Economía

Informe Petrolero: La supervivencia del Petróleo

La situación actual

Pese a los vaivenes y contradicciones a los cuales nos tiene acostumbrados el mercado petrolero mundial con su multiplicidad de actores e intereses, el petróleo continúa siendo en la actualidad el principal energético del mundo. Todavía es el primer combustible para la motorización de la mayor parte de las industrias productoras de bienes y servicios y para el transporte de personas y mercancías, a nivel global. Por ende, sigue siendo el principal negocio del mundo, el bien de mayor sentido estratégico en la actualidad, el que es objeto de las mayores disputas político-militares y el recurso en función del cual, se invierten las sumas más astronómicas de dinero por el mantenimiento de su control. Reza un viejo aserto, que el mejor negocio del mundo es una empresa petrolera bien gerenciada y el segundo mejor negocio, es una empresa petrolera mal administrada.

En 1967 Abdullah Al-Tariki escribió lo siguiente:

“No solamente para Vietnam es indispensable el petróleo árabe, sino también del Mediterráneo para las fuerzas armadas británicas y estadounidenses en el Golfo Arábigo, para el funcionamiento del Pacto CENTO y para la OTAN. En general, ese petróleo es vital para la seguridad y defensa del “mundo libre” (…) Según los acuerdos firmados entre las fuerzas armadas estadounidenses y las compañías operantes en el Golfo, las primeras reciben derivados de las refinerías de Ras Tanura, Bahrain y abadán a precios inferiores a los publicados (…) Estados Unidos requiere para los fines militares un total de alrededor de 400 millones de barriles anualmente con un costo de 1.4 mil millones de dólares. Las operaciones en el Sudeste Asiático absorben diariamente unos 330 mil barriles (120 millones de barriles anuales) cuyo costo es de 240 millones de dólares; el 65% de esas necesidades se cubren con petróleo del Golfo Arábigo (…) El Departamento de Defensa estadounidense, estimó recientemente el costo adicional para asegurar sustituto del suministro petrolero mesooriental para las operaciones en Vietnam en 21 millones de dólares mensualmente (…) El Departamento de Defensa estadounidense tiene en la región del Océano Pacífico más de 17 millones de barriles en forma de reservas, mientras que en Europa tiene almacenado cantidades suficientes para operaciones entre 6 y 10 meses (…) a mediados de 1967, Estados Unidos recibía de las refinerías del Golfo Arábigo productos en el orden de los 6.5 millones de barriles mensualmente.” (1)

En la actualidad, salvo cambios sustanciales en los costos de mantenimiento del control técnico sobre parte de las reservas del Golfo Arabe-Pérsico, la situación continúa siendo bastante similar. La permanencia de importantes contingentes de tropas estadounidenses en los océanos Atlántico y Pacífico, y más especialmente en el Golfo Arabe-Pérsico a partir de 1991, representan grandes gastos económicos para esa nación. Su presencia militar transfronteriza, la cual busca asegurar capacidad de respuesta inmediata en caso de amenazas en contra de sus intereses petroleros en el Medio Oriente (las petromonarquías), consume gran parte del presupuesto de Seguridad y Defensa de Washington. Sin embargo, los gastos generados por tal situación son recuperados con creces, gracias a la prosperidad que el petróleo ajeno le permite obtener a la economía estadounidense y a la de sus principales socios comerciales: Europa Occidental y Japón.

Cabe destacar, que a partir de 1948, cuando los Estados Unidos (EE.UU.) se convirtió en importador neto de petróleo, agudizó paulatinamente sus políticas internacionales para asegurar el control sobre reservas petroleras foráneas y garantizar el suministro. Sería la coyuntura que representó la crisis de Suez de 1956 (2), la aprovechada por los EE.UU. para lograr finalmente su penetración política en el Medio Oriente. En aquella oportunidad, Washington maniobró, de acuerdo a las supuestas convicciones anticolonialistas de Eisenhoower, para desplazar a Francia y a Inglaterra como potencias imperialistas en la región y ocupar, posteriormente, el lugar dejado por ellas. Esa coyuntura fue igualmente la que trajo entre sus consecuencias, el hecho de que Londres y París pasaran a ser potencias de segundo orden.

Por otra parte, siguen siendo significativas las contradicciones entre los distintos actores del mercado petrolero mundial –países exportadores, países consumidores, compañías- por obtener del petróleo los mejores beneficios. Las complejas disputas político-económicas por el precio del crudo, dan una señal clara no solamente de su condición estratégica sino también de su vigencia e importancia.

La vigencia se comienza a ver amenazada

No obstante, a todas las consideraciones anteriores, la vigencia del petróleo como principal energético y en su condición de primer negocio han empezado a ser cada vez más ampliamente amenazadas. Los inicios más claros del proceso de declinación de la vigencia del petróleo como energético y negocio podrían ubicarse en las acciones de los países industrializados a partir de la crisis de 1973, o lo que se conoció como el Embargo Petrolero Arabe. Hasta aquel momento, las economías que habían logrado industrializarse agudamente, especialmente los EE.UU., Europa y Japón, disfrutaban de suministros abundantes y a bajos costos. Aun cuando los conflictos petroleros de 1956, 1967 y 1969 habían dado ya indicios de que la seguridad y precio del suministro petrolero para Occidente podrían tornarse inciertos, sería la coyuntura de la guerra del Yom Kippur o Ramadán cuando las medidas para atenuar la dependencia petrolera, se harían programáticas.

