Economía

El capitalismo tiene larga vida

Pocos teóricos han alcanzado la sabiduría de K. Marx. Parte de ella fue haber reconocido las cualidades y deficiencias del capitalismo. Al ubicarlo como la etapa final de la prehistoria de la humanidad, solo quiso señalar con ello que de él mismo, de su vientre, en donde vive su propia negación, y, gracias a esa cualidad de su esencia, construir su utopía, el comunismo, donde el hombre –superadas todas las alienaciones – vivirá en un estadio en sistemática evolución, porque convertido en sujeto consciente de su propia historia y de la historia, no requerirá del Estado, cuya naturaleza es, en última instancia, el garante de los privilegios de las hegemonías. No pudo Marx, por obvias razones, predecir el destino mismo del capitalismo, pues, su Edipo, el proletariado, en quien confiaba la tarea, no tiene la capacidad de destruirlo y que la unión de esa clase, negación de la burguesía, no tuvo la capacidad de realizar esa especie de condición necesaria para su triunfo, “proletarios de todos los países uníos”. Y tanto reconocimiento tuvo de lo que es el capitalismo, que dedicó a él su obra fundamental, Das Kapital. Correspondió a Lenin observar que la tesis de Marx tenía limitaciones y que era posible, primero, construir el socialismo en un solo país, segundo, hacerlo allí en donde el capitalismo presentara sus mas altas debilidades y que, tercero, no fuese el proletariado, precisamente el protagonista de ese proceso. Y llegó mas lejos, Lenin, concibió la coexistencia pacífica, como modo de cohabitar en el planeta modos de producción diversos, sistemas diversos que, de una u otra manera, sus negaciones ontológicas se pusiesen entre paréntesis, para que en la dinámica de la sociedad, de la vida, del propio capitalismo, y en contraste con el socialismo, evolucionase hasta superar el capitalismo. Creyó Lenin que el Imperialismo sería su última fase, pero, igualmente por limitaciones de espacio, tiempo y más, no pudo prever que ocurriría en tiempos venideros o no fue verdadero lo que pensó.

Corresponde a un economista ruso, N.D. Kondratieff, asesinado por fusilamiento por el régimen staliniano, prever con relativa veracidad, que el capitalismo periódicamente entraría en sacudidas, transformaciones, crisis y que estas crisis, que se observan como un ciclo de ondas, aparecerían entre cuarenta, sesenta años, y que, concluida se levantaría fortalecido. Bueno es que el lector sepa que en esos ciclos tienen sus diversas fuentes, los desarrollos de la ciencia, la tecnología, entre varios y recurrir a las guerras como vías de superación, por ejemplo, catástrofes contra la humanidad, ejecutadas por el capitalismo como su auto profilaxis. En términos empíricos hay que reconocer esos ciclos que ayer requirieron de grandes catástrofes para su cura, hoy es posible afirmar que el capitalismo superará su crisis, porque de una u otra manera reconoce sus limitaciones y tiene una consciencia política-hegemónica capaz de imponer rectificaciones, entre ellas el control del mercado, el del capital financiero, en este caso, y, qué paradoja, porque su mejor aliado es necesariamente China, con un gobierno del Parido Comunista, con un proceso económico abierto, en donde la inmensa mayoría de las exportaciones, de las cuales se alimenta ese gigante, están en manos privadas, solo que, in extenso, no operan según las prácticas extremas del modelo neoliberal, digamos, a la usanza norteamericana, que se cubriría de más fuerza con el gobierno de Reagan. Añadamos un poco mas, el desarrollo ideológico del capitalismo –en medio de sus contradicciones inherentes – ha madurado lo suficientemente que bien puede acordar no recurrir a la guerra, evitar su hecatombe, el holocausto mundial, sino que puede resolver su conflicto de manera racional, racionalidad que no excluye las guerras convencionales, bien las impulsadas para países chicos, bien las adelantas por ellos, en nombre de la democracia, derechos humanos y otra sarta de mentiras muy bien calculadas, al modo de las Cruzadas. Imponer la democracia, como ayer se imponía a Cristo.

