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El juego perverso de Nicolás Maduro, por Blanca Vera Azaf

No habrá medidas que solucionen los problemas estructurales, los de fondo. Esos que afectan a esa madre que vive en el barrio. A la que sube las escalinatas con bolsas plásticas y que nota que cada día resultan menos pesadas porque la plata no le alcanza para comprar más. A esa que no le interesan los motores productivos de los que habla el presiente Nicolás Maduro, sino conseguir proteínas suficientes porque sus hijos lo único que comen son carbohidratos baratos, que lo único que hay en las bodegas de Mercal y de Pdval.

Si, ciertamente el Presidente de esta República Bolivariana que se llama Venezuela cuenta con todo el poder mediático para “anunciar” desde hace casi dos años que vienen “anuncios” de medidas económicas. Él mismo Presidente que acaba de instalar las reuniones con los distintos sectores productivos de la economía, y que al final han terminado siendo simples shows mediáticos. En esos foros ha hecho el amago de que escucha a los empresarios y quiere resolver los problemas de escasez.

En el fondo los propios ministros que recién se estrenaron en el gabinete económico comienza a mostrar su profunda frustración por las duras críticas que se hacen a un modelo económico que mantiene a la población sumida en el hambre, la angustia y la tristeza pero del que no pueden deslastrarse.

No crea usted que esas reuniones no tienen un efecto. Si lo tienen y es el de disfrazar las verdaderas intenciones del presidente Nicolás Maduro, que es “ganar” tiempo mientras espera el milagro del aumento del precio del petróleo.

Esa es la razón por la cual el ministro de Petróleo y Minería, Eulogio Del Pino, se pasea por oriente y occidente tratando de que Arabia Saudita y los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo le presten atención a este pequeño país que alguna vez fue potencia petrolera pero ya no lo es.

Y sí, las medidas si se diseñaron. Ya está listo el aumento del precio de la gasolina tan temido y cuya campaña comunicacional ha costado unos cuantos dólares, buscando convencer a una población que ya está aburrida de que le digan que el litro de gasolina cuesta más que el agua.

El incremento se esperaba para carnavales e incluso se observaron movimientos en las bombas de gasolina para adecuar los medidores de los dispensadores. El acuerdo fue aumentar el precio de la de 95 octanos entre 3 y 5 bolívares por litro. Una minucia si se toma en cuenta que la única manera de que Petróleos de Venezuela no siga perdiendo dinero es llevar tal precio a 30 bolívares por litro. Cifra que resulta explosiva si se toma en cuenta el resultado que tendría dentro de una económica amenazada por la hiperinflación y que según fuentes extraoficiales debió enfrentar un aumento de precios promedio de 15% en el mes de enero de 2016.

Consecuencias del aumento habrá. Sin embargo, lo que produce mayor preocupación es que el Banco Central de Venezuela no hará nada para prevenir que el salario se siga diluyendo. Mientras tanto la directiva del ente emisor espera los aviones que desde Alemania traerán nuevos billetes sin respaldo en oro de las reservas internacionales para continuar inflando los precios de los pocos productos que quedan en anaqueles.

La otra medida que van a tomar “eventualmente” será devaluar el bolívar nuevamente y el Cencoex aplicará una nueva tasa de cambio que no superará los 50 bolívares. Sí, usted puede pensar que es una maxidevaluación pero deténgase a pensar que el inútil Simadi tiene una tasa de cambio de 200 bolívares por dólar, y que el paralelo ya usted sabe a cuánto se cotiza pero no lo podemos escribir porque se ofende el gobierno. Sólo para que tenga una idea Bank of América Merrill Lynch calcula que el tipo de cambio de equilibrio escarpia un poco por encima de los 200 bolívares por dólar.

Y mientras los días pasan el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extrranjera, Jesús Farias, quien ha mostrado responsabilidad al  hablar abiertamente de la necesidad de revisar el tipo de cambio –cosa que no hicieron en el pasado en el ex ministro de Economía y Finanzas, Rodolfo Marco Torres y mucho menos el presidente del BCV, Nelson Merentes- va quedando también en ridículo. La razón: El temor del Presidente de anunciar esta medida, cuyo impacto será fatal para el bolsillo de los venezolanos y que apenas sumará unos pocos bolívares más a la maltratada botija de la nación.

Mientras tanto al coordinador del equipo económico, el vicepresidente Luis Salas –apoyado por el asesor dolarizado de Maduro, Alfredo Serrano Mancilla, se le ocurrió como una solución mágica y acorde a la doctrina del Socialismo del Siglo XXI, proponer ante el consejo de ministro una cesación de pago de la deuda externa.

Sí, de esos mismos 10 millardos de dólares que se deben en total en bonos de la República y de Pdvsa en 2016 y 2017. Es que va a sonar muy bonito decir que en “honor a la justicia social” hay que dejarle de pagarle a los “buitres” de Wall Street. En lo único que el sociólogo Salas tiene razón es en lo de los buitres.

Pero se le olvidó que ese discurso muy al estilo de Pablo Medina en los años  noventa no le funciona a esta nación porque aquí lo que se vende es petróleo pesado de la Faja Petrolífera del Orinoco. Si, pesado y el mercado necesita crudo liviano que lo hay en el país pero bajo la entrañas de la tierra en los abandonados e inservibles pozos de nuestro Lago de Maracaibo en donde no se invirtió ni medio dólar más.

A Salas hay que suponer que le explicaron que aquí en esta nación se compra petróleo en el exterior para mezclarlo con el que se explota en la Faja para que así algún cliente se interese. Supongo que también le explicaron que esto no tendría que hacerse si se hubieran construido los mejoradores de crudo que se necesitan para no continuar importando para la mezcla.

Pero estos no fue prioridad durante el extraordinario boom petrolero que emborrachó al gobierno, y cuyo dinero fue a parar en manos de comerciantes extranjeros que mandaban comida y alimentos a granel en detrimento de la producción nacional; o en sobrefacturaciones e importaciones ficticias que no se han investigado. Ahora al parecer la solución económica es el conuco, pero ese es otro tema.

No sabemos si el vicepresidente Salas entendió que como nunca se invirtió en nuestra maltratada Pdvsa, el sudor de nuestros obreros petroleros puede no servir de nada si se declara default, pues los proveedores internacionales atemorizados podrían decidir no vendernos hidrocarburos para mezclar con el crudo de la Faja y se paralizaría así la exportación.

Mientras tanto quedan capítulos con la puesta en escena de Maduro para distraernos con los motores económicos y día por medio insultará al presidente de Empresas Polar para tratar de radicalizar su lucha por mantenerse en el poder.

Pero este país tiene su propia idiosincrasia. Y sí, somos rentistas y no nos gusta que no haya dinero, y menos que desde el poder no se aprieten el cinturón y que continúen engañando a la gente con guerras que no existen.

Desde el propio seno del gabinete económico saben que la situación de la escasez y de la inflación no se va a resolver y Maduro está renuente a llevar a cabo cambios profundos en la economía. Habrá aumento de la gasolina y devaluación y nada mejorará porque son decisiones que no corrigen el problema de fondo: El modelo del Socialismo del Siglo XXI.

El Presidente no parece conocer el alma del venezolano y eso es lo que ha hecho que tenga un gran problema de con la fidelidad. Se le olvidó a Nicolás Maduro que este es una país de igualados, que fue Capitanía General y no Virreinato, que aquí nadie es más que nadie y que perdió las elecciones porque su modelo económico no ofrece lo que prometió Hugo Chávez: Esperanza para los hijos de la patria.

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