Economía

El chavismo en Pdvsa

¿Qué le ocurriría a cualquiera de esas grandes corporaciones de la lista Fortune 500 si recibieran de sus accionistas el mismo trato que el presidente Chávez le dá a Pdvsa? Seguro que estarían pidiendo pista y al borde del despeñadero. Esa es la exacta situación de nuestra principal empresa gracias al régimen chavista.

Pdvsa es una de las corporaciones industriales más importantes del mundo, y sin embargo Chávez se empeña en «manejarla» como si fuera un batallón de selva. Tres presidentes, Mandini, Ciavaldini y ahora el general Lameda, otros tantos vicepresidentes e incontables cambios directivos a cada rato –en tan solo 21 meses–, dan buena cuenta del «respeto» institucional o meritocrático que el régimen exhibe hacía la empresa-bandera del Estado venezolano.

Pero dejemos que sea Roberto Mandini quien confirme la razón de esta tragedia, al recordar lo que declaró a la prensa el día que lo despidieron del cargo (30-8-99): «Al presidente Chávez le vendieron una imagen satanizada de Pdvsa y parte del problema es que la casa matríz no debe ser la caja chica del Ejecutivo». Parace que quien le metió en la cabeza ese concepto satánico fue el señor Ciavaldini, cuya testa también rodó el pasado domingo por obra de la ira presidencial.

Hace ya varios meses, el experto petrolero Alberto Quiróz Corradi escribió que «Pdvsa corre el real peligro de engrosar al numeroso rebaño de empresa del Estado ineficientes y administradas por el capricho del gobierno de turno y su Comisario Oficial en la junta directiva». Esas amenazas se han concretado de sobra y sus resultados están a la vista: la militarización de la industria, el quiebre de la continuidad administrativa, la sustitución de la carrera gerencial por las logias políticas y la notoria ausencia de planes y presupuestos coherentes.

Así por ejemplo, el dueño de Miraflores acaba de anunciar –por enésima vez– que ordenará una «restructuración a fondo» de Pdvsa y con su «lupa» personal al frente de la inquisición. Desde luego que nunca ha explicado cuál es el nuevo modelo que plantea, ni cuáles son los innovadores fines organizativos, ni mucho menos cuál sería la original
–habrá que decir, bolivariana– misión que le tiene en mente.

No lo dice, porque aparte de dos o tres consignas de barbería, con el perdón de los barberos, no tiene la más remota idea de lo que significa eso que llaman: «world class corporation», ni tampoco como debe ser su relación orgánica con la República y la sociedad.

Por lo demás, alguna alma caritativa de su propia nomenklatura debería enterarle que Pdvsa experimentó una restructuración profunda y bien concebida en los años 1997 y 1998. Por cierto no impuesta por un gobierno voráz, sino surgida y concordada en todos los niveles de la industria. El ministro Alí Rodríguez, que es un servidor público serio y respetable, debería tomar cartas en el asunto.

Volviendo a Quiróz Corradi, vale la pena refrescar ésto que dijo a comienzos de año: «Dentro de los agravios producidos por la conducta política y social irresponsable del actual gobierno, el mayor ha sido la destrucción consciente de Pdvsa como empresa productiva y eficiente». Guaicaipuro tiene la palabra y ojalá que no sea la misma de Chávez.

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