Para 1974, bajo el auspicio de Washington, se crea la Agencia Internacional de Energía cuyo objeto fundamental habría sido el de agrupar a través de políticas energéticas comunes a los países industrializados. Por otro lado, los gobiernos, los ciudadanos y las industrias fueron paulatinamente racionalizando y optimizando el uso de la energía. Los programas de eficiencia energética, permitieron que entre 1973 y la actualidad, se diera un proceso sistemático de reducción de la cantidad de energía necesaria para producir una unidad de cualquier bien. En el presente, esta disminución en el consumo de energía por la vía del coeficiente energético se ve reforzada par la proliferación de industrias de alta tecnología que requieren de muy poca o ninguna energía convencional, para producir.

Al respecto, el Dr. José Rafael Zanoni señala:

“En cuanto a la intensidad energética, los países desarrollados han venido disminuyendo su consumo de petróleo por 10.000 de PIB, pasando de tasas de 1.75 BEP/100 $/PIB en 1985 a 1.62 BEP/$1000 PIB en 1995, mientras los países en desarrollo han pasado de 2.63 BEP/$1000 a 2.97 BEP/$1000 PIB y en cuanto al petróleo de 8.82 en 1988 a 0.76 en 1994 y los países en vías de desarrollo de 1.31 a 1.51.” (3)

Adicionalmente, son también otros los factores, relacionados con el progreso tecnológico los que atentan en contra del petróleo, de manera particular el progreso en el desarrollo de fuentes alternas de energía eficientes, de posible generación y consumo masivo y económicamente rentables. En tal sentido se podría señalar lo siguiente:

a) Aumento, como se indicó, de la eficiencia energética con la cual operan las industrias y surgimiento de otras de alta tecnología que emplean poco o ningún energético derivado de los combustibles fósiles. El aumento del coeficiente energético, la disminución de las necesidades energéticas tradicionales de las industrias, la preferencia de las compañías a utilizar fuentes alternas de energía, contribuyen a la disminución paulatina de la importancia del petróleo y, por ende, de la condición estratégica de los grandes productores de crudo (especialmente los del Medio Oriente)

b) Incremento acelerado de los procesos de desarrollo de fuentes alternas de energía.

c) Ampliación del abanico de ofertas de fuentes alternas de energía, tales como la solar, eólica, biomasa, hidrógeno, aire comprimido, células de combustible y fotovoltáicas, gas natural, etc.

En el marco de este proceso de reconfiguración de los patrones de consumo energético global, cabe destacar la postura de los EE.UU., quien es el principal consumidor energético del mundo. De tal manera, la única superpotencia de la actualidad comporta, entre sus debilidades más resaltantes, la dependencia energética. Esta condición, hasta ahora resuelta por Washington con la política intervencionista siempre ha representado su punto más vulnerable. En tiempos de la Guerra Fría, Moscú contaba con autosuficiencia energética, representada en sus grandes reservas petroleras, la cual le habrían permitido sobrellevar un largo período de guerra convencional, incluso asistiendo en materia de suministros a sus países satélites.

Por su parte los EE.UU, con importantísima insuficiencia energética, debió hacer esfuerzos significativos para mantener el control técnico sobre parte las reservas petroleras del Medio Oriente y a la vez evitar la penetración soviética en la zona. La capacidad que tuvo Washington, pese a las distintas crisis que se sucedieron regularmente en Mesoriente -producto del colonialismo, el imperialismo y la presencia de Israel- quizá influyó en buena medida para que el Occidente industrializado asumiera sin prisa el proceso de transición energética. A esto podría sumársele, el instrumento de política exterior en el cual se convirtieron las compañías petroleras transnacionales para gobiernos como el de los EE.UU., Londres o París. Durante décadas, por ejemplo, la British Petroleum -inicialmente ARCO y hoy BP-Amoco- fue la principal herramienta política de los británicos en el Medio Oriente; como igualmente lo serían las estadounidenses para Washington, posteriormente. Todo esto sin mencionar, los ingentes beneficios económicos que estas grandes corporaciones representaban para las economías de sus países de origen.

Asimismo, durante las últimas 3 décadas Washington ha hecho un uso estratégico y efectivo de las declaraciones acerca de sus programas de investigación sobre fuentes alternas de energía y sustitución energética. En tiempos de precios demasiado “altos” del crudo, manifestaciones en tal sentido van y viene; en tiempos de precios bajos o moderados el fantasma de la sustitución energética es nuevamente “amarrado”. Recientemente, en la coyuntura que ha significado el aumento de la producción de la OPEP en los últimos 3 meses, el Presidente Bill Clinton apeló al mismo expediente tradicional empleado por Washington desde 1973: los EE.UU. debe hacer mayor esfuerzo en disminuir su dependencia energética. De tal manera, los estadounidenses han utilizado sus amenazas con resultados a su favor en cuanto al comportamiento de los actores del mercado petrolero mundial, particularmente la OPEP.

