Economía

El ambicioso desafío de Al Gore

Al Gore nos tenía acostumbrados a sus concienzudos llamados a frenar el calentamiento global, siempre en términos generales y sin dar recetas prácticas para hacerlo, dejándole esa tarea a los especialistas del IPCC de la ONU. Ahora llamó nuevamente la atención del mundo al proponer un ambicioso y detallado plan para lograr ese objetivo al mismo tiempo que se reduciría en EEUU la fuerte dependencia del petróleo o gas importados. Su plan implica nada menos que reemplazar en 10 años el 100 % de los combustibles fósiles en la generación de electricidad, actividad donde se usa mayormente fuentes locales como el carbón (en un 49 %) y gas natural (20 %) y apenas un 1,65 % de combustibles líquidos derivados del petróleo (fuel oil y gasoil). El 30 % restante es generado por energía nuclear o hidráulica, y un 2,4 % por energía renovable, o sea la eólica, la solar y la geotérmica.

En síntesis, Gore propone aumentar estas tres fuentes “limpias” a un 100% en el área eléctrica, con lo que se lograría dos loables propósitos: reducir sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera –de las cuales EEUU contribuye en un 25% a escala mundial– y al mismo tiempo reducir la importación de petróleo de sitios inestables como el Oriente Medio, Nigeria o Venezuela. Gore enfocó sus baterías a la electricidad, consciente de que será mucho más difícil sustituir la gasolina y el gasoil en los vehículos, que seguirán dependiendo del petróleo por mucho tiempo más, ya que las tecnologías sustitutivas (hidrógeno, pilas de combustible, motor eléctrico) están en etapa incipiente, mientras las energías limpias que menciona ya tienen una tecnología probada, y ahora se hacen competitivas con el aumento del precio del petróleo.

El equivalente del programa Apolo

Gore comparó su plan con el famoso Programa Apolo, que el presidente Kennedy propuso en 1961 para poner un hombre en la Luna antes del fin de esa década. Ese exitoso proyecto fue un ejemplo de un objetivo específico (ganarle la partida a los rusos), trabajo de equipo, recursos adecuados y un cronograma realista, que es lo mismo que propone Gore ahora, quizás esperando que Obama llegue a la presidencia y apoye su plan, aunque su llamado iba dirigido a ambos candidatos (nunca se sabe, habrá pensado). Inmediatamente surgieron interrogantes, pues el plan luce algo radical y bastante ambicioso para cumplirlo para el 2018, dadas la influencia de grupos económicos en la política norteamericana y la natural inercia as los cambios.

Al primer análisis sobresale el hecho de que las emisiones no se reducirán sustancialmente, ya que se eliminarían sólo las que provienen del carbón y el gas natural en la generación eléctrica, además de las pocas que vienen de la quema de combustibles líquidos para esa función. Pero es bien sabido que el grueso (más de la mitad) de la contaminación atmosférica viene del uso de gasolina y gasoil en los vehículos, los cuales difícilmente podrían prescindir de los mismos, ya que los biocombustibles sustituyen por ahora menos del 4 % de la gasolina en EEUU. Y ahora esa sustitución se dificulta por las fuertes presiones mundiales para que EEUU deje de usar el 30 % de su maíz para producir bioetanol, al que se le achaca el dramático incremento de los precios de los granos, aunque gran parte del alza es causada realmente por el déficit en la producción de granos y la especulación. Además, se ha visto que los biocombustibles no son tan inofensivos hacia el ambiente, como se pensaba en un principio.

Pros y contras de un plan radical

Algunos argumentos esgrimidos por Gore son sensatos pero poco realistas, debido a los intereses que se afectarían en la actual estructura de la generación eléctrica. Por ejemplo, Gore insiste con razón que las energías renovables que propone aprovechar son gratuitas ya que en la extensa geografía de EEUU se recibe mucha luz solar, sopla bastante viento y hay fuentes geotérmicas por doquier. Esto haría que el costo de la electricidad -que ha aumentado más que la misma gasolina– baje marcadamente, ya que sólo hay que invertir en los equipos necesarios como paneles solares, turbinas eólicas y redes distributivas, además de terrenos para ubicarlos. algo que se facilitaría con las leyes adecuadas si el Congreso aprueba el plan.

Pero de todos modos significa sustituir a los millares de plantas térmicas que usan combustibles fósiles –especialmente carbón y gas–, un cambio que afectaría muchos intereses en varias industrias, en un país poco acostumbrado a cambios radicales. La renaciente industria nuclear también sería afectada si se reduce el costo de la electricidad, ya que cuenta con el actual alto precio de los fósiles para justificar las nuevas inversiones en ese controvertido campo, de por sí afectado por una opinión pública mayormente adversa, después de los accidentes de la Isla Tres Millas y Chernobyl.

Una revolución energética en ciernes

En fin, el plan Gore equivale a una verdadera revolución energética, que traería grandes beneficios ecológicos –especialmente si es imitado a escala mundial– y quizás hasta frenaría la escalada en los precios del petróleo, ya que popularizaría los vehículos eléctricos, con baterías que se recargarían de una red eléctrica de energía limpia. Gore también argumenta, en apoyo a su idea, que la modernización de las anticuadas redes eléctricas generaría mucho empleo en casa.

