Economía

EPS y Socialismo

En esta ocasión quisiéramos aceptar la invitación ofrecida en el texto del reciente trabajo de El Troudi y Monedero [sic] sobre “EPS . Instrumento para el Socialismo del siglo XXI” donde “se quiere entrar en un debate político que está constantemente inventando… Esperamos, pues, el debate”, p. v.

Primero aclaremos que se trata de un socialismo marxista-leninista, porque hay otros más democráticos, aunque no mas cristianos, aparentemente.

Pasamos a plantear lo que no entendemos, para favorecer el debate.

1 .-PLUSVALIAS ABSOLUTA Y RELATIVA

“No olvidemos que el sistema capitalista se basa en la existencia de seres humanos que trabajan para otros seres humanos y a los que se les sustrae, como beneficio, una parte relevante del fruto de su trabajo…” (p. 20).

“El capitalismo no puede dejar de moverse en pos del plusvalor, es decir, de la expropiación del excedente del trabajo de un hombre por otro que le explota, que se hace rico al no pagar el verdadero valor del trabajo que realizan sus explotados” (p. 35)”.

Esto es lo primero que no entendemos, eso de la plusvalía, que es la base de todas creencias, de toda la mitología marxista.

Figúrense que en tal teoría se diferencian dos plusvalías (ver diccionarios de economía política) : una absoluta, que se refiere a las ganancias del patrono a cuenta de no pagar sobretiempo, y otra relativa que se calcula apropiándose este de las “mejoras de productividad del obrero” sin la debida compensación.

No entendemos como se acepta este cuento sin protestar. Porque a cualquiera se le ocurre pensar, lo hemos repetido antes, que eso era en el XIX,- que ahora los obreros reciben normalmente el pago por las horas que trabajan. Más bien, en las empresas públicas (que no tienen patronos a quienes les duela el bolsillo) son excesivamente generosas, y los trabajadores reciben más remuneración total de lo debido a su trabajo. Es una plusvalía al revés. O sea, que por este lado no vemos ninguna explotación, en empresas serias.

El otro mojón mental, valga el coloquialismo, se refiere a las ganancias del patrono por mejoras en la productividad del obrero, tampoco compensadas. Que nosotros sepamos, nadie paga salarios en función de la productividad. Ocasionalmente se usa en la industria de la construcción, por ejemplo en función del rendimiento en la excavación de túneles, pero es raro. Lo frecuente es el salario semanal o mensual, por horas trabajadas.

O sea, que por este otro lado tampoco advertimos ninguna explotación del hombre por el hombre. Más bien lo contrario, la gente trata de trabajar lo menos posible, por aquel principio de “igualar el tiempo del trabajo a realizar al tiempo disponible para realizarlo” (Peters).

De modo que la famosa “plusvalía” de la explotación queda reducida a la repartición de las ganancias habidas decente y legalmente. Lo demás es excremento de toro, dicen en inglés.

2.- GANANCIAS LIMPIAS Y SUCIAS

Hace un tiempo sugerimos separar la formación del capital según que respondiera a la real existencia de plusvalías (capitales “sucios”) de aquellos obtenidos sin explotar a nadie, capitales “limpios”.

Los sucios surgirían cuando el patrono no paga sobre tiempo, y se queda con estos fondos. Los limpios serían logrados sin plusvalía, como en el caso de la paradoja del patrono sin empleados.

La paradoja del auto-empleo. Pongamos el caso que yo estoy solo, soy un emprendedor, un buen carpintero. Monto mi propio negocio, y me pongo a fabricar sillas, y con el tiempo, logro vender algunas, producto de mi propio trabajo, con las herramientas que pude fabricar yo mismo y algunos materiales que conseguí en el monte.

Al rato logré ahorros y me compré una sierra y más herramientas, y tengo un negocio próspero, con capital, logrado por mi mismo, sin explotar a nadie. Este es capital limpio, sin plusvalía. ¿Cómo te quedó el ojo? – hein?

O sea que la plusvalía viene a ser, a decir hoy, un anacronismo, excremento de toro. No puede explicarse toda la historia con esta propuesta, incluso, sin meter a los consumidores en la pelea, y eso que Marx fue contemporáneo de Dupuit. Es nuestra humilde opinión.

De modo que de lo que se trata es de discutir la justicia en la repartición de las ganancias de las empresas, cuánto corresponde al trabajo, al capital, a los consumidores (por intermedio de la eficiencia de los precios de venta por bajos costos de producción).

Lo que pasa es que la lucha por el valor agregado es generalmente una descripción de la historia de la humanidad, de las conquistas, la subyugación, el esclavismo, los combates entre Papas y Emperadores. El arquetipo de la hormiga roja, lo hemos llamado, incluso las hormigas negras del campo religioso, y esto complica la discusión.