En cierta medida, la OPEP ha sido un tonto útil de los EE.UU. durante cuarenta años. Si bien es cierto los miembros del cártel se han beneficiado de la agrupación para obtener unos modestos mejores términos de intercambio para el petróleo; no es menos cierto que países ex organización –EE.UU:, Noruega, Inglaterra, etc.- no habrían podido hacer competitiva la explotación de sus escasos recursos petroleros sin las prácticas oligopólicas de la OPEP. Sin la condición de regulador del precio del crudo, las reservas petrolíferas de Texas o del Mar del Norte seguramente habrían tenido que esperar hasta el presente, a propósito del extremo desarrollo tecnológico, para probablemente ser explotadas comercialmente. Por consiguiente, algunos productores no OPEP poseen una deuda economico-moral con el cártel. Esto debería ser tomado en cuenta para el momento en el cual, el proceso de transición energética global comience a hacerse más agudo.

Los protocolos de Kioto, los cuales por cierto no fueron firmados por los EE.UU., contemplan la posibilidad de programas de ayuda para los países cuyas economías dependen en gran medida de la producción petrolera. Una vez que la reestructuración societal de la civilización Occidental culmine y se definan los nuevos parámetros de convivencia y la relación producción-energía, los países industrializados deberían contribuir a que la transición de las naciones petroleras monoproductoras sea menos traumática. Pareciera, además, que la necesidad de un crecimiento económico global resulta indispensable para los años venideros. Bien por la vía de una sociedad global -posibilidad que resulta bastante difícil de materializar-; o bien a través de civilizaciones que se resguardan en sus fronteras culturales, pero que sostienen un prolijo intercambio comunicacional y comercial con otras. La posible formación de un sistema mundial sectorizado por bloques culturales, no implica que en las agrupaciones de países por afinidades de esa índole, estén presentes la totalidad de los estados que pertenecen a esa civilización.

Por otra parte y en íntima relación con lo antes expuesto, resultan ser factores de amenaza para la supervivencia del petróleo las presiones ambientales y las ambientalistas. Podrían considerarse entre las primeras, las que adelantan aquellos grupos cuyo interés fundamental es la genuina defensa del medio ambiente y de la vida humana en un entorno ambiental saludable. Las ambientalistas, corresponden a medidas económicas proteccionistas adoptadas generalmente por los países desarrollados para limitar el ingreso del crudo y los derivados petroleros a sus economías. La supuesta defensa del medio ambiente, se convierte en justificaciones válidas para que los términos de intercambio sobre los cuales se comercia el petróleo sean –como con prácticamente todo el comercio norte-sur- asimétricos.

Desde siempre, quienes mayormente se han lucrado de los recursos petroleros han sido los países industrializados. Primero aprovecharon un recurso que sin pertenecerles y sin haber pagado nunca lo justo, lo emplearon para crecer industrial y económicamente; luego sobre la base de un combustible abundante y barato, adquirieron un nivel de vida por el cual igualmente no han pagado lo justo, y, por si fuera poco, han enriquecido sus fiscos nacionales a costa de los altos impuestos a los derivados, particularmente a la gasolina. Situación impositiva que ha incidido, entre otros factores, en el crecimiento moderado de la demanda que ha privado en los últimos años.

Con relación a todo este asunto de las trabas proteccionistas de los países industrializados y la asimetría de los términos de intercambio, en 1973, en su libro Medio Oriente, La OPEP y la Política Petrolera Internacional, el profesor Mazhar Alshereidah escribió:

“Además, interviene el factor denominado la POLITICA DE ENERGIA o mejor dicho las restricciones proteccionistas de los principales países consumidores. M.E. Hubbard, consejero económico de la British Petroleum, decía en el Segundo Congreso Arabe de Petróleo que “la industria minera en Europa es una industria tradicional que emplea a unos 1.5 millones de obreros y el cierre de las mismas representa problemas sociales serios para los países respectivos. Para evitar esto y la “sangría” de divisas los gobiernos europeos seguirán apoyando el desarrollo de sus fuentes propias de energía aunque éstas no sean económicamente competitivas con el petróleo (…) A todo esto vienen los obstáculos artificiales, impuestos por los países consumidores sobre el consumo de los derivados. Se sabe que el 80% del precio de la gasolina que se vende en Francia son impuestos con objetivos puramente financieros (fiscalistas). Los expertos de la OPEP han calculado que el ingreso por impuestos de los gobiernos de los países consumidores, por la venta de un barril de petróleo refinado forma el 54% de su precio total.” (4)

