa. Y cuando sigues leyendo la descubres.

Yunus presta principalmente a mujeres, que han estado crónicamente oprimidas por una religión y una cultura que las disminuye y las relega a un segundo plano. Junto con el préstamo Yunus les da también confianza y responsabilidad, las cuales se traducen en dignidad. Realmente Yunus no está prestando dinero, está dignificando a sectores oprimidos y cuando la gente se da cuenta de que tiene un valor su productividad aumenta y su capacidad se multiplica. Hace tres años aplicó su método con mendigos y ya tiene incorporados a más de 80.000, los cuales reciben su préstamo, lo pagan y piden uno mayor. La primera reconversión es que de mendigos en la vía pública se convierten en buhoneros ambulantes y así empiezan a subir.

Yunus no está haciendo una revolución socialista ni nada por el estilo, lo que está montando es una fábrica de empresarios y emprendedores que creen riqueza y aprendan a vivir solos, de su producción y su capacidad. Muchas de sus afiliadas que son analfabetas han logrado que sus hijos entren a la universidad y están saliendo de la pobreza a gran velocidad. No se puede salir de la pobreza sin capacidad de producir y eso, en un mundo globalizado, requiere cada vez mayor formación e iniciativa.

Ojala que las enseñanzas de este líder puedan ser asimiladas por nuestros ideólogos revolucionarios, que quieren encasillar a la gente en unos proyectos colectivos en donde no existe ni la iniciativa individual ni la propiedad privada y todos funcionan gracias a subsidios. Pareciera que la doctrina aquí es “Tú te portas bien y eres fiel y yo te doy tu limosna”, en una suerte de socialismo rentista que condena a la gente a la obediencia y a la pobreza a perpetuidad. Más bien se podría decir que mantiene a la gente en la pobreza mientras el precio del petróleo esté alto, si baja, la gente caerá en la miseria. Lo peor es que cuando se relaje la fidelidad porque no se satisfacen las demandas arreciará la represión.

Felicitaciones al señor Yunus y a su verdadera revolución bonita y protagónica en Bangladesh.

PD: Varios amigos me piden que comente la nueva Misión Revolución Energética de los 54 millones de bombillos lanzada por nuestro líder. Asumo la deuda, pero desde ya se ve que adolece de la enfermedad que sufren todas las ideas revolucionarias, para decirlo en términos médicos: insuficiencia económica.

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