Economía

Energía, pobreza y productividad

La relación entre energía y pobreza concentra una gran preocupación en el tratamiento de ambos temas. Por un lado, en los foros energéticos es central resolver el problema de llevar energía convencional a 2.000 millones de personas que carecen de ella en todo el planeta. Al mismo tiempo, en las reuniones que tratan el tema de la pobreza se considera fundamental dotar de energía moderna, principalmente electricidad, a las poblaciones depauperadas. Especial atención se presta a la relación entre electricidad y desarrollo. Una idea normalmente aceptada es que la electricidad posibilita la lectura y la educación permitiendo acceder a niveles superiores de conocimiento y superar por esta vía la economía de subsistencia.

De acuerdo con este criterio se han aplicado numerosos programas de electrificación en todo el tercer mundo como una forma de reducir los niveles de pobreza. Sin embargo, a estas alturas, si se realiza una evaluación de dichos programas, los resultados son decepcionantes. Un buen ejemplo al respecto lo constituye nuestro propio país. En los años 60 se produjo la electrificación en forma masiva, hasta llegar a alcanzar un nivel superior al 90% en la década de los 70. Hay que reconocer que este programa representó el principal logro de CADAFE y su gran aporte al desarrollo del país. Sin embargo, no se logró ni el aumento de la productividad ni la consecuente disminución de la pobreza que se pretendía. Hoy seguimos siendo un país dependiente de las importaciones, se mantiene el éxodo rural-urbano y la pobreza en el campo.

¿Qué se puede concluir? Parece claro que la electricidad es una condición necesaria para lograr el desarrollo, pero en absoluto suficiente. Hace falta algo más. Si bien es cierto que tener luz permite leer por las noches contribuyendo a superar el analfabetismo y mejorar la educación, estos logros no son automáticos. Los programas de electrificación deben acompañarse de otros que permitan traducir la ventaja de disponer de esta moderna energía en un aumento de la capacidad productiva. ¿Cuáles pueden ser estos programas?

Nadie lo tiene claro, por eso el problema de la pobreza es tan persistente y difícil de superar, pero yo me voy a atrever a lanzar una hipótesis, confesando que lo hago sin tener total convicción. Pero creo que, aunque no explique completamente el fenómeno, puede arrojar luz sobre los caminos para superarlo.

La pobreza está asociada a la incapacidad de producir en cantidades suficientes, y yo me atrevería a afirmar que está asociada a la comprensión de dicha incapacidad. Cuando alguien, persona, población o país, entiende que puede producir más de lo que produce la pobreza empieza a superarse. De modo que el concepto que debe transmitirse, y puede convertirse en la mejor forma de ayuda a los países pobres, es el de productividad.

La productividad requiere un cambio cultural que eleve a la población por encima de las formas tradicionales de producir, que internalice la necesidad de producir excedentes. Cuando se dota de energía calórica a una población aislada en África y esto evita que las mujeres de la misma dediquen medio día a recoger leña, la consecuencia inmediata es que aumenta el tiempo libre, sin que la mejora se traduzca en un aumento en la producción de bienes y servicios. La mujer se libera de su tarea pero su relación social no le permite asumir otra función. De allí que el aumento de la productividad requiere un cambio cultural que involucre a toda la comunidad.

Entender que se puede sacar más con los mismos recursos es mucho más importante que la dotación de energía y puede convertirse en la palanca que saque a las sociedades de la economía de subsistencia. La recomendación es que junto a la dotación de energía se emprendan campañas dirigidas a internalizar la importancia de la productividad.

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