Economía

Dos crisis

Con motivo de la crisis financiera que sacude a Wall Street y al conjunto de los Estados Unidos, algunos periodistas han preguntado cómo compararla con la crisis financiera venezolana de 1994-95. Gustavo Roosen, respetado conocedor de estos temas, ha dicho que existen semejanzas entre ambas situaciones.

Pero antes de continuar, debe señalarse que en términos relativos o proporcionales, la crisis de Venezuela fue más grande o costosa –más del doble–que la norteamericana, por lo menos hasta ahora. El Plan Paulson, o el paquete de auxilios financieros propuesto por el secretario del Tesoro de la administración Bush, Henry Paulson, monta a 750 mil millones de dólares, es decir casi 4,9% del PIB de Estados Unidos, de 14,5 trillones de dólares. La crisis venezolana se acercó al 10% del PIB nacional, superando los 8 mil millones de dólares.

En cuanto a las causas hay similitudes al menos en dos aspectos: la primera es la irresponsabilidad negligente y dolosa de una parte significativa del sector bancario. Banqueros que se dedicaron a especular con los dineros del público, tanto en audaces inversiones corporativas como en negocios personales. La segunda es un contexto económico desfavorable que potencia los riesgos, mina la confianza y hace que los desmanes bancarios se vuelvan catastróficos.

Los gringos tienen a sus fallidos «masters of the universe» de la banca de inversión e hipotecaria, nosotros tuvimos a los banqueros depredadores y hasta prófugos de aquellos tiempos. La economía estadounidense viene debilitándose con el aumento del déficit fiscal y la subida de los precios petroleros, la venezolana venía golpeada por las intentonas militares de 1992 y la consiguiente inestabilidad política e institucional, amén de sus endemias estructurales.

Y también puede establecerse una aproximación entre sendas crisis en el plano de la condición del Estado para enfrentarlas. En Estados Unidos, el poder público está distribuido y por tanto las grandes iniciativas tienen que negociarse de común acuerdo. Vemos a Bush lidiando con el Congreso de mayoría Demócrata y viceversa.

En la Venezuela de 1994, el poder público más que distribuido estaba fragmentado. Un gobierno que apenas se iniciaba, el del presidente Caldera (aunque la intervención del Banco Latino ocurrió al final del gobierno del presidente Velásquez), con una mayoría parlamentaria en contra, con un BCV de veras autónomo, y con Sudeban y Fogade también como organismos autónomos, ya que el nombramiento de sus titulares debía ser aprobado por una mayoría calificada del legislativo. Cualquier decisión relevante tenía que ser objeto de complejas negociaciones.

Es obvio que una crisis de marca mayor, sea militar, natural o financiera, requiere de un plan de acción y un comando unificado para llevarlo a cabo. Si por la propia naturaleza de la contraposición de poderes, se hace más arduo el consenso y su aplicación, la crisis puede agravarse y sus efectos ser mayores que lo esperado. Eso está pasando en Washington y eso pasó en Caracas.

La crisis venezolana fue cediendo luego de dos años, varios de los bancos estatizados se privatizaron, y para el final de aquel quinquenio el sector financiero y el sistema de supervisión se encontraban en mejores condiciones. La crisis estadounidense, que por tanto es mundial, puede partir en dos la trayectoria del capitalismo contemporáneo y la globalización. Ojalá Bush, Obama y Mccain se pongan de acuerdo y empiece el laborioso tránsito hacia la salida del túnel.

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