Economía

El Intervencionismo Petrolero estadounidense

Los políticos a veces hacen anuncios que luego no pueden cumplir. Esta practica incluye hasta algunos jefes de Estado. Quizás aquel «Proyecto Independencia» anunciado, hace mas de un cuarto de siglo, por el entonces presidente estadounidense Richard Nixon, es el más patético de todos en materia de petróleo. Tratándose de la superpotencia por excelencia, el mayor país consumidor, el primer país importador de petróleo del mundo y en vista de la supuesta vulnerabilidad de la seguridad de suministro en la era bipolar, lograr la autosuficiencia petrolera sería teóricamente, un objetivo estratégico de primer orden. Hoy, la dependencia de Estados Unidos del petróleo importado es mayor que nunca, lo cual refleja una de dos posibilidades: 1) que en el fondo, Washington manipuló la opinión publica estadounidense en sus sentimientos patrióticos e intereses vitales para crear y fomentar hostilidad hacia los dueños del petróleo que Estados Unidos importa; 2) que la ansiedad del Ejecutivo y Legislativo en Estados Unidos era y sigue siendo autentica.

En la primera posibilidad, este recurso de manipulación continúa y el expediente se vuelve a abrir para fines de la política interna cada vez que sea necesario, como efectivamente ocurrió en febrero-marzo próximo pasado. El incremento del precio de la gasolina crea disgusto entre el publico y como quiera que las elecciones están acercándose, Clinton hizo lo posible para que las gestiones de su Secretario de Energía fueran de tan alto perfil que públicamente se celebraron en Washington como la victoria de una política intervencionista hacia varios países de la OPEP.

La segunda posibilidad demostraría que pese a la seriedad del caso, Estados Unidos fracasó en la consecución de un objetivo estratégico. No obstante, esto no preocupa a Washington, porque sabe que siempre puede recurrir a la intervención y así interferir en las decisiones de un conjunto de Estados soberanos para que éstas sean favorables a los intereses estadounidenses.

Tiene bastante importancia el examen de las ideas arriba mencionadas, porque aunque en ambos casos el resultado es la intervención, nuestra posición ante ese intento no pudo ser per se permanentemente pasiva y complaciente. El Estado tiene sus obligaciones específicas en esta cuestión y es a la luz del análisis permanente que se toman las posiciones ante cada caso y circunstancias en particular.

No menos importante es comprender el límite del éxito que tiene la intervención estadounidense. Pronto se cumplirán 10 años desde que Washington estableció sus bases militares terrestres, aéreas y navales en el Golfo. Impuso pactos defensivos a las Petromonarquías árabes. Sin embargo, todas las presiones de Washington para que Arabia Saudita abra sus puertas a la inversión extranjera en la fase de exploración-producción petrolera, han encontrado un rotundo rechazo.

Tampoco deberíamos imaginarnos que la voluntad estadounidense es tan infinitamente poderosa como para minimizar nuestras opciones de forma autocastrante. Además de los reveses embarazosos que han sufrido las leyes D´Amato y Helms Burton en el caso de Irán y Libia la primera y Cuba la segunda, Irak es hoy el quinto suplidor de petróleo a Estados Unidos, luego de Arabia Saudita, Venezuela, Canadá y México. En la costa oeste, está desplazando la mermada producción de Alaska.

Quizás lo mas traumático para Washington es el resultado de la encuesta realizada recientemente por «Robertson´s International New Ventures Survey» entre compañías petroleras que operan en el mundo entero en actividades de exploración y producción fuera de Norteamérica. Respondieron 76 compañías que representan el 70% del total de inversiones en estas actividades a escala mundial en este año.

El país que encabeza la lista es Libia, seguido por Irán, en el quinto lugar está Argelia y en el sexto está Irak.

En la lista de los primeros 10 países seleccionados, no aparece Kazakhstán. Sin embargo, este país del Caspio con una producción actual de 600 mil b/d, en palabras de su presidente Nursultan Nazarbayev, anuncia que para el año 2015, estaría produciendo 8 millones de b/d, es decir un nivel similar al de Arabia Saudita.

Quince años es obviamente un período bastante largo. La tecnología está avanzada considerablemente. Puede haber sorpresas casi milagrosas. Pero el incremento de la producción siempre guarda relación con el comportamiento de la demanda y esta tiene un crecimiento estimado en 2,0-2,5% anualmente.

Hubo efectivamente un caso en los sesenta que distorsionó la estructura de precios a nivel casi mundial. Libia producía en 1961 apenas 18 mil b/d. Allí se descubrieron vastas reservas de crudos livianos; la demanda estaba creciendo a un ritmo del 7% anualmente; la distancia hacia el mercado europeo era mínima. En 1970, las empresas que operaban en Libia alcanzaron un récord de 3,3 millones de b/d.

Ahora si el milagro esperado en Kazakhstán llegase a convertirse en realidad, sería milagroso que Nursultan Nazarbayev o sus sucesores se quedaran inmunes al intervencionismo estadounidense.

En una zona históricamente considerada por Moscú como su área de influencia, sería bien importante para los estudiosos de estos temas observar y analizar el comportamiento del Kremlin. Interesante sería conocer las intenciones del nuevo presidente ruso Putin con respecto al futuro de su país tanto como importante exportador de petróleo, así como un país de larga tradición en tanto una potencia mundial que con relación al Caspio, al menos en el pasado, no permitía injerencia de actores extraregionales.

Analista Petrolero

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