Economía

Envilecimiento monetario

Venezuela fue un país que gozó de estabilidad monetaria singular. Era la envidia de Latinoamérica. Cuando la inflación hizo estragos en los países de la región, hasta 1983 nosotros gozamos de una paridad estable de 4,3 Bs/$ que nos permitía proteger nuestros patrimonios e importar bienes que no se producían en el país. Éramos un país petrolero con una industria más o menos adecuada y un comercio intenso.

       Aquel viernes negro de febrero del 83 fue el decreto de la debacle monetaria nacional. Así se inició una terrible cuesta que medida en lapsos de cinco años nos muestra los siguientes valores: feb 83: 4,30; feb 88: 29,45; feb 93: 82,85; feb 98: 517,25; A partir de 2003 hemos recorrido un esquema cambiario lleno de recovecos, cambios diferenciales, taquillas llenas de problemas, discriminaciones y arbitrariedades que se han constituido en elemento decisorio y fundamental en el deseo de destruir el país.

       La historia de nuestra moneda durante los recientes ocho años es muy triste. Es el reflejo de lo que está pasando en nuestra economía. Las restricciones que se han impuesto desde el palacio de misia Jacinta y que han sido vilmente apañadas por la directiva del BCV, han debilitado nuestro signo monetario al extremo de que hoy, para comprar un dólar controlado se necesitan más de cinco bolívares fuertes, es decir, más de cinco mil bolívares de los de fines del siglo pasado y para negociarlo libremente es necesario colocarse al margen de la ley.

       Una de las contribuciones más notorias y notables, amén de las absurdas políticas económicas del régimen, fue la implantación, el 1 de enero de 2008 del llamado bolívar fuerte, que de fuerte tiene poco o nada. Para ello, se le quitaron tres ceros a las expresiones anteriores. Esta escaramuza matemática que tenía poco sentido económico, solo ha servido para esconder los demoledores efectos de la inflación y de su consecuente devaluación.

       El manejo desordenado y oculto, a través de supuestos fondos que esconden la corrupción, se fundamentó en una absurda limitación a las reservas que debía registrar el BCV y cuidar en sus arcas. Nunca habíamos imaginado que una persona, natural o jurídica, le pusiera tope superior a su patrimonio.

       Los absurdos obsequios de dinero a supuestos países “amigos”, que solo han servido para acompañar al régimen en sus deseos de esparcir por toda América Latina el mal parido “socialismo del siglo XXI” que ha patrocinado el Foro de Sao Paulo.

       El robo, que no admite la calificación de expropiación, de ingentes cantidades de fundos agropecuarios, fábricas y negocios, hace que la productividad del país sea decadente. Los servicios públicos, agua, energía y teléfonos que se deterioran a pasos agigantados.

       Para poner final a esta perorata, llamamos la atención sobre una nimiedad. El “cono” monetario que se creo en 2008, mal diseñado, pues apenas tiene en circulación el billete máximo de cien bolívares,  cuyo valor cambiario es menos de veinte dólares, está plagado de virutas que no sirven para nada y todavía se hacen circular monedas que debieron desaparecer el 31 de diciembre de ese triste año. Nuestro signo monetario da pena y lástima.

Mientras redactamos estas líneas, nos enteramos que los suizos, que si saben de política monetaria, le han impuesto un límite al valor del cambio de su moneda ante los inconvenientes que afectan al euro y al dólar.


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