Economía

El excremento del diablo

«Algo tendrá el agua cuando la bendicen» – Anónimo

Energía, energúmenos, enérgicos, enerdemagogia, son las palabras que
tendríamos que usar para desentendernos de un grupo de especuladores
tanto públicos como privados que quieren poner al mundo al borde del
precipicio, una vez más. Alguien dijo: «las ideologías no mueren»; tal
vez no; pero, lo que sucede es que se repiten mucho. Y, como dijo
Cantinflas no es lo mismo decir «Qué viva la revolución, que decir
¡Ay! Mamá, que revolución tan viva». Esto le viene al caso a la
«revolución» iniciada por Evo Morales, a quien, de paso, hay que
entender, está en todo su derecho de rescatar las riquezas del
subsuelo, siempre y cuando respete los acuerdos internacionales sobre
la materia. Porque si yo le presto el terreno a mi vecino, y él
construye allí, con mi permiso y hace una buena inversión y, luego de
unos pocos años le digo vecino tienes que irte y no le pago las
bienhechurías, yo estaría cometiendo un exabrupto legal. Este es el
caso entre Bolivia y Brasil.

Sin embargo, aquí ha pasado algo raro. En la mini cumbre de Iguazú
entre Morales, Da Silva, Chávez y Kirchner, lo que se hizo fue
incorporar a Bolivia al sueño del Pibe, que es construir un gaseoducto
de ocho mil kilómetros, que los propios técnicos de Petrobras (Brasil)
y de Bolivia, han dicho que es imposible de hacer, (los de la
venezolana PDVSA no han dicho nada al respecto porque ellos piensan
que a través de los contratos, que creen que manejarán, podrán obtener
pingues ganancias, además, como la idea fue del presidente Chávez,
nadie osará discutirle el proyecto a quien se las sabe de todas,
todas, como se dice en Venezuela) ya que está probado que un
gaseoducto no puede empujar gas por más de 3 mil kilómetros. Además,
no estaría, en el supuesto que lo hicieran posible, en capacidad de
entregar gas hasta en diez años. Ya que Venezuela no tiene el
suficiente gas como para enviar por allí, pues una cosa son las
reservas y otra cosa son la producción real (la capacidad de
producción no depende de meros deseos). Por otro lado, el costo de
dicho gaseoducto sería de 23 a 25 mil millones de dólares, lo cual
equivale a la mitad del PIB Boliviano, o un cuarto del PIB venezolano.

En la mini cumbre de Iguazú, no se solucionó el problema de la
indemnización a las compañías expropiadas. La estatal brasileña
Petrobrás, mientras se reunían los mandatarios, inició una demanda
internacional en la Corte de La Haya en contra de Bolivia; mientras,
el Ministro de Hidrocarburos brasileño prepara una agenda inmediata
para discutir con Evo Morales sobre la situación definitiva de
Petrobrás en Brasil. Entonces, ¿quien entiende esto? ¿Cómo, por un
lado el presidente Lula Da Silva apoya a Evo Morales y por el otro le
lanza una querella en una corte internacional? – Pareciera que allí
estamos ante una política de doble cara. Y esto podría deberse a que
la reelección de Lula, quien ha demostrado ser un verdadero demócrata,
estaría peligrando debido, principalmente, a la corrupción imperante
en su partido, corrupción que en Venezuela, por ejemplo, es mil o dos
mil veces mayor; pero, allí no pasa nada pues todos los poderes son
controlados desde el Palacio de Miraflores. Chávez dijo en una
ocasión, (cuestión que nos hace recordar a Pinochet) que en el país no
se movía una hoja sin que él lo supiera. La corrupción es tan grande
que mientras escribía esta crónica un juez leal, obviamente, al
gobierno, dejó en libertad a uno de los principales cabecillas del
Cartel de la Droga de Cali, el colombiano Larry Tovar Acuña.

Se han olvidado del pasado

La cuestión es que todo el mundo se está volviendo medio loco con los
precios de los hidrocarburos. Los «analistas», se olvidan de que con
la revolución islámica en Irán en 1979 el precio del barril llegó a 80
dólares, cuyo valor hoy viene a ser algo así como 150 dólares. Los
analistas también se olvidan de que el precio de los hidrocarburos
están pechados, mundialmente, por tasas tributarias que oscilan entre
el 35% y el 45%; en otra palabras, si suprimimos los impuestos el
barril de petróleo valdría unos 40 dólares, lo cual es bastante
aceptable.

La crisis energética no es otra que una crisis de malas decisiones
políticas. En primer lugar, las reservas mundiales de petróleo han
subido a 1,28 billones de barriles (y siguen subiendo), de estas
reservas, más o menos un 13% corresponden a las reservas venezolanas.

Pero, el problema no está en las reservas, que hay muchas, sino que en
la extracción: países en conflicto permanente como Irak, Irán,
Namibia, la misma Venezuela, etc. También hay que considerar que el
mundo no se preparó para el violento aumento de la demanda de países
como China, India, el mismo EE.UU., Brasil y Chile, en nuestro
continente, etc., lo cual creó una crisis en la capacidad de
almacenamiento de hidrocarburos.

