Economía

Factores que determinan la fijación de un tipo de cambio

Como a inicios de año tuvimos algunas discusiones sobre la conveniencia o
no de mantener el tipo de cambio actual, para aumentarlo o disminuirlo (que
en el caso mío y de otros 3 profesionales hizo que nos invitaran al programa
«Diálogo Abierto», por VTV), hay quien se pregunta cuál sería el precio idel
del bolívar respecto al dólar.

No hay un criterio uniforme entre todos los economistas ni para todos los
países, pero por el hecho de querer saber cuál es el precio ideal ha hecho
que se inventaran varios métodos de cálculos, los más usuales son
mencionados a continuación, pero todos con graves errores y lados negativos
que los harían fuertemente criticables si pretendiéramos una discusión a
fondo del tema.

De todas formas, el hecho de que no exista una fórmula mágica no es
justificación para que no estudiemos ningún método, porque las autoridades
monetarias y los mercados siempre se dejan llevar por alguno de ellos.

Veámoslos.

1.- Liquidez monetaria entre reservas internacionales

Es un cálculo sencillo, y que consiste en dividir el volumen de la liquidez
monetaria en moneda nacional entre las reservas internacionales, y así
obtendríamos el precio ideal, que más bien deberíamos comparar con el «largo
plazo» de los teóricos. Con este método obtenemos el precio promedio si
todos los bolívares que hay en el país (en circulante y depósitos bancarios)
se destinaran a comprar todos los dólares que hay en las reservas
internacionales.

Tiene muchos inconvenientes. En primer lugar, no todos los bolívares se
destinarán a comprar dólares. En segundo lugar, muy difícil que alguien
venda «todos» los dólares de las reservas. Luego, los únicos dólares no
están solamente en las reservas, sino que también hay otros oferentes.

Luego, si ese fuera el precio si se cambiaran todos los bolívares por todos
los dólares, eso no sucedería en un día, sino en un plazo más o menos
prolongado, pero los volúmenes de oferta y demanda de un momento o de un día
pueden variar, y será diferente al precio ideal, y sólo por casualidad serán
iguales ambos precios.

2.- El mercado: la oferta y la demanda en un momento dado

Si en el caso anterior el precio dependía de unos valores dados, en este
numeral, depende del stock puntual de la oferta y la demanda. Pero aquí
tenemos dos variantes principales: a) flotación totalmente libre, y b)
flotación sucia.

En el primero no hay intervención de ningún ente para tratar de regular el
precio, y este depende totalmente de lo que sucede en el mercado, de los
oferentes y demandantes.

En la flotación sucia el mercado recibe la intervención de las autoridades
(generalmente, el banco central) que ofertan o demandan para llevar el tipo
de cambio a niveles aproximados a los que ellos desean. Este predomina más
que el primero en todos los países, incluyendo los más desarrollados y
capitalistas. Hay muy pocos ejemplos de mercado cambiario totalmente libre,
pero el de flotación sucia tiene suficientes ejemplos en todo el mundo; de
hecho fue el que predominó en Venezuela en los dos períodos que ha habido
«libertad cambiaria» (de 1989 a 1994, y de 1996 a enero de 2003).

3.- La fijación arbitraria del tipo de cambio

Aquí no entran en consideración mayores estudios ni lógicas. Simplemente, a
las autoridades les da la gana de fijar el tipo de cambio en determinados
niveles, y lo hacen, independientemente de que haya o no razones económicas
para hacerlo.

En este punto no nos detendremos mucho a explicarlo, porque se escapa de la
lógica económica. Si quieren un ejemplo aproximado, tenemos a Argentina
cuando hizo la caja de conversión y fijó la paridad en 1 a 1. Así como pasó
allí, siempre termina mal, estallándoles en la cara a las autoridades.

4.- La paridad del poder adquisitivo (PPA)

La paridad del poder de compra, o PPP (‘purchasing power parity’, en inglés)
es un concepto antiguo. Sus orígenes se remontan a la escuela de Salamanca,
en la España del siglo XVI, y al trabajo de Gerrard de Malynes a comienzos
del siglo diecisiete en Inglaterra. Sin embargo, no fue sino en la segunda
década del siglo XX que el economista sueco Gustav Cassel bautizó el
concepto y popularizó su uso [en su artículo titulado «Abnormal Deviations
from International Exchanges», Economic Journal, noviembre de 1918]. Desde
entonces, el nombre de Cassel ha estado asociado con la PPP.

La idea básica de la PPP es la «ley de un solo precio», esto es, que en un
mercado unificado todo producto tiene un solo precio. Si suponemos que,
para un conjunto de productos, el mercado local y un mercado externo están
estrechamente integrados (en cuanto que los productos se pueden intercambiar
fácilmente entre ambos mercados), entonces la ley de un solo precio afirma
que los precios de dichos productos deben ser los mismos en los dos países.

