Economía

En Viena terminó un round… la pelea continúa

Como corresponde a una decisión difícil y peleada, la Asamblea de Ministros de la OPEP concluyó el pasado martes 28 con la decisión mayoritaria, no unánime, de elevar los niveles de producción en 1 millón 700 mil barriles diarios. De hecho, según los estatutos de dicha Organización y como lo recordara el disidente Ministro de Petróleo de Irán, esta decisión mayoritaria no puede presentarse como un Acuerdo de la OPEP, pues para ostentar esa categoría se requiere el voto unánime de todos sus miembros.

Como ya referimos en nuestra anterior entrega, no se trata de un asunto de poca monta: los mayores poderes económicos y políticos de este mundo está involucrados en la cuestión. Y si antes ejemplificamos esta significación con la campaña previa que fuera desarrollada por los poderes mencionados para influir en todos y cada uno de los miembros de la OPEP a la hora de tomar sus decisiones, ahora podemos hacerlo citando las primeras reacciones que ha concitado la decisión de Viena:

En una nota de prensa fechada el 29 de marzo, la Agencia Internacional de Energía, el organismo que agrupa a los principales consumidores mundiales, le da una calurosa bienvenida a la decisión de la OPEP: «OPEC’s action today is very welcome». El vocero de esa organización reconoce que el aumento es menor que el esperado por muchos de los países importadores, pero otorga gran importancia al hecho de que la OPEP haya dispuesto la realización, el mes de junio próximo, de una nueva reunión para revisar la situación del mercado.

Por su parte Bill Clinton también expresó su satisfacción por una decisión que, según él, «permite mantener el crecimiento económico mundial y proporciona mejor equilibrio entre la oferta y la demanda de petróleo» (El Universal 29/3/2000, pág. 2-4).

Si recordamos las agrias referencias de la semana pasada respecto a «las prácticas cartelizadoras de la oferta petrolera de la OPEP» y las amenazas de suspender ayudas militares y liberar volúmenes de las reservas estratégicas, podemos inferir que este cambio de 180 grados, que les lleva a presentar a la OPEP como una benéfica estabilizadora del mercado, es una expresión de que los países consumidores están logrando los objetivos de sus campañas intimidadoras.

Tal giro de la óptica de los consumidores me hace recordar la manida anécdota -más bien lugar común- del dirigente socialista alemán del Siglo XIX, Augusto Bebel, quien al observar que sus enemigos políticos aplaudían un discurso suyo, exclamó «¡¿Qué has dicho viejo imbécil, que la canalla te aplaude?!». Sin embargo, y dándole alas a un hipotético escenario «todos ganan», ello no quiere decir que los miembros de la OPEP saldrán inevitablemente perjudicados, pero la posibilidad de que eso pueda suceder es lo que explica, en parte, la reticente actitud de Irán. La propia Agencia Internacional de Energía, en el comunicado de prensa antes citado, sostiene que entiende la preocupación de los países productores respecto a que un gran y repentino incremento de la producción pueda disparar un colapso de los precios. Otros analistas del mercado petrolero internacional, notoriamente algunos voceros de los productores domésticos norteamericanos, como la revista «Oil & Gas Journal», han expresado su preocupación por un colapso que los hundiría a ellos en primer lugar, al discutir sobre la capacidad de la OPEP para manejar un «aterrizaje suave» de los precios.

Dentro de este complicado panorama, donde cualquier desliz nos puede conducir al desastre, lo cierto es que, como ya hemos dicho, la OPEP está demostrando su condición de fiel del mercado petrolero, cuyo nivel de producción hace la diferencia entre un alza desmedida y un colapso de los precios. Las experiencias antinómicas de los últimos años, el desastre al que nos condujeron las irracionales políticas expansivas del período 97-98, versus la triplicación de los precios en el 99-2000, es aleccionadora en esta materia. La voluntad OPEP de mantener un monitoreo cercano sobre la evolución del mercado y la disposición de revisar continuamente las decisiones tomadas sobre los niveles de producción, constituyen las condiciones mínimas necesarias para lograr el casi siempre esquivo equilibrio.

En cuanto a Venezuela, el nombramiento del Ministro de Energía y Minas, Alí Rodríguez, como Presidente de la OPEP, es una expresión más del reconocimiento general a la conducta de cumplimiento cabal de las cuotas que, en los hechos y a pesar de algunas declaraciones preocupantes, ha mantenido el gobierno venezolano desde marzo de 1999. La conveniencia de esa política restrictiva y de administración de la oferta para el país, para la inmensa mayoría de los venezolanos, está a la vista de todos, menos para Andrés Sosa Pietri, quien se lamenta por el nombramiento de Alí Rodríguez, porque ello nos compromete aún más con la OPEP y frustrará su escenario particular, según el cual es mejor «vender 8 millones de barriles a diez dólares que dos millones de barriles a 40». El único cambio que la realidad ha introducido en esta óptica tan particularmente centrada en el propio interés del proponente como empresario, indiferente con lo que le pase al resto del país, es que Sosa Pietri ha actualizado la fórmula anterior a los nuevos tiempos, incorporando también él un «recorte» a su fantasía: ahora dice que «es mejor vender 5 millones de barriles a 10 dólares que 2,5 millones a 20». Luis Giusti, entrevistado por CNN, también pretendió aprovechar la oportunidad para volvernos a vender su comprobadamente fracasada fórmula de expansión de la producción petrolera y apertura total de la industria al capital extranjero. Simplemente los mismos argumentos que hemos estado combatiendo en esta columna durante años. (Y cuya disección seguiremos haciendo en próximas entregas)

El momento es oportuno para la reflexión. Aunque la decisión de los 10 países de la OPEP que la aprobaron fue tomada hace apenas pocas horas, en los próximos días se producirá mucha información y análisis sobre el tema. Amanecerá y veremos.

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