Pero, además del grado de “madurez ideológica” observado, se debe añadir como de mayor peso, que el capitalismo es igualmente heterogéneo, que sus modos de existir si bien tienen rasgos comunes, presenta grados de diferenciación demasiado diversos, tanto en los alcances en las relaciones de producción, en la propiedad de sus medios, cuanto en sus conquistas políticas, sociales, los desarrollos culturales, lo que ha permitido que el antagonismo de clases, tan caro a Marx, deje a paso a aproximaciones mas justas, menos conflictivas, mas complementarias y correlativas que antagónicas radicales. Puede compararse el modo de objetivarse el capitalismo en Francia, Japón, Alemania, Canadá y Los Estados Unidos, y salvo quien no quiera ver, podrá verlos idénticos. Sin citar otras expresiones mucho más diversas, como Suecia, Suiza. Debe profundizarse aún más. Bajo los modelos capitalistas, el desarrollo científico, que desde sus comienzos hizo de la ciencia y la tecnología sus esclavas, hasta hoy cuando ese proceso se hace mas complejo y los creadores de la ciencia y tecnología van gradualmente, pero aceleradamente, conquistando mayores espacios, ganando una especificidad tal que el papel del científico, del tecnólogo, como individuo o en asociaciones, sociedades, no puede clasificarse al viejo modo, en una palabra trabajadores altamente especializados, pero sin poder, mientras ahora tantas veces son gerentes de sus propias empresas, la producción de conocimientos, etc., y otras tantas, pueden imponer reglas del juego, mucho mas delicadas, finas y eficaces, a sus “patrones” que los períodos anteriores. Decidir sin ser dueños.

Cuando se habla ahora de establecer nuevas reglas, para, como dice Sarkosy, refundar el capitalismo, propósito en el cual toda la Unión Europea, con matices, está de acuerdo, no dudo que la propia Inglaterra, lo cual ya es un “milagro” sino que la UE y los países de Asia, recientemente reunidos en Beijin, acordaron alianzas “estratégicas” para de una u otra manera imponérselas a los Estados Unidos, en la próxima reunión de mediados de noviembre, no sin antes pasar por Brasil para engancharlo. Esos acuerdos serán cada vez más crecientes. Porque, el capitalismo y todo el resto de la humanidad, tiene que asumir la salvación misma del planeta y ello obligará a crear reglas, “mandamientos” que impidan su acelerada muerte. No es juego. Y eso lo ha entendido muy bien la cultura critica bajo el capitalismo que, cada día mas, alcanza mayor presencia y significación, gracias a usar la ciencia como su fundamento y a asumir una nueva ética que hace de las relaciones con la naturaleza, relaciones dialógicas, lo cual implica que la naturaleza en su amplio sentido es un ser vivo, y que el hombre es un ser natural. El cambio es gigantesco. EL hombre, además de ser social, se reconoce como ser natural. Y se afirma a la propia naturaleza como valor humano. No es posible dejar de destacar que tanto los países “comunistas” China, Vietnam, como los capitalistas, requieren ahora para zafarse del ciclo de ondas, dar un salto gigantesco para sustituir la fuente energética dominante –petróleo, por excelencia, gas, carbón, en importante grado todavía- por una de menores riesgos, pero sobre todo, teniendo sobre las nuevas formas de energía dominio absoluto, logrando de ese modo la independencia energética, generando, conscientes o no de ello, nuevas formas en las relaciones de los países del “primer mundo” con el resto del mundo. Ese avance, es “aristotélico”, pues se redimensiona el carácter ético de la política. La política por sobre todas las cosas, tal como para Mallarme fue la música.

Estas pinceladas quieren abrir caminos para que nos planteemos el problema venezolano. ¿Cómo enfrentar estos desafíos, aciertos y miserias del capitalismo, considerando nuestra posición en el mundo de hoy? ¡Cual la respuesta? ¿El socialismo del SXXI? ¿La democracia social? ¿La social democracia o la democracia cristiana? Aun cuando juegan un importante papel los nombres, algunos de ellos ya son cáscara sin contenido alguno, otros anuncian búsquedas. Desde luego que no estamos condenados a escoger un uno u otro nombre, pero si partir de un hecho, a pesar de los graves problemas del capitalismo, podríase advertir a Chávez, con Zorrilla, “los muertos que vos matasteis, señor, gozan de buena salud” y prevenir a los fundamentalistas del mercado, de modo que, o se asumen reglas para su control o el capitalismo se suicida.

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