Pero manteniéndonos al nivel de las empresas, que es donde ocurre el conflicto decimonónico entre capital y trabajo, el punto habría que dilucidarlo según el tipo de negocio, según el tipo de mercado, para medir el peso del empleado en el éxito de los resultados.

La ley tendría que ser que la participación en las ganancias depende del nivel de responsabilidad de cada factor en los resultados.

Por ejemplo, en una arepera, el portugués montó el negocio en una encrucijada y contrató unos empleados. La mayor parte de las ganancias deben ir al capital. Pero las ventas pudieran depender mucho de la habilidad de la cocinera que hace unas salsas que atraen la mayor parte de los clientes de la vecindad. Debe ser compensada con un bono en función de las ganancias.

Pero eso de negar de plano que el capital o la habilidad gerencial no contribuyen en los resultados es simplemente, otra vez, perdonen lo malo, excremento de toro.

Este es otro tema para el debate.

3.- LA CUESTION DE LA COMPENSACION POR NACIONALIZACION

Es el tema de la propiedad privada. Dicen los autores (p. 52):

“Es indudable que siempre que hayan personas que trabajen para otras y no reciban el excedente que resulte de su trabajo debido a que no son dueños de los medios de producción, ahí se reproduce una relación de explotación…”

La revolución rusa de 1917 simplemente expropió sin compensación las empresas privadas, granjas, el comercio y la industria. La verdad es que la idea de quitarle el capital a las empresas privadas suena bien. Si yo soy empleado de aquella arepera, donde un portugués invirtió unos reales en un local bien situado en la encrucijada, con sus mostradores refrigerados, sus mesas y otros muebles, no me cae mal que me digan que las ventas son derechos de los trabajadores. No está mal de verdad. Como propaganda política es certera. Plomo con esos blancos.

El problema es determinar si se hace la confiscación pura y simple o si habría alguna compensación, porque de otro modo este socialismo saldría muy caro.

Creo recordar, por cierto, que justamente esta cuestión financiera retrasó el otorgamiento de la esclavitud desde mucho antes de JG Monagas.

De hecho, el valiente ciudadano general Zamora, terror de los oligarcas, el 4 de julio de 1854 comparece ante la Junta de Abolición de Ciudad Bolívar 2 ,
“con los documentos que lo acreditan como propietario de Juana (probablemente Juana Nepumucena Bello), sierva y de 36 años de edad; así como de Nieves, de igual edad, “en buen estado de salud y valorada, “según tarifa”, en 300 pesos; más los manumisos Francisco María Castillo, de 7 años, sano y Candelaria de 16. Aquél en 60 pesos y éste en 150”.

Presentando, además, a Bonifacio de 15 años, Rafaela de 5 y Jacinto, mayor de 15, rechazados por la Junta por “carecer de las escrituras correspondientes”.

El 15 de Noviembre extendió poder a su primo José Manuel García para cobrar ante las autoridades del ramo de abolición ”los valores que me corresponden como propietario que fui de dos esclavas”. (Cita en pp. 203-204).

“El mecanismo de creación de riqueza del capitalismo se basa en la extracción de valor a los trabajadores: nunca reciben el total de riqueza que han creado. Por eso, por definición, trabajar para un particular crea explotación…” (p. 64)

Sin embargo, en este aspecto los autores no son concluyentes, “…el modelo socialista busca como objetivo la sustitución de la propiedad privada por la propiedad social de los medio de producción en los sectores estratégicos de la economía. Obviamente, la adaptación a un contexto internacional no necesariamente socialista, la eficiencia y la mera conveniencia son algunas de las razones que explican porque no todos los medios de producción deben ser tratados de la misma manera…” (p. 53).

Queda aquí otro tema para la discusión.

NOTAS IMPORTANTES:

1.- Se puede bajar de Internet a través de http://pr.indymedia.org/news/2006/12/20678.php; los números se refieren a las páginas comentadas.

2.- Adolfo Rodríguez, “LA LLAMADA DEL FUEGO. Vida, pasión y mito de Ezequiel Zamora”. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas, 2005; 373 pp. Esta obra mereció el premio del Concurso Biográfico sobre la Vida y Obra del General Ezequiel Zamora, convocado por el Ministerio de Educación en 1976.

Alberto Méndez Arocha es Ingeniero Mecánico UCV con un doctorado en “Derecho y Economía de la Energía” por la Universidad de Paris I (Sorbonne) e Individuo de Número (sillón I) de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat. Tu tesis sobre política energética de Venezuela fue publicada por el Banco Central de Venezuela (Colección Estudios No. 2). Se ha especializado en Ingeniería Económica, especialmente políticas de precios de servicios públicos. En los últimos años ha trabajado en posmarxismo, una actualización de los conceptos económicos marxistas

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