Economía

¿Está terminando la era del petróleo?

La era del petróleo comenzó en la segunda mitad del siglo XIX con la exploración y producción de los yacimientos de Pennsylvania, iniciativas que luego fueron imitadas en otros países, los cuales utilizaron el petróleo para calafatear naves, asfaltar carreteras y –en particular— para destilarlo y obtener el valioso queroseno para la iluminación y calefacción, estando todavía ausentes de los vehículos automotores introducidos a finales de ese siglo. En Venezuela, esa era realmente empezó durante el gobierno de Gómez, y gracias al auge del transporte motorizado –terrestre, marino y aéreo— esa industria progresó rápidamente, especialmente a raíz de la II Guerra Mundial, cuando nuestro suministro petrolero fue decisivo para que los vehículos de los Aliados pudieran movilizarse y así ganar la guerra.

Pero los avances tecnológicos no se detienen y —si bien durante la época del petróleo barato esta materia prima fue insustituible— a partir de las crisis energéticas de la década de los 70 aparecieron normas y técnicas para evitar una excesiva dependencia de los combustibles provenientes del petróleo, máxime cuando éstos provienen mayormente de regiones inestables como el Mediano/Lejano Oriente y Africa, asoladas por numerosas guerras en el último medio siglo. Desde entonces se trató de economizar combustible mediante la implantación de regulaciones conservacionistas, que implicaron a su vez una mayor eficiencia energética de los motores de combustión interna y un control de las emisiones contaminantes. Esta tendencia todavía existe, gracias a los peligros de nuevas guerras en Asia y la inseguridad de ciertos proveedores que antes se creían confiables. En efecto, la crisis política venezolana aceleró la aprobación de normativas más estrictas de consumo energético en los vehículos utilitarios tipo SUV, que antes escapaban a las regulaciones tradicionales, y pronto se exigirá un mayor kilometraje por litro a todos los vehículos, también en vista de las limitaciones de la infraestructura refinadora en EE.UU. y la demora en desarrollar nuevos yacimientos propios en Alaska y el Golfo de México.

Paralelamente con estas exigencias, que seguramente se intensificarán durante la administración Bush para evitar una crisis energética que afectaría la calidad de vida –y que sería muy dañino políticamente para la reelección del mandatario–, están apareciendo en diversas partes del mundo nuevos inventos y desarrollos dirigidos tanto a ahorrar combustibles como a proteger el ambiente. Es importante enterarse de estos avances, ya que muchos creen que el petróleo durará para siempre, y que los países productores podrían seguir utilizándolo como arma política para generar soluciones favorables a sus regímenes. Por ejemplo, los árabes hablan a menudo de nuevos embargos para forzar la resolución del problema árabe-israelí a favor de los palestinos, o para evitar una guerra con Iraq, mientras que en Venezuela se está tratando de apuntalar a un régimen impopular mediante el aseguramiento de suministros a EE.UU., a sabiendas que la superpotencia se alinearía con el gobierno venezolano para no tener un nuevo problema energético mientras se concentra en su enfrentamiento con Iraq.

De todos modos, aparte de los eventos geopolíticos, vale la pena examinar algunos desarrollos tecnológicos reseñados en los medios, que indican una clara tendencia a reducir el consumo y evitar la contaminación ambiental, de modo que nos podamos dar cuenta de que el predominio del petróleo está acercándose lenta pero progresivamente a su fin. Probablemente, para mediados de este siglo, el petróleo pasará a un sitial secundario ante un uso siempre más frecuente de fuentes renovables de energía como la que se produce por hidroelectricidad, o a través de la energía solar, eólica, oceánica, geotérmica y de biomasas, así como en la producción de combustibles alternos a partir de gas natural, productos vegetales, desechos industriales o residuos animales. Veamos algunos de estos desarrollos.

SAN FRANCISCO CON ENERGIA SOLAR . Esta populosa ciudad californiana apunta a ser en el año 2010 la primera urbe norteamericana a generar energía eléctrica para el uso local sin usar combustibles fósiles, o sea carbón, petróleo y gas. Su alcaldía, que llegó al poder gracias a sus inquietudes ecológicas– acaba de instalar en los techos de su moderno centro de convenciones Moscone, amplios paneles solares que cubren gran parte de las necesidades eléctricas del edificio, en cuanto a iluminación, enfriamiento y calefacción. La ciudad aspira a liderar una “revolución verde” para reducir las emisiones que causan el recalentamiento global mientras reducen sus necesidades energéticas provenientes de combustibles contaminantes, en gran parte importados. Un desarrollo que seguramente será imitado por otras ciudades de esa nación, y del mundo, y que auguran cambios sustanciales en materia de economía energética.

