Economía

El negocio de las Tarjetas de Crédito

Uno de los instrumentos de política económica que es utilizado para
estimular el crecimiento de una economía es el nivel de las tasas de
interés. Estas se constituyen en el precio del dinero que debe pagarse por
financiar cualquier actividad económica, la disminución de la tasa de
interés reducirá el costo del crédito y permitirá que más personas y
empresas acudan a los intermediarios financieros para obtener los recursos
que necesitan para fines de inversión o de consumo. En Venezuela se ha
realizado un esfuerzo por reducir progresivamente las tasas de interés, así
las tasas activas o de préstamos que llegaron a niveles cercanos al 50% en
el año 2002, bajaron al 26% en el 2003, luego a 18% en el 2004 y en el 2005
y 2006 se han mantenido estables entre niveles de 14% y 16%. El efecto de la
reducción en las tasas de interés ha sido un aumento sostenido de los
niveles de crédito del sistema financiero y especialmente los créditos
orientados al consumo, como tarjetas de crédito y vehículos. Para los años
2004, 05 y 06, la cartera de créditos de la banca se incrementó en 109 %, 75
% y 63%, respectivamente. En ese mismo período los créditos al consumo
crecieron en 63 %, 114 % y 119%, y en el segmento del financiamiento al
consumo, las tarjetas de crédito mostraron un auge sin precedentes,
creciendo en estos años a ratas del 50 %, 73 % y 102%.

Todos estos números que parecen confusos, revelan que es cierto el
crecimiento económico, y que este se refleja en una mayor demanda de
crédito de parte de las empresas, pero no es menos cierto que el crecimiento
es también consumo, y que por ello aumenta el uso de instrumentos
financieros como la tarjeta de crédito. Una de las formas de financiar la
adquisición de bienes y servicios es la utilización de las tarjetas de
crédito, éstas se han masificado en el país, las instituciones financieras
en el contexto de una expansión económica, disminución del desempleo,
aumento del salario real y crecimiento de la liquidez ofrecen este
instrumento con enormes facilidades y en casos hasta sin solicitarlo. El
consumo mediante tarjetas de crédito logró crecer de 1.258 millones de
bolívares en el año 2002 a 7.789 millones de bolívares en el año 2007,
crecimiento que no solo remite a la expansión del negocio, sino que es uno
de los más significativos aportes a la rentabilidad de la banca, puesto que
el financiamiento a través de las tarjetas de crédito es el más costoso,
porque a él se asocia la mayor tasa de interés vigente en el mercado
financiero y en consecuencia produce excelentes ingresos. La rentabilidad
producida por las tarjetas de crédito ha estado afincada históricamente en
un artificio de ingeniería financiera que les ha permitido realizar el
cálculo de los intereses utilizando la práctica del anatocismo, extraño
término que simplemente significa cobrar intereses nuevos sobre intereses
causados. Cada institución financiera establece la forma de cálculo de los
intereses bajo un esquema complejo e incomprensible para el deudor, y como
la mayoría de los usuarios de tarjetas de crédito financian sus consumos en
los plazos ofertados por las instituciones bancarias, también la mayoría ha
sido victima de una deuda que no se extingue porque los intereses que se
generan mensualmente, son el producto de la capitalización de los causados
en el mes anterior. Si a esto sumamos todo tipo de comisiones, por emisión,
por servicio, por estados de cuenta, por tarjetas adicionales, por cobranza
y cualquier otra, es perfectamente comprensible que los ingresos por
comisiones representaran en el año 2006 1,4 billones de bolívares, lo que
significó un aumento del 54 % respecto a los alcanzados en el 2005.

En la ruta hacia la democratización financiera, recientemente se produjo una
decisión de suma trascendencia en Venezuela, el Tribunal Supremo de
Justicia, dictó sentencia sobre las condiciones que rigen el negocio de las
tarjetas de crédito. Dicha sentencia ordena a la Superintendencia de Bancos
y otras Instituciones Financieras que impida el anatocismo y sancione a
quienes lo practiquen y que; en consecuencia, no autorice la aplicación por
parte de las entidades bancarias o financieras de sistemas de cálculo de
intereses sobre intereses generados en facturaciones anteriores, además,
si en fecha anterior a este fallo, los emisores han realizado prácticas
anatocistas, los perjudicados podrán reclamar el pago de las sumas
indebidamente cobradas, igualmente ordenó que se unifique la fórmula y
metodología del cálculo de los intereses a ser aplicada al sistema de
tarjetas de créditos, y que se informe a los usuarios del nuevo
procedimiento. Al Banco Central de Venezuela se le instruyó fijar
anualmente y de inmediato a este fallo, la tasa de interés máxima y mínima
para las tarjetas de crédito, con base en los principios de equidad y
proporcionalidad, que protejan tanto al sistema crediticio como al
consumidor del mismo, y al Indecu se le ordenó impedir que los negocios
afiliados incrementen los precios de los bienes o servicios debido al pago
de dichos bienes con tarjetas de crédito.

En relación a los contratos de emisión de tarjetas de crédito se estableció
la obligatoriedad de las entidades bancarias de poner a la orden de los
usuarios, el texto de los referidos contratos, así mismo, deberá eliminarse
el cobro de los gastos de cobranza no causados; los de mantenimiento o
renovación de la tarjeta y los de emisión de los estados de cuenta, pues
ellos son necesarios para que el negocio jurídico tenga lugar y, por tanto,
corren a cargo del emisor y no del usuario. Del mismo modo la Sala
Constitucional prohibió todo tipo de coerción para el cobro de los saldos de
las tarjetas, este deberá realizarse teniendo en cuenta la dignidad del ser
humano.

Transparencia, equidad, humanización, más que competencias son los valores
del nuevo Estado venezolano, empresa y rentabilidad son posibles siempre que
reconozcan una institucionalidad que privilegia al hombre y no al capital.

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