Economía

Europa, el Euro y la Integración Latinoamericana

A fines de agosto se anunció -con bombos y platillos- la inminente introducción oficial de la nueva divisa europea, el (%=Link(«http://europa.eu.int/euro/html/entry.html»,»Euro»)%), que entrará en vigencia en billetes y monedas metálicas a partir de enero del 2002, en las doce naciones europeas que ya han aceptado esa modalidad. El anuncio, hecho por el Banco Central Europeo, ratifica la intención de los países europeos de proceder sin tregua hacia la unificación total de sus mercados y sistemas monetarios, comenzada en los años 50 con la creación del Mercado Común Europeo y ampliada luego con asociaciones diversas en el campo cultural, político, tecnológico, militar y económico. Por primera vez el público le veía la cara a los nuevos billetes y monedas, con dibujos de edificios y puentes europeos en lugar de héroes nacionales, y con un holograma en el centro para evitar la falsificación. Se han impreso y acuñado unos cuantos millardos de Euros, en distintas denominaciones, para distribuirlos a los países usuarios antes de enero, cuando se empezará a retirar poco a poco las distintas monedas nacionales hasta que desaparecerán por completo.

Desde hace décadas, los ciudadanos europeos podían viajar a través de las fronteras nacionales con un solo pasaporte, pero a partir del 2002 los turistas no tendrán que correr a una casa de cambio para intercambiar sus divisas por la del país que visitan. Las naciones participantes son, hasta la fecha: Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Irlanda, Italia, Luxemburgo y Portugal. Curiosamente, el Reino Unido todavía no acepta el Euro como moneda de uso común en su territorio, debido a ciertas motivaciones políticas -y el consabido orgullo británico en no ver desaparecer a su sacrosanta libra esterlina– pero eventualmente el RU cederá a las presiones de la Europa Continental y tendrá que aceptarla para no desentonar, como hicieron antes al unirse tardíamente al Mercado Común Europeo y luego a la UE. Se espera que otras naciones escéptica de la (%=Link(«http://europa.eu.int/index-es.htm»,»UE»)%) (Dinamarca, Suecia) seguirán el ejemplo, pues la medida del Euro ayudará a estabilizar el signo monetario frente a otras monedas foráneas y a controlar la inflación, además de simplificar las transacciones comerciales, aunque la etapa inicial habrá una serie de confusiones entre el público, pero son males comprensibles y tolerables ante las ventajas que implica una moneda única. Por otra parte, la nueva fortaleza del Euro, gracias a su uso más amplio, seguramente ayudará a Europa a reactivar su economía, afectada últimamente por la recesión norteamericana y japonesa, y quizás hasta ayudará a fortalecer su valor frente al dólar y otras divisas duras.

(%=Image(4507489,»R»)%) Desde mediados de los 90, las reservas europeas y sus transacciones bancarias podían ser manejadas indistintamente en moneda nacional o en Euros, pero estos últimos existían sólo en papel (o en bytes digitales), sin que se manejaran físicamente por comerciantes y consumidores en billetes y monedas. Pronto todo eso cambiará y circulará por toda Europa la moneda Euro (símbolo: una E griega), que reemplazará a los marcos, francos, liras, florines, pesetas, escudos, dracmas y otras, lo que constituye un hito en las relaciones internacionales, cuya significación rebasa el ámbito del continente europeo para dar un ejemplo de integración y buena vecindad al resto del mundo, como una muestra fehaciente de los aspectos positivos de la globalización.

El precedente dado por la Europa continental va más allá del aspecto simplemente monetario o económico, ya que representa una prueba concreta de su intención irrenunciable de abandonar las viejas rencillas que habían sumido por siglos a las distintas naciones europeas en guerras frías y calientes, tanto civiles y regionales como mundiales. Ese estado de cosas, que duraba desde hace unos 15 siglos -desde la desintegración del imperio romano-, afortunadamente concluyó al contemplar los estragos de la Segunda Guerra Mundial, que causó cerca de 50 millones de muertos y el doble de heridos y lisiados, y que ha dejado en ruinas gran parte de la infraestructura civil de las naciones beligerantes.