La guerra es un negocio

Quienes están propiciando la especulación petrolera, están trabajando
con precios a futuro muy altos, apostando a crisis políticas y
militares. Por ejemplo, los Halcones del Pentágono estadounidense
estarían pensando en bombardear a Irán con bombas atómicas de bajo
poder y densidad (¿volvemos a la bomba solo mata gente?), para
destruir un presunto poder nuclear militar de Irán. Claro, Irán poco
ha ayudado a arreglar la situación y no quiere que intervengan los
inspectores de la ONU ni de la Agencia Internacional de Energía
Atómica, y como logró el apoyo incondicional de Cuba, Siria y
Venezuela, creen que su altanería pasará por debajo de la mesa. Un
conflicto con Irán, obviamente, crearía serios problemas de suministro
de petróleo a occidente pues, presumiblemente, no podría detenerse
parte del fanatismo destructor de pozos. Hasta el mismo presidente
Hugo Chávez, amenazó con destruir los pozos venezolanos en caso de un
conflicto con EE.UU..

Los analistas más pesimistas, aquellos que al parecer juegan al caos o
no estudian la realidad, como lo hace un Ignacio Ramonet, quien ha
sabido venderse muy bien como intelectual de izquierda salido del
Jurásico de aquella o de las tribus de los «comunistas salvajes», como
decía Karl Marx, dicen (¿piensan?) que habrá petróleo para sólo unos
veinte años más. Garantiza (es brujo) un barril de petróleo a más de
100 dólares el barril (lo que en todo caso, en valores constantes
sería mucho menos que los 80 dólares por barril del año 1979). Ramonet
basa su autoridad petrolera en la contabilidad de las plataformas
destruidas por el ciclón Katrina y de paso alega que EE.UU. está
recurriendo a sus reservas estratégicas. Dios no lo quiera pues de ser
así el vil petróleo caería a 30 dólares el barril.

Ramonet insiste que el constante aumento de los hidrocarburos a partir
del 2005 está ocasionando una gran inquietud en el mundo. Está bien,
supongamos que la hipótesis de un barril a 100 dólares se transforme
en realidad ¿qué significaría eso? Significaría que el litro de
gasolina para Europa, por ejemplo podría llegar a dos euros, o a un
dólar con veinticinco centavos en EE.UU., o 700 pesos en Chile, 100
bolívares en Venezuela, etc. Nos preguntamos: ¿qué sucedería si los
gobiernos reducen las tasas tributarias de los carburantes? O, ¿qué
pasaría si no lo hacen? La verdad es que yo me inclino a creer que no
lo harán. Que la ganancia sería para el medio ambiente pues,
decididamente, dejaríamos los automóviles en casa como lo hicimos a
finales de los 70 y los usaríamos solamente los fines de semana. Se
limpiaría el aire, se recuperaría la capa de ozono y todos felices.

Como se dice, no hay mal que por bien no venga, así que no hay que ser
tan apocalípticos en la materia.

¿Qué hacer?

Los países pobres, obviamente, son los más afectados por el precio de
los hidrocarburos, los cuales, en su mayoría usan esta energía para
los automóviles. Pero eso, nos lleva a otro punto, como es, por
ejemplo, la necesidad de volver al transporte masivo: metros,
ferrocarriles, grandes autobuses como en Bogotá, ferries, etc. esto,
por otra parte, sería un combate ganado a la cesantía pues se
requeriría de mayor mano de obra calificada y no calificada. Es más,
países como los centro americanos, caribeños, africanos y asiáticos,
que tienen ahora problemas sociales por la gran factura petrolera,
deberían ir pensando en crear más plantas eléctricas no dependientes
de los hidrocarburos; se debe ir pensando, también, en los países post
industriales en la masificación de la energía atómica limpia, etc.

Pero, todo esto, es considerando que sean ciertos los augurios
pesimistas que aún piensan que los hidrocarburos son combustibles
fósiles.

Otra de las salidas, para el reemplazo de los hidrocarburos, es el uso
del etanol que es significativamente menos contaminante y
relativamente fácil de producir a escala industrial. Brasil, por
ejemplo, produce a escalas industriales el producto que es obtenido
desde el maíz. De hecho, cualquier tipo de planta puede ser la base,
la materia prima para obtener los llamados biocombustibles. Para esto,
dicen los científicos se están desarrollando métodos menos costosos y
se podrá, en un futuro cercano, reemplazar gran parte del petróleo.

Así que, considerando esto, las noticias, realmente, no son malas y
pienso que la especulación durará lo que quieran los políticos,
quienes, al fin y al cabo, siempre son vencidos por la razón, es decir
por los científicos y los poetas.

Otra cosa que no se ha tomado en cuenta es que de acuerdo con los
avances científicos ya se ha logrado establecer que el petróleo no es
un combustible fósil: está vivito y coleando y está siendo producido
en lo más profundo del planeta, siendo conducido a las capas
accesibles para las fuerzas centrífugas de la rotación terrestre, en
donde son fáciles de recuperar. Por lo tanto, en el futuro, habrá,
talvez, más petróleo que agua.

Pero, para que de una vez por todas se acabe esta enfermiza
especulación hay que emular a Brasil en donde están usando el etanol
en un 30% de sus necesidades energéticas. Es más, los brasileños ya
tienen aviones propulsados por etanol. Se calcula que en los próximos
5 años, este combustible reemplazará el 30% del consumo mundial de
gasolina. Además, se están desarrollando importantes investigaciones
de liquificación del carbón pues las reservas, más que probadas, son
de más de 500 años.

Se está trabajando en la energía con hidrógeno, los chinos, al parecer
están muy avanzados en el uso de aire comprimido para hacer funcionar
los motores, etc. En otras palabras, todo lo que está ocurriendo
alrededor del «excremento del diablo» como le llamó Pérez Alfonso,
creador de la OPEP, a mediados del siglo XX, no es más que perversas
decisiones políticas que no tienen otra finalidad que manejar
ideológicamente al mundo para un lado o para el otro. Nos quieren
meter miedo para que nos rindamos y tengamos un pensamiento único, y
eso, no lo podemos aceptar.

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