Economía

Fedecámaras: Modelo económico de controles es el causante de la crisis

La Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela -FEDECÁMARAS-, alertó a todo el país, con la mayor responsabilidad, «acerca de la gravísima situación por la que en este momento atraviesan las empresas que forman parte del tejido productivo nacional y sobre las consecuencias que ello tendrá para el ciudadano, si no se produce urgentemente un cambio de rumbo, que sea claro y decidido, de la política económica del Gobierno nacional», dijo la entidad empresarial en documento presentado este miércoles.

La situación de la economía venezolana hoy es verdaderamente crítica. Las señales enviadas por el Gobierno, en la dirección de un posible cambio de la política económica, son tan graduales e “incrementalistas” que resultan claramente insuficientes para revertir la grave crisis económica que experimenta el país. Tal situación exige del Gobierno nacional atender con sentido de urgencia las serias distorsiones macroeconómicas que durante los últimos años se han acumulado.

«Fedecámaras tiene años advirtiendo acerca de las consecuencias negativas que para la economía venezolana ha tenido la implementación de un modelo anacrónico y disfuncional», advierten los voceros empresariales.

La crisis económica que vive el país es sistémica y estructural. Se trata de una crisis que afecta gravemente las bases fundamentales de la economía venezolana y que compromete seriamente no sólo las líneas de producción de muchas empresas sino cadenas productivas enteras. Vivimos una crisis que, en virtud de su magnitud, debe ser encarada de manera integral, con asertividad y precisión.

«El Gobierno solo no puede ni podrá con la crisis económica. Se requiere que el Gobierno, los trabajadores y los empresarios lleguemos a consensos básicos sobre las reformas que pueden contribuir a reactivar el aparato productivo en el corto plazo», dijo el documento, al tiempo que sentenció que «Venezuela vive un proceso de creciente encarcelamiento de su economía».

Las intervenciones del Estado sobre la economía han promovido un debilitamiento de las capacidades productivas del sector privado y una creciente dependencia del país respecto de las importaciones.

¿Cuáles son las circunstancias, medidas y los controles que, lejos de estimular la producción nacional, la han inhibido?

  1. La ausencia de seguridad personal y jurídica en el país.
  2. La inestabilidad macroeconómica, que dificulta planificar a corto, mediano y largo plazo y crea un entorno desfavorable para la reinversión continua.
  3. Un régimen cambiario rígido y disfuncional, caracterizado por varios tipos de cambio, que distorsiona la fijación de precios de bienes y servicios e imposibilita el acceso a las divisas que requieren las empresas.
  4. Un régimen de control de precios, que fija linealmente un mismo margen de rentabilidad para todos los sectores económicos, sin atender la diversidad de estructuras de costos.
  5. Una multiplicidad de regulaciones que contienen disposiciones que dificultan la actividad privada. Entre ellas: la Ley de Precios Justos, la Ley del Trabajo, Ley del BCV, la Ley Antimonopolio, el Régimen de Inversiones Extranjeras, la Regulación del Mercado de Capitales, La Ley de Ciencia y Tecnología, la Ley del Impuesto Sobre La Renta, el Código Orgánico Tributario, la Ley del Impuesto al Valor Agregado, la Ley Orgánica de Hacienda Pública Estadal y la Ley Orgánica del Poder Público Municipal.
  6. Una ausencia absoluta de incentivos a la inversión privada.

El modelo económico caracterizado por la planificación estatal de la actividad económica, de creciente intervencionismo de la economía por parte del Estado y de un comportamiento hostil frente al sector privado, es la raíz de la crisis económica que Venezuela enfrenta en la actualidad. Si el Gobierno nacional desea un giro radical de la actual situación económica del país, debe producir un cambio en el modo como está comprendiendo y encarando la crisis.

En la actualidad, muchas empresas han paralizado líneas de producción enteras por falta de materia prima, insumos intermedios y repuestos, en virtud de las restricciones que han impuesto las regulaciones y los controles gubernamentales. Los niveles de inventario de muchas empresas están en el mínimo histórico. Y hoy no son pocas las empresas que están contemplando cerrar progresivamente operaciones, con los inevitables efectos que ello tendrá sobre un importante sector de los trabajadores.

Venezuela es uno de los pocos casos registrados en la historia donde un control de cambio ha perdurado 13 años consecutivos y donde el control de precios ha sido tan rígido. La consecuencia natural es una pronunciada escasez de rubros de la cesta básica que forman parte de nuestra vida cotidiana, que incluye alimentos, medicinas y productos de cuidado personal, entre muchos otros.

El clima de restricciones, desincentivos y ataques al sector privado por parte del Gobierno nacional ha imposibilitado la permanencia de una diversidad de productos. Ni aquí ni en ninguna otra parte del mundo se pueden sostener operaciones que arrojan pérdidas de forma sistemática.

Venezuela no puede seguir permitiendo una mayor precarización de la vida cotidiana, ni mucho menos el crecimiento de la pobreza.

El pasado 17 de febrero, el Ejecutivo Nacional anunció, en cadena nacional, un conjunto de medidas económicas destinadas a enfrentar la difícil situación que vive el país. Debemos reiterar enfáticamente que las medidas implementadas son insuficientes para encarar la magnitud y profundidad de la crisis económica que hoy existe.

  1. Sobre el régimen cambiario: la ausencia de una sola tasa de cambio, distorsiona la fijación de precios de bienes y servicios y no resuelve las dificultades de acceso a las divisas que se requieren para asegurar los despachos de materia prima, insumos y repuestos que sólo pueden enviar proveedores internacionales.