¡Nunca más!, parecen estar diciendo los europeos, mientras avanzan a una asociación siempre más estrecha en todo plano, con instituciones ya funcionales como la Unión Europea, su parlamento, banco central y diversos entes que coordinan otras actividades de intercambio e integración. En los planes de la UE está una política internacional común y una fuerza de defensa multilateral (que ya existe parcialmente dentro de la (%=Link(«http://www.nato.int/»,»OTAN)»)%), con funcionarios ejecutivos que llevarán a cabo las políticas acordadas entre las diferentes naciones con equidad y tolerancia, a diferencia de las suspicacias e intrigas que abundaban hasta hace unas décadas. De esta manera el continente europeo se va acercando cada vez más al sueño de una región unificada por intereses, objetivos y valores comunes, a diferencia de los ambiciosos y fallidos proyectos personalistas de Napoleón y Hitler, de unificar a Europa políticamente mediante la fuerza.

Ha sido un duro camino, el emprendido por estas laboriosas comunidades fundadoras de la cultura occidental, que han resurgido de la destrucción y pobreza dejadas por dos guerras mundiales, hasta convertirse en el bloque económico más poderoso del planeta, que ahora –con el Euro- agrupa unas 300 millones de personas de alto poder adquisitivo, y cuyas naciones figuran entre las primeras en la clasificación establecida por la ONU en cuanto al Indice de Desarrollo Humano (IDH), criterio que reemplazó al ingreso per cápita como indicador de la calidad de vida existente en un país. Con la política de apertura que tiene la UE, se invitará a unirse gradualmente a la misma, a las demás naciones de Europa Oriental, que antes integraban un bloque hostil liderado por la URSS, e incluso se está tendiendo la mano a la misma Rusia, que podría integrarse a Europa cuando consolide su democracia y estabilice sus finanzas, creándose eventualmente –con unas 700 millones de personas – la mayor potencia mundial si se unifican en todo sentido, la cual rivalizaría con los EEUU y China en poderío político, militar y económico.<p.

La lección de Europa debe motivar a las naciones latinoamericanas, unidas por muchas tradiciones históricas y culturales, para reforzar sus planes integracionistas y recorrer un camino similar, con un acercamiento progresivo que lleve a realizar el antiguo sueño de Bolívar, de formar una región unificada que pudiera hacer contrapeso al creciente poderío de la Norteamérica anglosajona. No hay otro camino, si se quiere un bloque regional fuerte y con una economía más sólida, que tener relaciones más estrechas y productivas, para que toda la región adquiera la influencia que merece en el ámbito internacional y pueda luchar conjuntamente contra los verdaderos enemigos, que no son otros que la pobreza, la enfermedad, la contaminación ambiental, la criminalidad y la intolerancia.

América Latina sería el bloque más lógico a integrarse, después del europeo, ya que otros
bloques regionales son mucho más disímiles y dispersos. Por ejemplo, un bloque musulmán abarcaría desde Marruecos hasta Pakistán, para luego repuntar en Malasia e Indonesia, pero no tienen un idioma, una etnia, ni una cultura común, siendo la religión el único factor unificador, si no contamos el odio insensato hacia Israel. Los distintos niveles socioeconómicos y la diversidad de sus políticas externas, también causarían rencillas y divisiones. El bloque africano tiene las mismas dificultades, con etnias árabes y bereberes en el norte, y la raza negra dominante en el resto del continente, con una variedad de tradiciones, religiones animistas y lealtades tribales que causarían fricciones a la primera ocasión. Dentro de la actual Unión Africana, dos naciones están tratando de liderar el grupo, Sudáfrica y Libia, pero ninguna tiene una influencia suficiente para lograr una unión funcional en lo político y económico. Otros bloques posibles serían el Chino con Corea y Vietnam (con una ideología unificadora, que posiblemente no dure), mientras India y Japón probablemente preferirían seguir neutrales y sin una alineación clara.

Como puede verse, América Latina tiene una clara ventaja, por provenir sus culturas de la península ibérica, tener idiomas bastante comprensibles entre sí, por haberse iniciado sus períodos republicanos casi al mismo tiempo, por compartir una religión común, por tener algunos próceres que lucharon juntos, aunque luego hayamos tenido un pésimo historial de caudillismo y dictadores que no han permitido un desarrollo armónico de la región. Pero hay una tolerancia racial única en el mundo entre las tres etnias dominantes, a pesar de algunos signos remanentes de discriminación que todavía persisten desde la conquista y la colonia, pero que están en proceso de solventarse, como ha sucedido con las etnias indígenas en diversos países. Juntos, los pueblos latinos no sólo podremos compartir mercados y monedas, influencia y manifestaciones culturales, tecnología apropiada a nuestro medio y , más importante todavía, la voluntad de superación que debería llevarnos a mayores niveles de bienestar y progreso.

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