Economía

FMI: de vuelta a los rescates

(AIPE)- El Fondo Monetario Internacional y el Departamento del Tesoro le dieron la espalda a la política -que por cierto duró muy poco- de no salir a la carrera a instrumentar rescates financieros en América Latina. En su reciente visita a América del Sur, el secretario del Tesoro Paul O’Neill abandonó su tono severo. El rescate a Uruguay y el acuerdo con Brasil prueban que ni el FMI ni el Departamento del Tesoro han aprendido de las experiencias.

Luego de conceder más de 250 mil millones de dólares en asistencia a las naciones deudoras en los años 90, los nuevos encargados del FMI y del Tesoro habían cambiado de rumbo, negando rescates a las economías mal manejadas. Las pérdidas enseñarían las virtudes de cumplir con las obligaciones y sobre la cuidadosa evaluación del riesgo.

No se trataba de un castigo egoísta. Más bien se había determinado que las operaciones de rescate del FMI, asistidas o promovidas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, habían logrado incrementar los riesgos al fomentar que se pidiera prestado demasiado. Las empresas en las naciones emergentes, en lugar de aumentar sus capitales emitiendo acciones, piden prestado a los bancos locales. Estos bancos prestan en moneda local dinero que obtienen de préstamos en dólares, lo cual aumenta sus riesgos. Y cuando los prestamistas extranjeros se ponen nerviosos respecto al país, no renuevan los préstamos y pronto comienza una corrida contra los bancos, la moneda y la deuda del gobierno.

Tal política alcanzó la cima en los años de Clinton, cuando México, Rusia, Corea, Tailandia, Indonesia, Filipinas, Brasil, Argentina y otras naciones recibieron préstamos multilaterales masivos, del FMI y del Departamento del Tesoro, para rescatar a los bancos y pagar a los acreedores extranjeros. A menudo, los bancos extranjeros renovaban sus préstamos con mayores ganancias después que el FMI aportara dinero fresco.

Wall Street adoraba lo que hacían Robert Rubin y Larry Summers, los dos secretarios del Tesoro de Clinton. Los bancos cobraban por renegociar la deuda y aplaudían como éxito tales políticas porque así conseguían que les pagaran, aunque países como México, Corea, Tailandia e Indonesia sufrieron grandes recesiones y terminaron con deudas aún mayores.

Los asesores económicos de Bush comprenden el peligro que significa que los prestamistas sepan de antemano que serán rescatados y creyeron que era tiempo que prestamistas y prestatarios lo entendieran también. Si los prestamistas confían en ser siempre rescatados, no evaluarán cuidadosamente los riesgos. Y esos prestamistas no podrían, entonces, cobrar primas adicionales de 10%, 15% o más a los prestatarios riesgosos sin asumir ellos el riesgo que esas primas reflejan.

Esta política de disciplina no era aplicada a todos. Los aliados y clientes de Estados Unidos siguieron recibiendo ayuda igual que antes. Turquía era un caso especial, en una posición de gran importancia. Luego vino Pakistán, que de repente alcanzó una posición estratégica clave.

Pero esas eran, supuestamente, las excepciones. Argentina representó el modelo de la nueva política. Los prestamistas asumieron grandes pérdidas cuando el gobierno argentino declaró la cesación de pagos. Bajo las nuevas reglas, Argentina tenía que instrumentar -no sólo prometer- reformas fiscales, monetarias y otras. Con un gobierno incapaz de promulgar tales reformas, la economía argentina colapsó. Demasiado inepto para lograr reabrir los bancos, el gobierno de Duhalde permitió que se disparara la pobreza. Muchos argentinos perdieron las esperanzas y emigraron.

El FMI y el Tesoro se aferraron a la nueva política, a pesar de las presiones argentinas, de los prestamistas internacionales y de bien intencionados pero equivocados organismos de desarrollo que ven en el dinero proveniente de los impuestos como el remedio para todo.

La crisis argentina no se desparramó sobre otros países. México, Brasil y Chile no sufrieron la suspensión de los créditos internacionales ni corridas bancarias. Perú vendió bonos a 10 años por primera vez en varias décadas. La moneda brasileña se apreció y su banco central redujo las tasas de interés.

Uruguay fue la excepción. Sus bancos estaban repletos de depósitos de argentinos prudentes que desconfiaban de su gobierno. El turismo representa más del 15% del PIB uruguayo y buena parte venía de Argentina. Al implantarse el “corralito”, los argentinos se vieron obligados a reducir sus gastos, incluyendo gastos en vacaciones. Otros argentinos retiraron los fondos depositados en el extranjero. Esos grandes retiros parecían ser una corrida en los bancos uruguayos y varios perdieron liquidez. Una moneda flotante hizo más costoso los retiros, pero no logró detener la pérdida de los depósitos en dólares. La caída del crecimiento económico en Brasil empeoró el problema uruguayo.

Uruguay acudió al FMI, logrando un crédito de 3.800 millones de dólares, o sea más de 1.100 dólares per cápita. Cualquiera que sean los beneficios obtenidos, Uruguay hipotecó su futuro.

Luego vino Brasil, donde siempre ha predominado el nacionalismo y el populismo. Cuando las encuestas mostraron que dos candidatos populistas estaban muy por delante, los inversionistas comenzaron a sacar su dinero. ¿Por qué arriesgarse? Siempre podrían regresar si gana el candidato oficial.

Pero el Banco Central, el FMI y el Departamento del Tesoro van a “defender” el real, una política funesta que empeorará la situación. Al respaldar la tasa de cambio, Brasil le da un mejor cambio a quienes quieren comprar dólares y el país terminará más endeudado, gane quien gane las elecciones.

Los rescates ignoran dos asuntos cruciales. Primero, la economía enseña que el dinero resuelve problemas monetarios, no los problemas reales. El FMI está en el negocio del dinero. Las políticas populistas y nacionalistas son golpes reales. El FMI no debe intervenir porque es incapaz de resolver los problemas políticos del Brasil. Segundo, el servicio de la deuda brasileña hasta las elecciones de octubre representa una fracción de sus reservas internacionales. No hay riesgo de cesación de pagos antes de las elecciones. Si gana el candidato del gobierno y se mantienen políticas responsables, los dólares regresarán.

El hecho que la administración Bush apoya el rescate brasileño es prueba que sus políticas económicas andan dando tumbos. Cualquier esperanza de rescatar al FMI de las garras de sus burócratas está desapareciendo.©

* Profesor de economía política de Universidad Carnegie Mellon y académico del American Enterprise Institute. Artículo publicado originalmente en el Wall Street Journal, diario que autorizó la traducción de AIPE.

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