Economía

El ruleteo de los hospitales en Venezuela: una situación que se agrava cada día

La atención médica hospitalaria en Venezuela está en crisis desde hace muchos años: la falta de medicamentos y equipos para que las personas puedan recibir al menos, los primeros auxilios, está en constante emergencia.

Pero ante esta falla de insumos, también se suma la escasez de gasolina para el traslado de las personas enfermas, situación que se agravó con la llegada de la pandemia.

Correr de un hospital a otro para rogar por una revisión, una toma de tensión arterial u otro insumo para que una persona pueda ser atendida, es tiempo clave que juega entre la vida… y la muerte.

Analítica.com conversó con varias personas quienes contaron toda la travesía que tuvieron que pasar para lograr ser atendidos en un centro médico asistencial.

José Pérez corrió el lunes 1ero de marzo con una caída que sufrió una de sus tías, quien tiene una condición especial. La señora que estaba en compañía de una sobrina, se llevó un golpe en la cabeza.

Pérez había aprovechado parte de la mañana para ir a una estación de servicio y surtirse de gasolina porque ese día le tocaba de acuerdo a su terminal de placa. Cuando llegó a casa de su tía, la señora empezó con episodios convulsivos, para un total de cinco. Una vecina que es doctora, les recomendó que no la movieran porque se desconocía si el golpe le podía haber afectado alguna zona del cuello.

La odisea por una ambulancia

Pérez y su familia viven en la periferia de Caracas. Guarenas, estado Miranda. Se dirigió hacia el cuerpo de bomberos de la región. No tienen unidades desde hace varios meses, y los de Guatire ya cumplieron seis años sin ambulancias. El cuerpo de Defensa Civil tampoco tenía.

José, en medio de la desesperación, halló una ambulancia en plena avenida intercomunal y, con su carro, la interceptó. «¡Tengo una emergencia, mi tía está convulsionando y necesito una ambulancia!», le expresó a la persona del camión asistencial. A los minutos llevaron a la señora a un centro de atención médica ubicado en el Centro Comercial Buenaventura.  «Ahí la atención fue buena, tuvo una fisura craneal y un edema y la remitieron a un sitio para hacerle un TAC (Tomografía Axial Computarizada). Salí del sitio a comprar las medicinas», contó Pérez para Analítica.com.

Eso no fue todo. Cuando remiten a la señora a otro lugar para el TAC, Pérez le indicó a los encargados de la ambulancia que necesitaba  trasladar a su tía a la clínica Ozanam en Guatire para poder hacerle el estudio. Atención que no le fue negada aunque debía cumplir un requisito: dirigirse hacia las oficinas de la ambulancia en Guatire para tramitar la solicitud formal del traslado. Pérez fue hasta el sitio y allí la encargada aunque le indicó que sí podían prestar el servicio, la unidad no contaba con suficiente gasolina y por eso habían dejado a la paciente en ese primer centro médico porque ya no tenían combustible.

Pérez les ofreció entre 10 y 15 litros de su combustible, aunque la rabia se apoderó de él ante toda la situación que debe pasar una persona para lograr ser atendido. ¡«No puede ser que uno tenga que pasar por esto. Si no tienes palanca, te mueres en este país; si no tienes dinero, te mueres en este país. Estoy indignado!», expresó.

Recorrieron cinco hospitales

La situación no fue diferente para Karen y su abuela, una señora de 83 años de edad, quien convulsionó y su familia tuvo que sacarla de inmediato a un hospital. Pero no fue solamente a uno, ni a dos, ni tres, ni cuatro, sino cinco. En ninguno fue atendida, al final tuvo que ser recluida en una clínica en donde tuvieron que cancelar 600 dólares por el ingreso.

«Mi abuela presentó un cuadro que no sabemos si fue falta por falta de oxígeno o un ACV (Accidente Cerebro Vascular). Como vimos que entró en colapso la sacamos directamente a los flores de Catia, ahí nos dijeron que no la podían atender porque eso era un CDI (Centro de Diagnóstico Integral) centinela (por la pandemia del coronavirus) y solo estaban atendiendo a personas asintomáticas y de ahí fuimos al Periférico de Catia ahí tampoco la quisieron dejar. Luego fuimos al CDI de Agua Salud ahí nos dijeron que tampoco la podía atender. Nos trasladamos al Pérez Carreño y ahí nos dijeron que la podían dejar en una camilla en el pasillo pero que no se harían responsables», contó la nieta de la paciente.

Karen tiene la suerte de contar con un familiar en el exterior, quien tuvo que pedir dinero prestado en su trabajo para así poder hacer una transferencia vía Zelle y que la señora pudiera ser ingresada en una clínica privada de la capital. «La atención en la clínica ha sido buena, nos han pedido algunos medicamentos, más que todo antibióticos, aparte de las cosas esenciales que mi abuela usa a diario», puntualizó.

La tensión a contrarreloj

Xiomara López vive en San Juan de los Morros, estado Guárico, región donde también residen sus hermanos y padres, éstos últimos viven en un sector que queda a una hora del centro de la ciudad, en donde no funcionan las líneas telefónicas desde hace más de un año. Como pudo, el padre de Xiomara, logró contactarla para pedirle que buscara un carro porque su mamá se sentía mal.

Todo indicaba que era un asunto de hipotensión arterial.

