Economía

El fantasma del ciclo económico

(%=Image(3343154,»L»)%)Buenos Aires (AIPE)- En una de sus frases más conocidas y seguramente de las más sabias, Keynes afirmaba que las políticas públicas eran guiadas por las ideas predominantes y en ese sentido los líderes de opinión estaban siendo guiados por algún economista difunto. A principios de la década del 30, dos economistas, ahora difuntos, se embarcaron en un muy rico debate acerca de los orígenes de los ciclos económicos: John M. Keynes y F. A. Hayek.

El veredicto sobre ese debate fue favorable a Keynes por parte de los economistas y sobre todo de los políticos, quienes vieron que sus conclusiones caían como anillo al dedo para algo que de todas formas estaban interesados en practicar: impulsar la «demanda agregada» a través del gasto público o la emisión monetaria.

Hoy, muchas décadas más tarde, el fantasma de esa discusión sigue rondando el debate económico y la teoría «austriaca» del ciclo, elaborada por Hayek y su maestro Ludwig von Mises, renace de sus cenizas para explicar los últimos episodios y los que parecen por venir.

Thorsten Polleit, economista principal del Barclays Bank en Frankfurt, retoma esta teoría para explicar la situación actual y advertir acerca de las posibles consecuencias. Según él, pese a que la Reserva Federal ha incrementado las tasas de interés de corto plazo seis veces seguidas, éstas todavía resultan negativas en términos reales. Asimismo las tasas en Europa se encuentran en sus niveles más bajos, tanto nominales como reales, en dos décadas, igualando a la tasa real del Banco de Japón.

Aunque a nivel internacional la inflación parece calmada, la devaluación de la moneda estaría recorriendo otro camino, lo que el autor llama «inflación de activos», especialmente propiedades, bonos y acciones, que erosionan el valor de la moneda de la misma forma que el crecimiento de un índice de precios al consumidor.

Mises ya había señalado que «el movimiento pendular que afecta al sistema económico, la recurrencia de períodos de auge seguidos de períodos de depresión, es la inevitable consecuencia de los intentos, repetidos una y otra vez, de reducir la tasa bruta de mercado por medio de la expansión crediticia. No hay forma de evitar el colapso final de un auge ocasionado por la expansión crediticia. La alternativa es sólo si la crisis llegara antes como resultado de un abandono voluntario de expansión crediticia adicional, o más tarde como una catástrofe final y total del sistema monetario».

Los economistas austriacos señalaron que la expansión crediticia genera numerosas distorsiones en la economía, pero ahora Polleit agrega un aspecto adicional, lo que denomina «trampa de la deuda». Las tasas bajas promueven el endeudamiento, tanto de individuos, empresas o el mismo gobierno, lo cual genera altos costos para modificar la política monetaria. Una política monetaria restrictiva eleva las tasas de interés y expone a un alto riesgo a los deudores, particularmente aquellos a tasa variable.

Pero si no realiza ese ajuste y continúa su política de tasas bajas terminará en la catástrofe que Mises señaló. Trata de buscar lo que suele denominarse un «aterrizaje suave» pero no siempre lo logra.

Las autoridades monetarias han centrado sus acciones en los desarrollos inmediatos (ciclos ascendentes o descendentes) en lugar de preservar condiciones estables a largo plazo. En otras palabras, aceleran y frenan en forma constante, y todos sabemos lo que significa viajar de esa forma.

(*): Rector de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE).

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