Economía

El mito de la propiedad social

La propiedad social es un mito. En los países comunistas en los que se ha implantado este concepto el Estado es el dueño de todo. La propiedad social es una forma excluyente del derecho humano a la propiedad privada que afecta a todos y todas. Aun cuando se afirme que la propiedad social es algo que beneficia al pueblo, se miente al no darle un título que le permita a ese pueblo o sus miembros hacer uso de ese bien o de disponer de él.

Con la propiedad social es el Estado, mediante la fórmula jurídica de República, el único que puede tomar decisiones y disponer de los bienes de “todos”. Por supuesto, el Estado es una ficción jurídica llamada legalmente República, lo que es real y material es la gente que lo conduce. Ellos se llaman funcionarios. En conclusión, quienes manejen la República se pueden hacer dueños de todo, excluyendo a todos los pobladores de una Nación de un derecho humano fundamental. De hecho es lo que ha ocurrido en todo país donde el comunismo se ha instalado.

El mito comunista de la propiedad social se apoya en el sufrimiento de los excluidos quienes no han tenido la oportunidad de ser propietarios. Pero la implantación de ese mito extiende a todos la pobreza y la confiscación de todos los bienes para dárselos a un solo dueño: el Estado o República. Así, la exclusión de todos y todas es total.

En la propiedad social todo pertenece al Estado, el único autorizado para administrarla y disponer de ella de forma exclusiva y excluyente. Detrás del Estado no está el pueblo, están los funcionarios que administran al Estado y lo mueven según los intereses “colectivos” que ellos mismos definen y deciden, por supuesto. Ello se traduce en su conveniencia y según sus intereses particulares de partido, de facción, de camarilla o de forma individual, según su jerarquía y mando. Solo en países democráticos y con un régimen de Derecho ese despojo y exclusión total se hace imposible.

En todos los países comunistas que han existido, el mito de la propiedad social o propiedad colectiva, se ha activado como esencia y forma de las leyes que la permiten. Con ello se ha destruido el concepto de propiedad privada, bajo el engaño de la propiedad social o reparto ficticio de los bienes de los ricos a los pobres. La lucha de clases hace de la destrucción del derecho de propiedad privada el mito predominante de su acción de despojo a los propietarios, para que exista un monopolio de las propiedades en manos del Estado. Ello se ha llamado en la doctrina y praxis marxista: colectivización de los bienes privados.

Con el mito de la propiedad social los gobiernos comunistas han pretendido acabar con el egoísmo y el individualismo. Para acabar con la exclusión de los pobres, el mito comunista excluye a todos de la oportunidad de tener bienes, sean pobres o no. Lo que ha ocurrido en esos países es el enriquecimiento de funcionarios a costa del saqueo de la propiedad privada y al aumento global de la pobreza.

Con la caía del Muro de Berlín y el cese de la guerra fría se puso en evidencia el mito descomunal que se vivió tras la cortina de hierro. El despojo de los antiguos propietarios se transformó en el caldo de cultivo para que funcionarios corruptos gozaran de privilegios y sometieran a la esclavitud y servidumbre a millones de rusos, ucranianos, polacos, checoslovacos y de otras muchas naciones sojuzgadas a la fuerza. Solo en los países dominados por Stalin murieron más de 20 millones de personas, de los cuales 15 millones fueron clasificados como “enemigos de clase” y 6 millones fueron declarados “disidentes”. En fin uno de los peores politicidios (crimen de lesa humanidad de persecución política) de la historia (Ver: (%=Link(«http://www.preventgenocide.org/es»,»preventgenocide»)%)). El Estado soviético era dueño de la totalidad de los bienes y excluyó a todos los ciudadanos bajo su imperio de la propiedad privada y del bienestar que eso conlleva.

Ni hablar el genocidio de Ucrania (1932-33) en el cual murieron más de 7 millones de ucranios por causa de la hambruna, luego del proceso de “deskulakización” ordenado por Stalin, el cual dejó sin propiedad alguna ni alimentos a todos y cada uno de los campesinos y ciudadanos de ese sufrido país. También se prohibió cualquier tipo de comercio de bienes. Comer trigo era un delito. Ese genocidio es llamado “holodomor” que significa muerte por hambre. (Ver: (%=Link(«http://www.ucraniaonline.com «,»ucraniaonline.com «)%)). Stalin fue el responsable directo e indiscutible de esa masacre, al ordenar el bloqueo militar de todas las fronteras de Ucrania y la confiscación de tierras productivas, alimentos, semillas, ganado, instrumentos de labranza y todo género de bienes de los ucranios.

De su parte, la China Comunista arrojó una cifra de 35 millones de “enemigos de clase” muertos, dentro de los cuales muchos perecieron por sus creencias religiosas; musulmanes, budistas, cristianos, Falun Gong y otras minorías. En total, se contabilizan unos 78 millones de muertos por Democidio, es decir, un nuevo concepto para una vieja práctica de muertes en masa del pueblo, ocasionada por gobiernos (ver: (%=Link(«http://www.hawaii.edu/powerkills/welcome.html «,»hawaii.edu»)%)). Otros gobiernos comunistas han hecho lo mismo en Cuba, Vietnam, Camboya, Corea del Norte, con resultados también dramáticos.

Un ejemplo de lo que es propiedad social se encuentra en el concepto mismo de República, que es una voz proveniente del latín Res Publica y significa cosa de todos. En teoría, la República es propiedad de todos los ciudadanos que viven en ella y que la mantiene con sus impuestos. La realidad es que la República la poseen unos pocos y, en su manejo distorsionado del poder, la pueden usar, con todos sus recursos militares, económicos, petroleros, jurídicos, e institucionales, en contra de todos quienes no comparten la ideología marxista leninista.

El llamado Estado Unitario comunista tiene como rasgo inherente la inexistencia de división de poderes y la persecución de empresarios y la confiscación de la propiedad privada. Las democracias se rigen, por el contrario por el concepto de la división de poderes y la libertad económica, que impide el despojo de los propietarios individuales.

Frente al mito de la propiedad social comunista hay que decir la verdad. Se hace necesario que se informe a estudiantes y demás ciudadanos de la historia reciente del mundo y veamos en los pocos países comunistas que todavía existen a expensas de sus ciudadanos arruinados por el monopolio estatal de bienes y de cosas. En fin, los dueños del Estado pasan a ser los dueños de toda propiedad social.

El derecho internacional y la doctrina de los derechos humanos afirman que la propiedad privada, como todos los otros derechos humanos, es un derecho universal, interdependiente, progresivo, indivisible e inviolable, que todos los Estados que han firmado los tratados en que se consagra están obligados a reconocer, respetar y garantizar (Ver mi artículo: (%=Link(«http://analitica.com/va/economia/opinion/2485259.asp «,»El 10 de diciembre y la propiedad privada»)%).

En conclusión, la afirmación de la libertad humana y la prosperidad económica, pasa por el respeto a la propiedad privada y la imposibilidad jurídica de la propiedad social, ello requiere la instauración de la democracia, la división de los poderes y el fortalecimiento del Estado de Derecho y de Justicia, como fórmula para impedir el comunismo y su mito de la propiedad social.

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