Con respecto al mismo asunto de la asimetría de los términos de intercambio, Roberto Centeno en 1982, en su libro El Petróleo y la Crisis Mundial, planteó en términos similares la misma problemática. En tal sentido, para que quede la certeza de la preocupación de distintos investigadores sobre el tema, encontramos en las palabras de Centeno lo siguiente:

«En estas circunstancias (de intercambio), los países consumidores eran los grandes beneficiarios de esta situación, ya que o bien el consumidor final recibía los productos a bajo precio, o lo que ocurría más frecuentemente, dada la inelasticidad de algunas demandas, los gobiernos gravaban con altos impuestos a estos productos (gasolinas y gasóleo fundamentalmente), con lo que se apropiaban de la mayor parte del excedente del consumidor que una demanda inelástica genera. Esto traducido al lenguaje corriente significaba que mientras los países consumidores obtenían fuertes rendimientos fiscales de los productos petrolíferos, al aprovechar sus gobiernos las características particulares de su demanda, los países exportadores se beneficiaban muy poco, lo que contribuía a crear notables tensiones en los países exportadores, que consideraban injusto el que <> petróleo, fuera gravado más fuertemente en otros países que en los suyos propios»(5)

En la actualidad la situación no es nada distinta. Por el contrario, a lo largo de estos años los países altamente industrializados y mayoritariamente consumidores de petróleo, han incrementado los impuestos a los derivados –especialmente, como se indicó, a la gasolina-, así como las medidas ambientalistas (proteccionistas) (ver tabla Nº 1).

Tabla Nº 1
Impuestos en venta de gasolina (6)

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Aun cuando la Orimulsión no es un negocio conveniente para la industria petrolera venezolana (7), es oportuno mencionar como medidas “ambientalistas” de países desarrollados han intentado mediatizar su comercialización. Es harto conocida la resistencia de Inglaterra a principios de la década de los noventa, para evitar que la Orimulsión fuese comercializada en Europa, y más todavía en el Reino Unido. Dado que la Orimulsión por sus características y bajo precio es un competidor del carbón, su penetración en el mercado del británico habría llevado a la quiebra a la industria carbonífera inglesa, con la consecuencia fundamental de la pérdida de numerosos empleos. Para Londres, que por tantos años ha abogado por la libre competencia, era impensable permitir la comercialización de la Orimulsión en su mercado. Asimismo, es célebre la demanda que ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) introdujo Venezuela en contra de los EE.UU. por las restricciones, con justificaciones ambientalistas, que este país pretendió aplicarle a las gasolinas reformuladas.

De cualquier manera, el asunto ambiental es una realidad que por razones genuinas o proteccionistas está presente y se ha convertido en un importante factor de amenaza en contra de la vigencia del petróleo. Por ello, los países productores, principalmente los de la OPEP, deben asumir un papel más activo en el estudio del tema ambiental y en como influye este en materia de limitaciones para el negocio. Esto con el fin, de que asuman medidas o políticas que permitan atenuar el impacto de esas presiones sobre el negocio petrolero y retrasar o desacelerar la inevitable transición energética. Las grandes corporaciones petroleras, conscientes de este factor y de la transición ya se han preparado en tal sentido. De las grandes industrias petroleras transnacionales y aparentemente impersonales, han pasado a las grandes compañías petroleras con conciencia ambientalista, preocupadas por el futuro del planeta y con un alto sentido de la “solidaridad” humana. La nueva imagen que pretenden vender estas empresas, les está ayudando a sobrellevar el proceso de cambio energético dándose tiempo para penetrar y posicionarse en los nuevos mercados de fuentes alternas de energía.

Todo esto ocurre, en medio de un clima de presiones el cual es en buena medida artificial. La artificialidad del clima de amenazas, viene dado porque la presunta degeneración ambiental ocasionada por el uso de combustibles fósiles todavía no es un hecho totalmente comprobado y responde esa “verdad” más a la propaganda, que a la posible realidad. Como señala la sabiduría popular: una mentira dicha mil veces se convierte en verdad. Hasta la fecha, los biólogos no se han puesto de acuerdo acerca de las verdaderas causas del recalentamiento global. Se ha comprobado, que parte de postulados que responsabilizan al uso de combustibles fósiles de los problemas climáticos son pagadas por los centros de poder, y utilizados para proselitismo ambiental.