 

  1. Sobre el régimen de control de precios: el Gobierno nacional reconoció el rezago en la actualización de los precios de bienes y servicios y anunció que estos serían fijados conforme a su “valor real”, sin embargo, esto no ha ocurrido. Consideramos que una de las mayores contribuciones que puede ofrecerse para la rápida reactivación económica es la derogación de esta ley.

 

  1. Sobre el incremento del precio de la gasolina: nos parece que es una medida que va en la dirección correcta, sin embargo, si estos nuevos recursos van a financiar, parcial o totalmente, la inversión social, sigue quedando sin resolver la interrogante acerca de los montos de inversión requeridos para lograr el objetivo de aumentar el volumen de producción de PDVSA.

 

  1. Sobre el incremento del salario mínimo y del bono de alimentación: El Gobierno debe controlar el gasto público, regular las impresiones de dinero inorgánico y trazar una política destinada a incrementar rápidamente la oferta de bienes y servicios, única estrategia que a mediano y largo plazo puede contener la escalada de los precios en la economía.

 

  1. Sobre la reestructuración del sistema de distribución y venta de alimentos: una mayor centralización no corregirá las distorsiones, las profundizará. El problema no es la distribución de bienes y servicios; el problema es la producción.

De este conjunto de anuncios, llamaron la atención las medidas ausentes: no hay  reconocimiento y garantía de los derechos de propiedad, no se implementan estímulos concretos a la inversión privada nacional y extranjera, ni se crean instancias formales de diálogo y mecanismos de promoción de acuerdos entre el Gobierno, el sector sindical y Fedecámaras.

El enfoque de los 14 motores no ataca la raíz de los problemas económicos que experimenta el país desde hace años. Y ello por una sola razón: porque deja inalterable la estructura central del modelo económico que precisamente nos ha conducido a la sumatoria de restricciones y distorsiones hoy existentes.

Repetimos insistentemente nuestras propuestas,  hasta ahora no hemos sido escuchados por el Gobierno. Por ello, presentamos una vez más nuestra contribución para la reactivación económica del país en el corto y mediano plazo, lo que necesariamente pasa por adoptar un conjunto de medidas de política económica que estimulen la creación de confianza y faciliten la generación de riqueza social:

  1. Garantizar el respeto a los derechos de propiedad.
  2. Garantizar condiciones de seguridad personal y pública (de personas y bienes).
  3. Garantizar la estabilidad de las principales variables macroeconómicas, para crear un entorno favorable a las inversiones.
  4. Implementar mejoras en la infraestructura de servicios públicos, particularmente en electricidad y agua, sin olvidar la importancia de la infraestructura vial, hospitalaria y educativa, para facilitar el incremento sostenido de los niveles de producción.
  5. Reformar el régimen cambiario de forma tal que se produzca la unificación cambiaria a una tasa razonable y que se garantice el libre acceso a las divisas.
  6. Levantar progresivamente y de forma definitiva el régimen de control de precios.
  7. Implementar estímulos fiscales para las inversiones de mediano y largo plazo en el país.
  8. Implementar incentivos financieros para la modernización del aparato productivo nacional, facilitando la adquisición de maquinarias, equipos y tecnología.
  9. Actualizar la legislación laboral.
  10. Revisar y actualizar otras normas que forman parte del marco regulatorio económico de Venezuela.

Estas medidas deben venir acompañadas de un conjunto de programas sociales dirigidos a mitigar el impacto social en los ciudadanos de menos recursos.

Para generar un cambio, Venezuela requiere de un acuerdo entre el Estado, los trabajadores y la empresa privada, que tenga por finalidad la rápida reactivación de la economía.

El país necesita urgentemente atraer inversiones y esto solo se logra si el Gobierno es capaz de generar confianza. El discurso de la “guerra económica”, un pretexto para intentar transferirle al sector empresarial la responsabilidad directa que el Gobierno tiene en la generación de la crisis económica, lejos de contribuir a generar confianza, inhibe al sector privado.

Es la hora de que Venezuela genere un aprendizaje creativo de los errores del pasado. La inexistencia de un consenso mínimo entre diversos sectores sociales sobre una misma estrategia de desarrollo, particularmente entre el sector público y privado, el rentismo petrolero y la escasa diversificación económica, han traído como consecuencia que Venezuela no haya podido, durante 35 años, generar tasas de crecimiento por más de 5 años consecutivos.

Insistimos que, las respuestas a nuestras interrogantes como sociedad y las soluciones a nuestros problemas no están en el debate ideológico; están en el terreno de las políticas económicas concretas. No somos el primer país de América Latina que encara crisis económicas como estas; muchos han logrado superarlas y sus economías son, al día de hoy, vigorosas y atractivas para la inversión.

El tiempo para la improvisación se acabó. El tiempo para la experimentación social guiada por utopías irrealizables se agotó. El Gobierno nacional tiene la llave para poner fin al encarcelamiento de la economía venezolana, para liberar las fuerzas productivas que han estado represadas durante años.

«Queremos trabajar por el país, que nos dejen producir sin mayores limitaciones que las que establece la Constitución Nacional, que nos permitan ser constructores de una Venezuela próspera y pujante. Creemos en el esfuerzo, en el trabajo honrado, en la creación de oportunidades para el futuro. En una Venezuela caracterizada por el progreso y el bienestar de sus ciudadanos. Una Venezuela capaz de aprender de sus errores pasados y capaz de superarlos colectivamente. Con el orgullo de ser empresario decimos que es el momento de construir país y futuro», finalizó el documento de la entidad patronal.

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