Faltará ver si el próximo presidente acepta el reto político y apoya su plan, algo que luce todavía quijotesco en un país supercapitalista donde los intereses de las grandes industrias –automotriz, eléctrica, petrolera– han frenado siempre una mejoría en la eficiencia de los motores para evitar inversiones o perder mercado. Quizás los tiempos están cambiando, tras los embates del calentamiento global, pero todavía se enfrentaría con una sociedad básicamente conservadora y a la cual importa cosas más terrenales como el aumento de la gasolina y el gasoil, cuyos precios difícilmente bajarán con dicho plan, pues dependen de factores como una producción errática de crudos. Una refinación ajustada, imponderables conflictos geopolíticos, y el freno a las inversiones que está causando la actual crisis económica global.

De todos modos en un plan que conviene tener en cuenta, si queremos frenar las perjudiciales emisiones de CO2 que recalientan el planeta sin cesar, y que no han disminuido ni siquiera con la tímida aplicación del Protocolo de Kyoto, el cual todavía permite que grandes economías –como las de China, India, Indonesia, Sudáfrica, Brasil y México— contaminen el aire a voluntad, sólo por el hecho de considerarse “países en desarrollo”. Venezuela también estaría en ese grupo, ahora que el precio irrisorio de la gasolina ha generado un drástico aumento en el parque automotor, que –además de entorpecer el tráfico en las ciudades– nos ha catapultado a las grandes ligas de los contaminadores mayores, con casi un 1 % de contribución en los gases de efecto invernadero, un dudoso honor que en nada contribuye al bienestar de las nuevas generaciones.

Fragmentos de la propuesta de Al Gore

Una treintena de estadistas líderes militares retirados advirtieron de la amenaza en la seguridad nacional de un “tsunami de energía” que sería activado por la pérdida de nuestro acceso al petróleo extranjero. Nuestra peligrosa sobre-confianza en los combustibles basados en el carbono está en la base de estos tres desafíos: las crisis de la seguridad económica, ambiental y nacional.

Estamos pidiendo prestado el dinero de China para comprar petróleo del Golfo Pérsico para quemarlo de manera que destruye el planeta. Cada parte de esto tiene que cambiar. La respuesta es terminar con nuestra dependencia extrema en los combustibles basados en el carbono.

Las verdaderas soluciones a la crisis del clima son las mismas medidas necesarias para renovar nuestra economía y para escapar de la trampa de los costes siempre crecientes de la energía.

¿Qué pasaría si pudiéramos utilizar combustibles
que no son caros, no causan contaminación y son
abundantemente disponibles aquí mismo en casa?
Tenemos tales combustibles. Los científicos han
confirmado que cada 40 minutos llega suficiente
energía solar en la superficie de la Tierra para
cubrir el 100 por cien de las necesidades
energéticas de mundo entero durante un año
completo. Agarrar apenas una pequeña porción de
esta energía podría proveer de electricidad
a toda Norteamérica.

Y bastante energía eólica sopla a través del
pasillo de la región central de EE.UU. a diario
también para hacer frente al 100 por ciento de la
demanda de electricidad de los EE.UU. La energía
geotérmica, es asimismo capaz de proporcionar
abundantes fuentes de electricidad para Norteamérica.

La manera más rápida, más barata y mejor de
comenzar a usar toda esta energía renovable está
en la producción de electricidad. De hecho,
podemos comenzar ahora mismo a usar energía solar,
energía eólica y energía geotérmica para producir
la electricidad para nuestros hogares y negocios.

Desafío hoy a nuestra nación a comprometerse a
producir el 100 por ciento de nuestra electricidad
de energía renovable y realmente limpia verdad de
fuentes de carbono en el plazo de 10 años.

Esta meta es realizable, alcanzable y
transformadora

Desafío hoy a nuestra nación a comprometerse a
producir el 100 por ciento de nuestra electricidad
de energía renovable y realmente limpia verdad de
fuentes de carbono en el plazo de 10 años.

Esta meta es realizable, alcanzable y
transformadora

Cuando enviamos el dinero a países extranjeros
para comprar el casi 70 por ciento del petróleo
que utilizamos a diario, ellos construyen nuevos
rascacielos y nosotros perdemos trabajos. Cuando
gastamos este dinero construyendo paneles solares
y molinos de viento, nosotros construimos
industrias competitivas y se ganan puestos de
trabajos aquí en el país.

Cuando la gente se queja con derecho por los
precios más altos de la gasolina, proponemos dar
más dinero a las compañías petroleras y pretender
que ellas va a hacer bajar los precios de la
gasolina. No hará nada de eso, y todos lo sabemos.

Debemos ahora levantar nuestra nación para
alcanzar otra meta que cambie la historia. Nuestra
civilización entera depende de nosotros que ahora
nos embarcamos en un nuevo viaje de exploración y
descubrimiento. Nuestro éxito depende de nuestra
buena voluntad como gente que emprender este viaje
y lo termina en el plazo de 10 años. De nuevo,
tenemos una oportunidad de dar un salto gigantesco
para la humanidad.

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