La conferencia de expertos en ambiente de 1995 en Leipzig, resaltó en su declaración final:

“En un mundo en donde la pobreza es el mayor contaminante social, cualquier restricción al uso de la energía que impide el crecimiento económico debe verse con mucho cuidado. Por esta razón consideramos que impuestos al carbón y otras políticas de control drástico –no tienen soporte científico creíble- no son aconsejables, son prematuros, llenos de peligro económicos y probablemente contraproducentes” (8)

Por su parte, el Dr. Fred Singer señala en su libro Hot Talk Cold Science argumentos que contradicen y ponen en duda la veracidad de las medidas ambientalistas. Al respecto señala:

“Casi toda la investigación ambiental es pagada por los gobiernos, y la justificación de tales egresos es la de defender a la población general de los peligros. Por lo tanto estas Agencias no ven con buenos ojos propuestas para investigaciones, que pudiesen demostrar que los peligros ambientales no son serios o hasta inexistentes” (9)
Otros factores amenazantes

De cualquier manera, e independientemente de las presiones ambientales -genuinas o inducidas- y de la política fiscalista de los países consumidores, el mundo no solamente está viviendo antes que una transición energética, una civilizacional. Con estos cambios en los patrones de vida e interrelación, también se está operando un cambio en cuanto al energético que motorizará esa nueva sociedad o sociedades. La velocidad de los cambios tecnológicos de las últimas cinco décadas, han conllevado a una reestructuración de todas las instancias del mundo civilizado; era de esperarse iniciativas hacia los parámetros de consumo energético. Esto, aun cuando es sabido, que las transformaciones globales no son simétricas ni se desarrollan a la misma velocidad. Las diferencias en cuanto al ritmo de transformación, son de considerables márgenes de unos países con respecto a otros; incluso entre grupos sociales de una misma nación. Es ésta, una de las características de la globalizaición, o como ha preferido llamarla el reputado economista John Kenneth Galbraith –atribuyéndole otras connotaciones-, la internacionalización. (10)

Además de las grandes corporaciones petroleras tradicionales, también gobiernos han adelantado gestiones a favor de las fuentes alternas de energía. Esto sin duda contribuye a que la importancia del petróleo a corto o mediano plazo se vea considerablemente disminuida.

“China ha tenido gran avance en el uso del viento, el biogas, pequeñas plantas hidroelectricas y el aprovechamiento de la energía de las mareas, incluso con tecnología propia, lo que ha reportado un ahorro sustancial en el uso/importación de energías fósiles. China también está manufacturando, bajo contrato con empresas del Mundo Occidental, artículos de consumo final propulsados por energía solar tales como lámparas, radios y computadores portátiles. Brasil alberga el mayor programa de energía renovable del mundo: el uso de etanol a partir de caña de azúcar, para propulsar cuatro millones de vehículos. India es un gran usuario de energía eólica (el 4to en el mundo) y también produce molinos de viento, así como paneles solares. Filipinas está contratando los servicios de una empresa canadiense, Blue Energy, para aprovechar la energía de las mareas en los estrechos de su archipiélago, a través de la instalación de un sistema de modernas turbinas de bajo impacto ambiental, para una inversión de 2000 millones de dólares, lo que sería la inversión de mayor cuantía, hasta ahora, en el campo de las fuentes renovables. Costa Rica ha resuelto eliminar el uso de combustibles fósiles en su producción de energía eléctrica, para el año 2010, y ha establecido un impuesto de 15% sobre la emisión de CO2” (11)

Claro está, que la iniciativa de los gobiernos pasa porque la aparición de numerosas pequeñas, medianas y grandes empresas dedicadas al desarrollo de fuentes alternas de energía, han puesto en disposición un abanico de posibilidades al respecto. A esto por supuesto debe sumársele las iniciativas particulares de algunos países, como China o India, que dado sus condiciones poblacionales singulares se ven obligados a adelantar programas propios para suplir las deficiencias energéticas.

Las iniciativas empresariales privadas y gubernamentales en materia de fuentes alternas de energía, serán catalizadas en parte por el curso que tome el proceso de transformación global que actualmente vive el mundo. La edición de diciembre de 1999 de la revista del Fondo Monetario Internacional, Finanzas y Desarrollo, prevé un crecimiento económico global para los próximos 10 años. Incluso Africa, es optimistamente asumida como beneficiaria de ese crecimiento. El 4% de crecimiento anual que ha sostenido ese continente durante los últimos años es un indicador positivo, según Goodall Gondwe, Director del Departamento de Africa del FMI, de que este continente no se quedará atrás en el proceso económico global.

No obstante, es conveniente señalar que la expansión económica prevista, incluso desde hace unos veinte años, había sido hasta ahora fundamentalmente asociada con un incremento de la demanda de petróleo. Pero la rapidez con la cual se han ido desarrollando en los últimos años los programas de fuentes energéticas alternas, conlleva a pensar que la dilatación económica mundial no será directamente proporcional a un aumento en la demanda –por ende en la oferta – de crudo; sino que posiblemente haya una mayor inclinación al consumo de energías alternas para la producción de bienes y servicios y el petróleo pase paulatinamente a ser un producto más de una cesta energética.

Esto también podría depender, como se indicó, de la velocidad en la cual se den las transformaciones finales que definan la nueva estructura social de cada civilización. (12) Un primer escenario podría ser, que algunas civilizaciones como la occidental, la nipona, entre otras -dado el ritmo vertiginoso al cual se han movido en las últimas décadas- pasen a nuevos estadios civilizacionales donde el petróleo sea un bien secundario, e incluso, totalmente erradicado como energético. En este escenario, el mercado petrolero para los países productores, en particular los de la OPEP, quedaría restringido a las civilizaciones emergentes, como la india, la china, la africana e incluso la latinoamericana misma, las cuales están un escalón abajo en el consumo significativo de energía para lograr su industrialización. Esto garantizaría, que el petróleo continuaría con un grado importante de vigencia y seguiría representando un negocio significativo.