UNA MONOPATIN ELECTRICO. En EE.UU. se acaba de desarrollar un vehículo particular para peatones, una especie de monopatín compacto que consta de una plataforma rectangular de 30 cm de largo, con dos ruedas y motores eléctricos que la hacen mover en cualquier dirección, controlada por el peatón a través de un manubrio tubular mientras se mantiene parado en la plataforma. Para mover los motores eléctricos del vehículo se usan unas baterías de Níquel muy compactas y eficientes, que son recargables en la red eléctrica casera, así que no habrá que ir a una bomba para reabastecerse. El dispositivo, conocido como Segway Human Transporter (SHT), ya está en producción artesanal en la fábrica de su inventor, Dean Kamen , quien aspira a que sea utilizado por peatones que no quieren cansarse en largas caminatas en pavimentos y aceras, de modo que no tenga que usar su vehículo para desplazarse en los contaminados espacios urbanos, reduciendo así las emisiones y el gasto de gasolina en el tráfico. Así, los conductores pueden llegar a las afueras de una ciudad en carro o tren, sacar su SHT de su maleta o del asiento de atrás, y movilizarse hasta su trabajo o diligencias. El curioso vehículo, que puede desarrollar una velocidad modesta de unos 20 km por hora y tiene una autonomía de 24 km, ya es utilizado por la policía de Atlanta en sus rondas urbanas, pero otras ciudades se oponen para el uso generalizado, ya que podrían causarse numerosos accidentes en las aceras, puesto que se trata de un vehículo que zigzaguea entre los demás peatones y puede salirse del control del conductor, sea por impericia o por distracción. El otro obstáculo a su comercialización será su precio actual de cinco mil dólares, pero éste puede bajar sustancialmente en cuando haya una producción en serie, especialmente si se habilitan corredores especiales para el vehículo.

EL CURIOSO MOTOR STIRLING. La misma empresa que comercializa el Segway -y otras fábricas- están comercializando motores tipo Stirling poco contaminantes para reemplazar los de combustión interna, apuntando a su incorporación en segadoras, sierras, motos, etc., reduciendo así las emisiones y ahorrando combustible. No se trata de una novedad, ya que la teoría del motor Stirling se conoce desde 1816 –cuando se inventó en Inglaterra—pero sólo ahora existen la tecnología y los materiales para fabricarla comercialmente. Se basa en una diferencia de temperatura entre un cilindro caliente y otro frío, que puede comprimir un gas cualquiera y mover un cigüeñal, de la misma manera que los gases calientes producidos por una combustión de gasolina, gas o diesel puede mover los pistones de un motor convencional. Obviamente se debe usar una fuente de calor y un aparato refrigerante en el motor, que necesitan algo de energía, pero estos dispositivos pueden estar alimentados por una batería o incluso energía solar. Sus limitaciones son obvias en cuanto a potencia y autonomía, pero al menos se produce algo de contaminación sólo para fabricar las fuentes primarias de energía y, además, no envían dióxido de carbono y otros contaminantes en un ambiente urbano, y –gran ventaja– son extremadamente silenciosos.

VEHICULOS CON GENERADORES ELECTRICOS .En cuanto a los muy comentados motores movidos por celdas de combustible (fuel cells), se piensa que estos artefactos llegarán eventualmente a sustituir los motores que usan hidrocarburos, en vista de que éstos producen la mitad de los gases de invernadero del planeta, de los cuales la mayor parte proviene de una veintena de países “avanzados”. De hecho, ya General Motors en EE.UU. y Honda y Toyota en Japón, están vendiendo una cantidad reducida de motores con celdas de combustible, que tienen un pequeño depósito de hidrógeno comprimido que luego se convierte en agua al asociarse con el oxígeno, produciendo electricidad en el proceso. El único obstáculo actual de estos vehículos es su precio, todavía mucho mayor que el de los que usan motores convencionales, aunque la inversión sea reantable a la larga.

VEHICULO FRANCES QUE USA AIRE . En Francia, uno de los países donde se desarrolló inicialmente la ciencia moderna, se está produciendo un vehículo no contaminante que usa nada menos que aire comprimido para mover sus pistones y ruedas. El vehículo compacto para dos personas, de marca “Volition”, tiene un tanque muy resistente de fibra de carbono que almacena unos 300 litros de aire –comprimidos a 30 veces la presión atmosférica– que alcanza para mover el carro a una velocidad máxima de 60 km por hora, con una autonomía de unos 200 km con una carga de gas. Lo bueno es que cuando se acaba el aire comprimido o se quiere rodar a una velocidad mayor, se puede pasar a un pequeño motor de dos tiempos que usa gasolina, como en las motocicletas, de modo que se trata de un motor “híbrido” como algunos carros eléctricos ya disponibles en el mercado. De noche o en el trabajo, los consumidores pueden recargar el tanque en sus casas con un pequeño compresor -en una operación que dura unas cuatro horas– pero si se tiene prisa se puede acudir a bombas especiales con compresores más eficientes, que puede recargar el tanque en cuestión de minutos, como sucede con los vehículos corrientes. Ciertamente, se necesita electricidad para operar los compresores y siempre se genera algo de contaminación en alguna parte lejana, pero al menos no se le añade al aire urbano más contaminantes y no hay que comprar gasolina, siendo el “combustible” sólo aire, la sustancia más accesible del planeta, mucho más que el agua con que se piensa alimentar los vehículos a hidrógeno, considerados por muchos como los motores del futuro. El vehículo ya se está comercializando en Suráfrica, donde ha sido permisado por el gobierno local.