Lograron conseguir un carro y se dirigieron a un CDI cercano al centro de San Juan. Ahí no había tensiómetro. Tuvieron que salir a buscarlo. La paciente estaba descompensada porque también tuvo vómitos y diarrea. Pero tampoco había medicamentos en el lugar para ofrecerle los primeros auxilios, aunque cuando por fin pudieron tomarle la tensión, se fijaron que la situación la había generado una subida de la presión arterial y allí le indicaron que lo primordial era estabilizársela por ser una paciente cardiaca. En el CDI estuvieron alrededor de tres horas con su madre bajo observación. Una vez que le normalizaron la tensión, le indicaron una serie de exámenes (perfil 20 y electro) para determinar qué le produjo esa subida de tensión.

La señora fue egresada. Sin embargo, persistía el malestar que volvió a hacer mella cuando llegaron a casa. Una nueva descompensación, vómitos, relajación de esfínteres y un dolor en el pecho los puso a correr y gracias a la ayuda de un amigo, contaron con el traslado para ello.

El nuevo Seguro Social de la región fue la primera opción. «Tiene pocos meses de inaugurado y el Gobernador dice que es lo máximo, con la mejor tecnología, pero apenas nos bajamos en la emergencia nos regresaron porque ahí no contaban con los equipos para hacer un electro», expresó Xiomara a Analítica.com.

De ahí fueron remitidos a un hospital que está al lado del Seguro Social. Tampoco tenían tensiómetros y los médicos residentes que estaban de guardia les informaron que no había medicamentos y que podían llevarla al CDI “Ché Guevara” que les queda retirado, pero hasta allá fueron a parar.

Le hicieron el electro, sí. Pero malo. Pusieron de manera incorrecta el papel que arroja la electrografía y los resultados fueron extraños. No sin antes le “detectaron” coronavirus a la señora. Así sin más.

Xiomara les dijo que no, que su madre estaba trancada por un dolor en el pecho y que no había parado de vomitar, pero no tenía coronavirus. «Mi mamá es hipertensa», expresó.

De ahí tuvieron que dirigirse hacia una clínica que les recomendaron. «La situación fue diferente después de venir decepcionados de todos esos hospitales públicos. Nos ingresaron a una habitación, mi mamá recibió todas las atenciones, un médico le dio una medicina para bajar la tensión ya que el captopril no había hecho efecto», dijo.

A la paciente le normalizaron la hipertensión y egresó de la clínica cerca de la medianoche. «La atención fue de maravilla. Gracias a un apoyo no tuvimos que gastar nada ahí. Hubiese tenido que pagar entre 80 y 100 dólares que no los teníamos en ese momento. Lo que sí es que vamos a necesitar mucho dinero para hacerle todos los exámenes que le mandaron a hacer y estamos en eso para ver qué le produjo esa subida de tensión», dijo Xiomara.

Xiomara contó que esta es la triste realidad del venezolano. «Si nosotros no hubiésemos tenido este apoyo de este amigo que nos rodara para todos lados, ¿cómo hubiésemos hecho? ¿Dejamos que se nos muera un familiar por no contar con los recursos básicos?, no todos tenemos para pagar una clínica», subrayó.

Sin información ni atención

María Rodríguez perdió a su mamá hace poco tiempo. No sin antes haber pasado toda una odisea en los hospitales de Caracas para lograr que fuese atendida. Atención llena de malos tratos y cero empatía con la paciente y familiares.

La contingencia con la salud de su madre empezó en noviembre de 2020. Un EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) le hacía difícil el camino para respirar. Con una saturación de oxígeno en 52 llevó a sus familiares a trasladarla a una clínica popular. Ahí no fue atendida porque «no había emergencia».

En el Hospital Militar Dr. Carlos Arvelo tampoco la atendieron porque solo aceptaban a personas afiliadas al centro hospitalario. Finalmente fue recibida y atendida por el equipo del Hospital Dr. Miguel Pérez Carreño.

«Es desesperante porque tienes que ruletear por toda Caracas a una persona que le falta oxígeno, que puede entrar en paro. Mi mamá estaba entrando en paro, con una saturación muy baja y una tensión en 200, y que no recibía atención médica fue muy fuerte», contó María.

En el Pérez Carreño fue asistida con lo que necesitaba al momento: oxígeno y tratamiento. No obstante, esta situación de su salud con su mamá se presentó en varias ocasiones, siendo la última vez el 19 de diciembre de 2020: la señora entra en paro respiratorio y deciden dejarla hospitalizada. Durante su estancia, aunque le garantizaron los antibióticos, los exámenes debían realizárselos en una clínica porque el hospital no tenía ni reactivos para unos simples exámenes de laboratorio ni resonancias magnéticas.

«Nosotros tuvimos que cubrir los exámenes y algunos medicamentos como los broncodilatadores», dijo.

Cero empatía con los familiares

Para María, no solamente la situación de salud de su madre fue una angustia, sino también el trato recibido en el hospital. Ante el contexto de la pandemia por el coronavirus, cuando un familiar va a solicitar información, son maltratados. «Hay que ser más empáticos y a veces el personal médico era muy grosero. Todas las personas que están en un hospital son porque están pasando un mal momento. Se ven casos terribles y lo único que uno quisiera saber es cómo está su familiar y que no te permitan entrar u obtener información, es muy difícil», manifestó.

María se enteró del fallecimiento de su madre al día siguiente de haber ocurrido el deceso. No fue informada al momento. Y casos como el de ella lo vio en otras personas que iban al hospital a llevar insumos y era en ese instante cuando les decían que habían fallecido. «Mi mamá estaba aislada por una enfermedad pulmonar, ella no tenía covid19 pero era lo que se veía en esa área. Fue traumante», finalizó.

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