Un segundo escenario –por cierto el que paulatinamente cobra más fuerza-, estaría caracterizado por una asunción generalizada tanto del sur como del norte, de las nuevas fuentes de energía en los nóveles modos de producción de bienes y servicios. Sectores de la humanidad que todavía hoy día no alcanzan la era industrial, sino que poseen significativa ruralidad –China, India, Africa- podrían no pasar por la etapa de industrialización impulsada por el petróleo, sino dar el salto energético: de uso modesto del petróleo hoy día a la utilización, como lo harían los países desarrollados, de las fuentes alternas de energía. Esto además de tener como primera consecuencia un desplazamiento del petróleo, posiblemente contribuya a una disminución sustancial de la secular asimetría en las relaciones norte sur, dado que ambos sectores tendrían más o menos las mismas posibilidades energéticas, para impulsar sus proyectos de expansión comercial. Una de las ventajas comparativas más importantes de buena parte del “tercer mundo”, es precisamente la considerable cantidad de recursos naturales de los cuales dispone para adelantar programas autónomos de desarrollo.

El sur podría dar ese salto energético con relativa facilidad, en tanto no se encuentra restringida por el importante aparataje industrial dependiente del petróleo al cual se encuentran atados los países desarrollados. Para ellos el proceso de transición energética debería resultar más complejo, en cuanto desmontan el andamiaje industrial petrolero y rearman las industrias sobre la base de nuevos energéticos no contaminantes y económicamente rentables. En este caos, como se dijo, el petróleo de no desaparecer totalmente como energético estaría incluido como un bien más –marginal- de una cesta de alternativas energéticas.

“Como muestra de la acelerada expansión de las energías alternativas, cabe señalar que durante la década pasada el crecimiento interanual del consumo de algunas de ellas fue muy alto. Las siguientes cifras son elocuentes: viento, 22% de crecimiento interanual; solar, 16%; geotérmica, 14%. Compárese ello con un escuálido 2% para el petróleo, y un dramático 0% para el carbón.” (13)
¿Prolongar, la transición?

Que en los próximos años el mundo tendrá una “sed” energética mayor que hoy día, pareciera ser la tendencia. Sin embargo, esto no significa, ni es directamente proporcional al hecho, de que eso implicará un aumento en la demanda petrolera. Más aun todavía, con la celeridad con la cual aparentemente se está moviendo la investigación, producción y comercialización de fuentes alternas de energía.

Por ello, los países productores de petróleo, especialmente aquellos cuyos ingresos dependen casi exclusivamente de esta actividad, deben asumir que si bien es cierto la economía global se expandirá y el “apetito” de energía de los países crecerá; no lo es menos que no se sabe con certeza cuanta participación real tendrá el petróleo en ese nuevo estado civilizacional del mundo.

Al corto plazo, se vislumbran precios más o menos altos (pero a la vez moderados) del crudo. Esto además de favorecer a los países productores-exportadores, es positivo para las economías altamente consumidoras y para productores marginales como el estado de Texas en los EE.UU. De mantenerse así el panorama, como todos sabemos, las presiones hacia arriba del mercado petrolero con respecto a la sustitución del petróleo permanecerían de bajo perfil. En tal sentido, pareciera que existe una tendencia hacia el establecimiento de un acuerdo, tácito o expreso, sobre el precio del crudo,. Acuerdo que permitiría un precio moderado, estable, predecible.

Uno de los indicadores que apuntan hacia posibles acuerdos de concertación de precios, o “precio del desarrollo” como lo plantea el Dr. José Rafael Zanoni, entre los distintos actores del mercado petrolero global –gobiernos productores, consumidores, compañías, etc.- es la intención de algunos miembros de la OPEP, de tratar de deslastrar a la organización de lineamientos políticos. La intención es convertirla, en definitiva, en un ente de orden técnico-petrolero; y no una institución al servicio de intereses políticos; esto al menos en términos nominales. Se entiende que la meta final de esta política es la neutralizar de una vez por todas el “fantasma” del petróleo como “arma política” en contra del Occidente desarrollado y la OPEP, como brazo ejecutor de la misma.

En una conferencia dada en el Banco Central de Venezuela (20-07-2000) el Secretario General de la OPEP, Riwalnu Ludman, dejó tácitamente claro con su discurso de llamado a la cooperación de los miembros en pro de la estabilidad del Mercado, la condición apolítica que intentan adjudicarle a la organización. Postulado ficticio que han sustentado la posición tradicional de los países árabes conservadores, defensiva y políticamente dependientes de Washington; quienes además, en conjunto, poseen el mayor peso específico dentro del cártel.

