Economía

El desempleo, una cefalea global

El año 2001 ha estado lleno de noticias negativas en el campo económico, con recesiones en casi todo el mundo y las consecuentes reducciones de personal en las grandes empresas multinacionales y el cierre de muchas fábricas . La apertura comercial y las modernas tecnologías comunicacionales, ha convertido al planeta en un «gran mercado global», lo mismo que la televisión y radio satelital ha hecho que la profecía de MacLuhan acerca de su célebre «aldea global», sea una realidad cotidiana. Pero al mismo tiempo, es evidente que estos fenómenos mundiales están causando grandes desajustes en muchos aspectos, especialmente en el financiero y el laboral. Con la facilidad que permiten las comunicaciones, se transfieren grandes inversiones de un sitio a otro, causando frecuentemente terremotos en las bolsas de valores, donde los capitales especulativos adquieren el control de empresas o provocan la quiebra de otras.

La consecuencia más perversa de toda esta dinámica está en el desempleo creciente, al verse muchas empresas obligadas a cerrar fábricas locales que antes proveían empleos a los residentes, ya que la casa matriz de una multinacional ha creído más rentable elaborar sus productos en otro país, quizás por su mayor seguridad jurídica o menores costos laborales. La aguerrida competencia internacional hace que cada empresa esté más consciente de sus costos y adopte estrategias administrativas tendientes a una mayor eficiencia, para así ofrecer productos a menores precios y poder competir con sus rivales. Así, algunos países se están beneficiando a expensas de otros, que no se han podido adaptar a las nuevas realidades comerciales y financieras. Al mismo tiempo, una baja pronunciada en la demanda de productos y servicios, causada por la recesión mundial, está haciendo que muchas empresas tengan que reducir su plantel, en espera de tiempos mejores. A todo esto se suma las exigencias de austeridad fiscal que hacen los organismos financieros multilaterales a los gobiernos, para poder concederles créditos que les ayuden a afrontar situaciones coyunturales, lo cual implica siempre una reducción de la burocracia y por ende del empleo formal.

Desempleo y caída en la demanda

La ola de despidos que invade al mundo, que a su vez está generando una disminución de la demanda, creándose un círculo vicioso difícil de romper. Las cifras son contundentes y los niveles de desempleo oscilan entre 10 y 20% de la población laboral (algunos países como Haití y Zimbabwe llegan a niveles inauditos del 50%), algo que causa una creciente conflictividad social especialmente en países con una tradicional inestabilidad política. Estos fenómenos están afectando no sólo a los países del segundo y tercer mundo, sino también a los desarrollados e incluso a los considerados como «países ricos». Por ejemplo, en EEUU más de un millón de trabajadores han quedado cesantes en lo que va de año (y otro tanto en los demás países avanzados), mayormente en las industrias de alta tecnología, aunque esta nación acuse todavía un desempleo moderado cercano al 5%, cifra inusitada para el alto nivel de bienestar que disfrutaba antes.

Para los países del llamado «cuarto mundo», o sea con ingresos inferiores a 1.000 dólares anuales por habitante, quizás el efecto no ha sido tan pronunciado – ya que estaban en una mala posición económica para empezar- pero la recesión mundial no ha dejado de empeorar aún más sus dramas socioeconómicos, causando un auge de la economía informal, de la cual viven más de la mitad de sus habitantes. Por el otro lado, los otros centros económicos de envergadura, o sea la Europa Occidental, el Japón y los llamados «tigres asiáticos» , también están sintiendo recesiones similares a la norteamericana, y se presencian igualmente el cierre de fábricas y despidos masivos en sus propios ámbitos. Y las economías más activas de Latinoamérica, México, Brasil y Argentina, están sufriendo sus propias crisis, arrastrando a las demás naciones de la región.

¿Qué se puede hacer para reducir el desempleo?