ENERGIA LIMPIA DE LA GENETICA. En una investigación conducida por ex participantes del célebre proyecto GENOMA –cuyos prometedores resultados parciales fueran anunciados por Clinton durante su presidencia– se está tratando de producir una bacteria a partir de ADN sintetizado con químicos inorgánicos, que sería capaz de facilitar la producción in situ del gas hidrógeno, el combustible limpio del futuro, mientras absorbe dióxido de carbono de la atmósfera, un contaminante responsable del calentamiento global. Además de sus implicaciones teológicas –pues en cierto modo se está creando una sustancia viva a partir de sustancias inertes – la investigación ha sido considerada como muy importante por el Departamento de Energía de EE.UU., ya que les resolvería dos problemas a la vez, por lo que le inyectó inmediatamente unos cuantos millones al proyecto.

AGRICULTURA Y ENERGIA. Desde que algunos países clave como Brasil, India y Suráfrica emprendieron la producción de “biocombustibles”, o sea alcoholes para alimentar parcialmente los vehículos automotores con “gasohol”, muchos otros países siguieron ese ejemplo, estimulados por el costo creciente de los combustibles provenientes del petróleo. Así, mientras el petróleo se acerca gradualmente a los 30 dólares por barril, algunas naciones tropicales de Africa y Asia han visto la conveniencia de dedicarse en serio a la cosecha de rubros vegetales que puedan ser convertidos en alcoholes, especialmente la caña de azúcar. Asimismo, las naciones más pobres tratan de aprovechar al máximo todo residuo animal que pueda ser quemado (bosta de reses o gallinas) o fermentado para producir gas natural o alcoholes. Igualmente, el gas natural se está utilizando con una frecuencia creciente para convertirlo en combustibles líquidos a base de alcoholes o éteres, y aunque éstos producen algunos gases contaminantes al quemarse, al menos reducen la dependencia en el costoso petróleo.

Como puede verse, la inventiva humana está resolviendo poco a poco los problema asociados con la escasez energética y la contaminación ambiental. Esto se esperaba, pues la ciencia y la tecnología siempre han tratado de proveer más comodidades al hombre, –a veces con artefactos contaminantes como los vehículos automotores– pero al mismo tiempo se ha abocado a solucionarlos, aunque sea tardíamente. No está lejano el día, posiblemente en el próximo siglo, que los vehículos funcionarán totalmente a base de alguna sustancia muy abundante como el agua y el aire, o que los combustibles serán casi totalmente renovables, sin depender del petróleo, materia prima que se conservará para la producción de plásticos, gomas, lubricantes, solventes, asfaltos y una variedad de productos químicos, dejando el componente energético a cargo de sistemas motrices muy avanzados, generalmente eléctricos, para que nuestras ciudades disfruten de un aire más limpio y no se produzcan los gases de invernadero que causan el calentamiento global y destruyan la capa protectora de ozono.

El progreso tecnológico es indetenible, y los países petroleros deberían darse cuenta de ello , diversificando sus economías a tiempo para prepararse para el final inevitable de la era del petróleo, cuando el “oro negro” reducirá su importancia hasta ser una simple materia prima para alimentar plantas químicas.

En el fondo, quizás ésta sea una tendencia positiva para los países petroleros como el nuestro –algo engreído durante las últimas décadas por poseer vastas reservas de petróleo– ya que seguramente empezará a aprovechar mejor la renta petrolera, administrándola más eficientemente y evitando la corrupción estimulada por la abundancia de recursos. Por eso se ha hablado del petróleo como “el excremento del diablo” y la causa de la pérdida de valores tradicionales, pero puede que el final inevitable de esa era nos haga recapacitar y confiar en recursos más duraderos y menos vulnerables, como la agricultura, el turismo y el desarrollo industrial sustentable. Desde ese punto de vista, deberíamos darle la bienvenida la eventual decadencia del imperio del petróleo.

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