Debe aclararse, que aun cuando la imagen de la OPEP como una organización técnico-petrolera se logre “consolidar” en el corto plazo favoreciendo así la estabilidad del mercado, su carácter político per se siempre estará presente. El sentido político posiblemente ya no vendrá de la actitud de los países radicales de la organización, sino de la de los países moderados árabes, los cuales aun asumiendo posiciones “técnicas” se reconocen como partidarios de políticas ajustadas a las necesidades de Washington. De cualquier manera, esta imagen supuestamente despolitizada de la OPEP (que encubre parcialidad hacia los EE.UU. por parte de ciertos miembros), resulta más beneficiosa para el cártel y para la estabilidad del mercado, que la tradicional imagen de una OPEP sectorizada, en pugna y potencialmente objeto de fragmentación.

De la OPEP continuar en el futuro inmediato con su tendencia de defender los precios –bajo condiciones razonables- con justificaciones “técnicas”, resultaría conveniente su actitud para crear un clima propicio a la concertación de un precio de equilibrio. Esto en el marco de un diálogo franco entre productores-exportadores y consumidores.

De lograrse un acuerdo histórico de tal magnitud, se crearía una atmósfera favorable que permitiría la prolongación en el tiempo del petróleo, como fuente principal de energía. Asimismo, se prolongaría la transición energética y se retrasaría sustancialmente la sustitución (parcial o total) del petróleo por fuentes alternas de energía. Un escenario de esta índole, debería coadyuvar a que se generen condiciones para la expansión económica global, tan vociferada.

Con relación a esto, los factores más importantes para que el mercado petrolero, la posible sociedad global o el probable mundo de civilizaciones interconectadas tomen ese curso, están dadas. A la fecha, existen reservas petroleras abundantes que garantizan la imposibilidad de escasez geológica en las próximas décadas (ver cuadro Nº 2). Hasta ahora, la OPEP es la única que puede garantizar un incremento en su producción en correspondencia con un aumento significativo y constante de la demanda petrolera; siempre y cuando el crecimiento del mercado de fuentes alternas de energía no crezca de manera muy vertiginosa. Otra condición significativa que se está generando, como se señaló, es la posibilidad real de que en el corto plazo se den acuerdos sobre un precio del crudo (predecible, moderado). Adicionalmente, también existen probabilidades reales de convenios de paz duraderos en el Medio Oriente entre los árabes e Israel y la posible prolongación en el tiempo del estatus de superpotencia de los EE.UU.; pese a sus inconsistencias internas y a sus contradicciones externas y al potencial ascenso, con carácter mundial, de otras potencias como China, Rusia o la Unión Europea.

Cuadro Nº 2
Reservas países OPEP
(Miles de millones)

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Otra consideración pertinente, como se dijo, puede ser que la OPEP debe presionar a los países industrializados, para en pro de un precio de equilibrio, éstos bajen la carga impositiva a los derivados que se comercializan en sus mercados domésticos. En pocas palabras, deben contribuir los consumidores con la estabilidad del mercado disminuyendo su voracidad fiscal.

Cabe destacar, que si el escenario antes descrito se materializara (es decir, precio concertado, estable, predecible y crecimiento económico global), la importancia estratégica de los países con mayores reservas, especialmente los del Medio Oriente, se mantendría como hasta hoy día. Esa significación actual se prolongaría en el tiempo. Si se alarga la condición del petróleo como principal energético, serían un número reducido de países –todos miembros hoy día de la OPEP- los que podrían responder a la prorrogación de una demanda petrolera alta (ver cuadro Nº 3). Por el lado de la demanda, posiblemente disminuirían las tendencias a hacia optimizar cada vez más la eficiencia energética.

Cuadro Nº 3
Relación reservas-años de producción de petróleo

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Una situación de tal naturaleza, en el entendido que la OPEP juegue al precio de equilibrio, estable y predecible, podría por cierto desencadenar dos coyunturas singulares. La primera de ellas sería, que la comunidad global acepte la concentración de las reservas petroleras en pocos países, en tanto reciben suministro seguro, no cuestionen la posición privilegiada de esos países y no vean amenazas significativas en ello. La otra coyuntura podría ser, que aún cuando la comunidad global reciba suministro seguro y la OPEP sostenga una postura conciliatoria, el mundo vea en la concentración extrema de reservas en pocos países (no más de cinco) y en su dependencia de ellos, amenazas relevantes. Esto podría ocasionar que cuando el número de países productores de petróleo se reduzca a unos pocos que podrían continuar supliendo el mercado mundial con relativa facilidad, entonces se le de un impulso significativo y final al mercado de fuentes alternas de energía.

Esta sería una actitud estratégica, por parte de una sociedad global que se muestra tendencialmente hacia el atrincheramiento de las distintas civilizaciones en sus fronteras culturales, a la intercomunicación profusa, al intercambio comercial agudo, pero hacia la búsqueda de la autonomía política y la individualidad civilizacional. Este escenario resultaría válido, incluso en el supuesto de que los EE.UU. continuara siendo la única superpotencia y mantuviera, como en la actualidad, un control técnico sobre parte de las reservas petroleras del Medio Oriente. Se toma igualmente como supuesto, que la situación actual de Irak se haya regularizado y las sanciones del “ONU” hayan sido oportunamente levantadas.

