Economía

Evasión del impuesto, ¿un servicio público?

Buenos Aires (AIPE)- Cuenta la leyenda que el gangster de Chicago Al Capone era un asesino, extorsionador, fabricante ilícito de whisky y explotador de la prostitución. Pero como no podían encarcelarlo por ninguno de esos cargos, consiguieron atraparlo por evasión de impuestos.

Aunque la presión tributaria es muy alta, para financiar los «servicios» del Tío Sam, se piensa que la evasión impositiva es una afrenta delictuosa contra quienes sí pagan sus impuestos. Pero parece que no es así en Canadá. Pierre Lemieux, economista e investigador del Independent Institute, en una nota en el diario National Post, argumentó que los burócratas y políticos maximizan los ingresos del Estado porque esto va en su propio interés.

Así «…los ingresos encaminan a los gastos…,» escribe Lemieux. «Cuantos más ingresos consigue el Estado, mayor será la cantidad de prioridades que encontrará para justificar sus erogaciones. En consecuencia, la evasión tributaria y la economía informal constituyen un freno al crecimiento del Estado… y representa un beneficio neto para todos. Los impuestos confiscatorios llevan a los contribuyentes hacia este tipo de defensa propia pacífica… La evasión impositiva y su hermana melliza la economía informal son una mejor solución a lo que de otra manera sería un todavía mayor Estado intervencionista. Una estatua debería levantarse en honor al evasor desconocido».

Los políticos de los países subdesarrollados suelen ser más astutos y si no logran recaudar más impuestos optan por emitir billetes, toda la cantidad que quieren gastar, provocando los procesos hiperinflacionarios ya conocidos.

Esta combinación de presión impositiva confiscatoria, excesiva regulación y alta inflación ha provocado que la actividad informal en Latinoamérica se dispare. Pero, ¿y el Estado no lo nota? Sucede que los burócratas responsables del control son sobornados de manera que no ejecuten las leyes y normas vigentes. Irónicamente, de esta manera, en base a la corrupción generalizada (y prácticamente institucionalizada), Latinoamérica todavía sobrevive. De otra forma, si los ciudadanos cumplieran con todas las regulaciones coactivas (ergo, violentas) impuestas por los gobiernos, hoy estarían literalmente muertos.

Standard & Poor’s emitió un reporte poco alentador sobre la situación actual de la Argentina, “¿Estabilidad o de cara al abismo?», donde asegura que la estabilidad del peso, la inflación aparentemente controlada y otras variables que hoy se observan son engañosas, dado que existen serios problemas por resolver. S&P asegura que la estabilidad argentina es artificial, ya que está basada en una fuerte represión financiera. Aun cuando el gobierno anunció el final del «corralito» (el secuestro de los depósitos bancarios), lo cierto es que todavía los ahorristas no pueden retirar sus plazos fijos, los cuales fueron además convertidos forzosamente de dólares a pesos devaluados, cosa que la Corte Suprema tardíamente podría revertir. Pero además existen serias restricciones al movimiento de capitales.

El gobierno de Duhalde pasará a la historia por haber logrado una caída record del PIB, que ya llega al 20%. Por el contrario, los ingresos fiscales en la Argentina, en lo que va del año, superan en 3,9% al mismo período del año pasado.

En Ecuador, el PIB creció en 2001 5,5%, el mayor crecimiento de América latina, a la vez que bajó la inflación; los depósitos bancarios crecieron en 25,1%, las inversiones lo hicieron en 85% y la recaudación tributaria aumentó sustancialmente, cuando la presión disminuyó. Así, cuando en Ecuador la tasa del IVA era del 10%, la recaudación en relación al PIB era del 0,33, mientras que en Argentina, con una tasa IVA del 21%, la recaudación alcanzaba sólo al 0,31.

La eficiencia se produce cuando las relaciones son voluntarias y cada actor maximiza su beneficio. Por ejemplo, cuando una persona compra un auto, gana porque prefiere el auto al dinero que entrega a cambio, pero también gana quien vende, ya que éste prefiere el dinero. Por el contrario, cuando las relaciones son forzadas (como en el caso de los impuestos), una de las partes no maximiza su beneficio; ergo, no son relaciones eficientes.

* Miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE, Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas.

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