No pudiéndose frenar la tendencia a la globalización, por la propia dinámica del fenómeno, queda por encontrar soluciones factibles al grave problema que significa el alto nivel de desempleo, especialmente en los países de escasa estabilidad política o con democracias incipientes que no resisten la conflictividad que implica una masa inactiva y frustrada, que hace aumentar aceleradamente los índices de pobreza crítica. Obviamente las soluciones más efectivas y duraderas deberían incluir el atraer la inversión privada (foránea y local) para crear nuevas fuentes de trabajo, junto con un progresivo regreso al campo, donde la gente con iniciativa siempre encontrará trabajo y –cuando menos- lograrían una digna subsistencia para sus familias, sin engrosar la marginalidad de las grandes ciudades. Pero como esto no es siempre posible en una economía global en recesión, hay que encontrar otras soluciones, sin sentarse a esperar las dichosas inversiones. En ciertos países con una población excesiva (India, China, así como en Africa y el sudeste asiático) a veces atacan el problema utilizando métodos más primitivos y menos eficientes, para así ofrecer trabajo especializado a grandes contingentes de trabajadores manuales, pero esto significa oponerse al progreso que representa las tecnologías modernas, que eventualmente se impondrán gracias a la competitividad mundial.

Conviene el proteccionismo

Los países ricos están convencidos –y así lo vociferan en todas las reuniones– que el mundo necesita más apertura de mercados, pero esto no convence totalmente a los menos aventajados, puesto que les es difícil competir con empresas multinacionales más eficientes. Convendría, entonces, mantener cierto grado de proteccionismo temporal para que las economías más débiles no sufran por un tiempo en términos de desempleo. Por ejemplo, los rubros agrícolas y ciertos productos comunes de baja tecnología, deberían provenir mayormente de fuentes locales o regionales, para que muchas fábricas no cierren, y también para evitar una salida innecesaria de divisas duras. El uso de tecnologías apropiadas a cada medio, aunque no sean las más sofisticadas, contribuiría también a evitar la salida innecesarias de divisas y proveer más empleo local. Por otra parte, las cooperativas y las pequeñas empresas, así como la construcción de viviendas, deberían estimularse con financiamiento de bajo costo, la asesoría técnica y una agilización de la permisología oficial. Una reducción de la jornada laboral (aplicada en algunos países con cierto éxito) también ayudaría a mitigar el desempleo en algunos casos, siempre que no afecte la competitividad de la empresa. Los gobiernos, por su parte, deberían tratar de observar una estricta disciplina fiscal para así liberar fondos para invertir más en obras públicas reproductivas (recordemos que así se recuperó EEUU de la depresión de losa ños 30) y programas sociales, tomando simultáneamente medidas para controlar la especulción en los precios, evitando contribuir al perverso fenómeno de la inflación.

En el lado gubernamental, y según la situación macroeconómica de cada país, las políticas monetarias, fiscales y salariales deberían evolucionar para adaptarse a la difícil situación actual, de modo que no sean un impedimento a la actividad comercial y las nuevas inversiones., al mismo que permitan conservar el poder adquisitivo de los consumidores. Las adquisiciones de consorcios foráneos y las fusiones también deberían controlarse mejor con leyes antimonopolio o previsiones contra capitales especulativos, algo que –afortunadamente- ya se está contemplando a muchos niveles, tanto nacional como internacional. Asimismo, y para aliviar el desempleo, podría darse algunos incentivos fiscales para que los sectores profesionales mejor remunerados (médicos, abogados, ingenieros, técnicos, etc.), puedan contratar aprendices y personal auxiliar aunque se reduzca un poco sus ingresos globales.

Es importante, mientras tanto, que se frene el crecimiento desmesurado de la población en todos los países, y en especial los del tercer y cuarto mundo (que deberían apuntar a un «crecimiento cero», o aún uno negativo), para que no empeoren aún más su situación de desempleo y su nivel de vida. Pero encima de todo, y reconociendo que el mundo está sufriendo una transformación profunda hacía estructuras organizativas y técnicas más complejas, se impone cuidar que la educación funcione mejor a todo nivel, y que los empleados meritorios sean re-entrenados, de modo que los trabajadores puedan aumentar la productividad y se puedan adaptar a la nueva «era post industrial» que se ha iniciado a través de las nuevas tecnologías. Estas son, en líneas generales, algunas iniciativas que podrían aliviar la situación de desempleo, para que la falta de trabajo no se convierta en un drama cotidiano de tantas familias, en todas las latitudes, en este turbulento principio de siglo, cuando el desempleo sigue estimulando la pobreza y el malestar social.

Ingeniero, escritor, analista internacional E-mail: (%=Link(«mailto:[email protected]»,»[email protected]»)%)

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