La complicación se deriva de que un mismo producto se valora en moneda local
en el mercado interno y en moneda extranjera en el externo. La ley de un
solo precio necesita que los dos países sean iguales cuando se expresan en
una moneda común. Por tanto, para aplicar la ley de un solo precio,
necesitamos un tipo de cambio para convertir los precios externos a precios
locales (y viceversa).

Este método es el más importante para determinar si una moneda está
sobrevalorada o subvalorada. Lo difícil de determinarlo es ponerse de
acuerdo sobre el año que servirá de base para los cálculos. Tomando la
inflación nacional menos la del país de referencia (en la mayoría de los
casos, Estados Unidos), y la proporción de su cambio se multiplica por el
tipo de cambio base para ver si en ese período hubo apreciación o
depreciación real de la moneda nacional.

Otro método menos científico, pero de mucho valor didáctico, es el llamado
«MacDólar», y que toma como base el precio de venta al público de una
hamburguesa de las que vende la empresa «Mac Donald’s» en la moneda nacional
de diferentes países y las divide entre el precio de la que se vende en
EE.UU. Tiene sus ventajas y desventajas, pero es de gran valor didáctico.

(Por donde vivo, en Yaguaraparo, no tengo ningún restaurant de esa cadena de
comida rápida cerca, por lo que me cuesta averiguar los precios de sus
hamburguesas; si alguien sabe sus precios tanto en Venezuela como en EE.UU.,
por favor me lo comunica, que se lo agradeceré). Sirve para saber si una
moneda está sobrevalorada o subvalorada, y su metodología, aplicada a un
solo producto, puede ampliarse a una canasta de bienes para medir el nivel
de apreciación o depreciación de la moneda.

Según Cassel, no existe eso de un país competitivo o no competitivo, porque
siempre habrá una tasa de cambio a la cual el precio de la mercancía
nacional se iguala con la equivalente importada. Así, si queremos abaratar
nuestros precios para hacernos más competitivos, entonces debemos depreciar
el valor de nuestra moneda nacional a unos niveles suficientes como para
hacer prohibitiva la entrada de la mercancía importada que tenga equivalente
en el mercado local.

Da la casualidad que Venezuela puede producir casi de todo lo que uno desee.

Los bienes no sustituibles corresponden, por lo general, a bienes de
producción especializada (medicinas, productos de computación, software,
alta tecnología, etc.) o a bienes de lujo. Salvo las medicinas, casi
ninguno de los otros es de primera necesidad, y aunque no tengo las
estadísticas a la mano, creo que representa menos del 1% de la balanza
comercial, así que si queremos proteger y ayudar a los enfermos, muy bien
pudiéramos subsidiar las medicinas y equipos mçedico-quirúrgicos mediante
procedimientos no cambiarios para que el costo de la salud no sea tan
elevado, especialmente en las clases más desposeídas.

De los insumos industriales, muchos son sustituibles, o si no, corresponden
a mercados específicos que no dependen tanto del mercado nacional, sino del
internacional.

Si queremos aplicar este método a una política económica permanente, debemos
definir los niveles de depreciación en base a las inflaciones nacional e
importada (principalmente, la de EE.UU., país que emite el dólar, y no
perder de vista los otros socios comerciales importantes, como Colombia, la
Unión Europea, Brasil, Argentina, Japón, México, etc.).

Dadas las particularidades de Venezuela, por ser exportadora de petróleo, y
las características económicas y sus efectos macro, es recomendable que el
país se lance en una política de acumulación acelerada de reservas
internacionales (por ejemplo, US$ 6 millardos o más al año), porque el país
lo puede hacer, no le es imposible. Así, mantendríamos un tipo de cambio
depreciado, las importaciones se encarecerían, y si estimulamos tanto la
demanda interna como las exportaciones, en un plazo de 5 años o menos
tendríamos el mercado laboral copado, pleno empleo relativo, y hasta
tendríamos que volver a importar trabajadores.

Lo que no entendemos es por qué se empeñan en seguir las políticas económicas
de corte clásico y neoclásico, porque por años las minorías que se
benefician de un tipo de cambio sobrevalorado han dominado la opinión
pública, y ahora todo el mundo cree que es dañino política y electoralmente
la devaluación, cuando la experiencia nos demuestra lo contrario, y de ello
hay más ejemplos que países.

Pero nos detendremos aquí, porque si seguimos, terminaríamos escribiendo un
libro, y creo que ustedes no tienen tiempo para leer algo más largo. Es
más, ya deben estar cansados. Seguiremos en otra ocasión con este tema.

(*)S. Saba es Economista, M.Sc.
Fundado hace 25 años, Analitica.com es el primer medio digital creado en Venezuela. Tu aporte voluntario es fundamental para que continuemos creciendo e informando. ¡Contamos contigo!
Contribuir

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba