Economía

Dólares finitos

A fines de este año el régimen alcanzará a tener guardados unos $ 15.000
millones en el buche «chiquito» (Fonden) y otros $ 35.000 millones en el
Banco Central, que es más grande pero buche al fin, desde que se le
propinara el asalto con la contra-idea de reservas excedentarias, que
por cierto es la reforma monetaria que ya se hizo sin tener conciencia
de ello, y que sepultará el valor de compra del bolívar si no se detiene
esta carrera suicida al barranco económico. La otra reforma monetaria
que ahora se anuncia no es tal sino una mecánica contable irrelevante
que potenciará tendencias perniciosas que se vienen acumulando en el
escenario macroeconómico.

Con estos dos buches – hay otros menos abultados por ahí – más el chorro
de petrodólares que mes tras mes van sumando para este año un monto
semejante a su suma, el estratega debe estar listo con un plan para
ejercer poder de verdad, ya no sólo hacia adentro del país, donde todo
parece bajo control del CNE y otros poderes «autónomos», sino hacia
afuera, como se le demostró a Brasil con el asalto al gas boliviano,
como intentó fallidamente «por ahora» hacer en las elecciones peruanas,
y como continuará haciéndolo en el futuro hacia otros países y
geografías, limítrofes o no. Si Napoleón decía que para ganar una guerra
lo más importante es el dinero, no es esto lo que le hace falta a las
visiones de penetración continental del régimen venezolano.

Pero hasta la fortuna más grande se vuelve sal y agua en manos de un
botarata, como tantos ex-ricos lo atestiguan, y más si es usada sin
obtener retornos sino para el logro de objetivos políticos, o para
ostentar al mejor estilo saudita, como se le decía antes en Venezuela al
dispendio general del primer gobierno de CAP, o para el reparto en la
compra de voluntades. Como se sabe, el pródigo no ve límites al alcance
del dinero ni al ritmo de aumento de sus gastos.

Con el entendimiento simplista que tiene de la economía mundial y de las
relaciones internacionales, no es exagerado que el régimen suponga que
el precio del petróleo seguirá subiendo, que será cada vez más preciado
y que la dependencia de los grandes importadores del flujo petrolero de
OPEP y otros vendedores los hará tan vulnerables que no podrían resistir
ninguna iniciativa si tal resistencia involucra poner en riesgo el
suministro. Tener las manos libres para actuar en forma agresiva en lo
interno y externo sin temor a represalias efectivas, es el objetivo de
todo dictador excesivo que calcula sus pasos hostiles y se juega los
dados del conflicto como si fuera un asunto personal, en el que no
cuentan los daños que pueda infligirse a personas o países enteros.

Pensar en Saddam y otros «genios» de la política guerrerista que en el
mundo han sido, basta para aproximarse al modelo de decisión que en
algunas mentes puede llegar a imponerse bajo el influjo distorsionador
de realidades de un inmenso poder.

Si para el pródigo el gastar no tiene límites, tampoco los tiene la
capacidad de recibir por parte de la gente, sino que por el contrario,
la avidez y la codicia en los beneficiarios aumenta con la demostrada
vocación al reparto y al regalo del desarrollo revolucionario. O sea,
mientras más reciben unos más quieren otros, y viceversa, con lo que
sube la tensión incluso en buches tan repletos de divisas como los que
se muestran con orgullo para que vea el que tenga ojos. Para tener a la
gente contenta en este contexto no basta con gastar mucho; hace falta
gastar cada vez más.

Afortunadamente para estas inclinaciones vocacionales del petroestado
tornado petrorevolucionario, la renta petrolera ha crecido en forma
creciente. Hasta ahora. A pesar del aumento descomunal de las
erogaciones y compromisos, las disponibilidades han sido más que
holgadas, ayudadas por un paralelo y crecientemente costoso hacia el
futuro aumento de la deuda pública. Cuando el ingreso caiga o, incluso,
cuando deje de crecer, desaparecerá la facilidad financiera que viene
encendiendo la imaginación revolucionaria, y comenzará el calvario
verdadero de una nación que hasta ahora ha venido padeciendo, con todos
los pesares y con toda la paradoja involucrada, una verdadera bonanza.

Ya la frenética expansión de la producción venezolana de los últimos dos
años, se está debilitando como columbra el equipo de análisis de
Analítica.com recientemente, y como en el fondo permite anticipar el muy
bajo nivel de inversión reproductiva que se ha alcanzado en respuesta al
aumento de la demanda interna. Esto ciertamente revela que el
crecimiento de la oferta de origen nacional entrará en situaciones de
estrangulamiento ante el aumento en el consumo, que mayores
importaciones serán imprescindibles para mantener controlada la
inflación en los transables, pero que las presiones alcistas en los
precios serán cada vez más fuertes en los sectores de no transables. La
situación será análoga a la vivida en 1974-1978, incluyendo expansión
inicial, reacción inflacionaria después, y el surgimiento de un boquete
en la cuenta corriente de la balanza de pagos, con tipo de cambio fijo,
control de precios y de tasas, ¡y con todo otro tipo de represión
económica imaginable!.

Adicionalmente, y con tanto o mayor capacidad de impactar las finanzas
nacionales, la escena internacional ha comenzado a dar muestras de
cambio de dirección. Los temores inflacionarios se están prendiendo en
los bancos centrales de los grandes países; las tasas de interés
continúan amenazando con nuevas alzas; las bolsas se muestran precavidas
ante las incertidumbres de los inversionistas; la revaluación del yuán
que llegará más temprano que tarde reducirá la expansión china y
eventualmente la demanda mundial tomará un receso mientras se reacomodan
las economías nacionales. Particularmente fuerte puede ser el efecto de
un debilitamiento del consumo sobre los precios de las materias primas,
incluyendo al petróleo, precisamente por los altísimos precios de hoy
han llevado a ampliar capacidad de producción en zonas proveedoras de
alto costo.

Los registros de la economía interna y las observaciones del contexto
económico mundial son suficiente causa de preocupación respecto a la
duración de esta bonanza local llena de despilfarro y confundida por el
ilusionismo que practica el régimen. De darse cuenta, esta lectura puede
precipitar la ejecución de los planes hegemónicos para aún antes de que
todos los preparativos estén listos, o tomar de sorpresa a los ignotos
estrategas que se pasean con desparpajo por los escenarios de avance
continental. En todo caso, el estallido de una crisis, por improbable
que pueda parecer a la miopía usual entre muchos dirigentes políticos
nuevos y viejos del país, puede ofrecer una excelente oportunidad para
que la nación se recomponga y comience a recorrer derroteros de paz,
democracia y verdadero desarrollo.

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