Economía

El presupuesto de las Mil y una Noche

El (%=Link(«http://analitica.com/bitblioteca/hchavez/default.asp»,»Presidente de la República»)%) tiene un asesoramiento sesgado –en lo económico y político- en materia de petróleo al embarcarse en una nueva cruzada para recuperar los precios del petróleo. Alguien le debe explicar que la caída de los precios, además de los factores políticos recientes de la guerra contra el terrorismo, obedece al comportamiento de los fundamentales y que como una fatalidad cíclica se presenta cuando cae la demanda. Asi mismo le deben explicar que una contracción adicional de la producción de petrolero en estas tierras empeorará las cuentas fiscales porque la ecuación volumen y precio no se cumple al pasar los precios cierto umbral, y antes que provocar reducción exige mas racionalmente un aumento de la producción.

De allí que la caída de los precios del petróleo combinado con bajos niveles precarios de producción –por debajo de tres millones diarios- le esta dejando un hueco al fisco de mas de 4.5% del PIB a 16.5 dólares (precios de hoy) y con volúmenes menores que los previstos en el Presupuesto del 2002. Deben también decirle al Presidente que la economía mundial entra en recesión y que ello no es juego, dado que implica una caída fuerte de la demanda por petróleo y por ende menores precios; y que un recorte no garantiza entonces mayores precios. De la misma manera le deben informar que el juego – y las reglas- en el cartel OPEP no es el mismo con precios en alza que en baja, la violación de las cuotas se observa mas cuando el precio tiende a la baja que cuando sube. Una revisión de esa historia no estaría mal.

En esas condiciones es preferible y recomendable que la producción se expanda para compensar parcialmente lo caída de los ingresos por bajos precios; ello, aunado a la necesidad de introducir realismo en la Asamblea – si es capaz de enfrentarse políticamente al ejecutivo- para remendar el Presupuesto presentado, el de las mil y una noches, y que, a todo evento no se corresponde con la realidad económica nacional e internacional. La economía venezolana va inevitablemente hacia una recesión en el 2002, por razones que son obvias, parte por la caída de los precios y parte por el elevado costo que se paga por la «revolución»; este ultimo, causante del estancamiento de la inversión privada.

Así las cosas, las metas del Presupuesto deberá ajustarse, sobre el único elemento de orden que permite hacerlo: disminuir el gasto del 2002 en relación al 2001 en un aproximado de 4% del PIB. Ello ayudará a reducir la carga financiera del endeudamiento previsto para financiar el déficit del 2002, que como sabe, pagan elevados intereses por carecer de acceso a los mercados internacionales, en condiciones de un país de menor riesgo, y que impide obtener no solo dinero fresco a tasas menores, sino que las condiciones en el mercado financiero internacional ofrecen la posibilidad de un arreglo financiero serio en un canje de deuda para acomodar el perfil de esta y facilitar las finanzas del fisco. Pero, para accesar esos mercados, es necesario reducir el riesgo país, porque todo el mundo sabe que la elevada prima –de riesgo- que se paga por dinero externo de 870 puntos base constituye el riesgo político generado por la «revolución permanente».

Del presupuesto presentado es evidente que del vendaval de gastos de estos dos años se ha incrementado la rigidez fiscal, ello, particularmente cuando el «ahorro» del FIEM se ha convertido en una mala inversión, al compararse que el endeudamiento en estos dos años con intereses reales –dólares- de 15.5% en promedio es muchísimo mayor a los rendimientos (3%!!) que genera el ‘ahorro» del FIEM. Si evaluamos ese trade off en términos de costo de oportunidad, es evidente que para manejar las finanzas del Estado se requieren unas cuantas clases de matemáticas financieras de primer año en una universidad cualquiera del país.

Existen así dos grandes restricciones financieras que requieren que la política fiscal de 2002 sea de austeridad y, un reconocimiento a que la labor redistributiva que se viene haciendo por vía parafiscal y no controlable y que induce el derroche de fondos públicos no controlados debe terminar, lo que por supuesto, generara costos «políticos», porque todo lo que se ofrece no se podrá pagar. En ese sentido, la primera restricción viene por caída en los precios del petróleo, mientras que la segunda, por el elevado costo del endeudamiento que le imprime inestabilidad a las finanzas públicas para el 2002. Con la primera, es poco lo que se pueda hacer, mientras que en la segunda, se puede avanzar, reduciendo el riesgo país; solo que ello pasa por un retorno a una economía política estable y de mercado, cuyos mecanismos después de todo, funcionan, mandando desde luego a la revolución de vacaciones y enfrentar la labor de estado de manera mas seria.

En cuanto a la fuente de ingresos internos, distintos del petróleo, el gobierno debe reconocer que la ‘revolución» y su elevado costo ha desactivado mercados privados formales, y con ello ha reducido la capacidad de generar ingresos fiscales no petroleros, lo que al mismo tiempo se aprecia en la perdida de puestos de empleo formales. En términos de política económica, el remedio es barato, las salidas son evidentes, pero en términos de economía política, la revolución es cara y no habrá dinero para seguir financiándola.

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