La supervivencia en la transición energética

En medio de un contexto global el cual aumenta en incertidumbres y amenazas, pareciera que la fortaleza más importante que debería cultivar la OPEP es la de la cooperación. Su secretario General, Ludman, en la conferencia ya citada, destacó precisamente a la necesidad de la unión entre los miembros del cártel para enfrentar los retos de la nueva dinámica mundial. Asimismo señaló como valores adicionales por internalizar algunos como:

a) Búsqueda de precios de equilibrio

b) Apertura de la organización con relación a las compañías transnacionales

c) Valoración y atención al tema ambiental

d) Ahondar en el desarrollo de tecnología por el lado de los oferentes para optimizar la misma, dado que la mayor parte de la panoplia tecnológica la han generado los consumidores; bien por la vía de la disminución del consumo energético o bien con relación al desarrollo de fuentes alternas de energía.

Esta postura de Ludman, que se traduce de alguna manera en un sentir generalizado dentro de la organización (salvo las excepciones que existan), lleva como mensaje de fondo las intenciones de que la OPEP sea una institución “tecnico-petrolera” y no política-petrolera.

En tal sentido, los países productores y exportadores de petróleo, particularmente aquellos cuyas economías dependen en buena medida del ingreso petrolero o son mono productores como los de la OPEP, tiene un doble reto. Por un lado, el de lograr maximizar sus rentas petroleras en el tiempo que la ventana de oportunidades del petróleo permanezca abierta, y por otra parte, lograr desarrollar programas de transición económica-energética para cuando esta ventana se cierre o quede con una abertura muy restringida. Para dar cumplimiento válido al último reto, pareciera necesario que estas naciones diversifiquen paulatinamente sus economías, utilicen (como se ha repetido hasta el cansancio) sus ingresos petroleros, no solamente para el sostenimiento del Estado y su voracidad fiscal; sino también para impulsar sectores alternos de sus economías.

Cada uno de estos pueblos, deberá realizar una evaluación profunda de sus ventajas comparativas. Pensar en un tipo de diversificación económica ”focalizada”, es decir no pretender potenciar todas las actividades económicas que hacen vida activa en el país, sino ahondar esfuerzos en aquellas donde el estudio antes sugerido, arroje mayores ventajas comparativas que puedan fácilmente transformarse en competitivas.

En el caso de Venezuela, sería interesante de revisar, en tanto los ingentes recursos naturales que posee y que son susceptibles de desarrollo (turismo, minerales, agricultura, etc.), como el país afrontaría la diversificación económica focalizada y la transición energética. Posiblemente deba en primer término, definirse como una nación rentista. Erradicar la cultura del amor-odio hacia el petróleo y elaborar un programa de maximización e inversión de la renta en el tiempo. Para ello, el desarrollo de proyectos de investigación en esta materia resultan impostergables. El estudio, debe ser el pilar fundamental de este proceso. Pero deberá ser una investigación que cuente con una asistencia material y política adecuada. El apoyo que los sectores oficiales le den, junto con la conservación de la propiedad estatal del recurso petrolero y su explotación, son imprescindibles.

Asimismo, sería conveniente el fortalecimiento, a través de las políticas y compromiso formales, que la OPEP se mantuviera cohesionada y trabajando en equipo para tales fines. Aun cuando la organización no posee la fuerza de décadas anteriores, sigue siendo un actor importante en la determinación del curso diario del mercado petrolero mundial. La subsistencia de gran parte del mundo actual, depende del petróleo de estos países para sostener o mejorar sus estándares de vida. Resulta fácil pensar hoy día, el caos en el cual caerían muchísimas naciones del globo, si un día amanecen sin una sola gota de combustible derivado del petróleo. Por ello, la OPEP debe aprovechar esa condición altamente estratégica que todavía mantiene el petróleo, para potenciar su capacidad de negociación con los centros capitalistas globales, sin incurrir en la diatriba política abierta.

Venezuela en particular, debería formular, como se señaló, un plan de maximización de su renta petrolera. Esto sobre la base de la concentración en las actividades ciertamente rentables y eliminar del programa petrolero, aquellas de dudosa rentabilidad o comprobadas pérdidas (como la Orimulsión o la explotación gasífera). En el mejor de los casos, podría desarrollarse planes de crecimiento refinatorio o petroquímico, como aspectos complementarios.

Finalmente, la OPEP la cual agrupa a los países que poseen las mayores reservas petrolíferas del mundo (785.053 mil millones de barriles aproximadamente), a los que producen el 40% del petróleo del mundo y el 60% del comercializado a nivel global, debe también accionar un programa de relaciones con el resto de los actores del concierto petrolero mundial -grandes y pequeños países consumidores, países productores No OPEP, compañías privadas y grupos ambientales u ONG´s-. Esto con la intención de que sus aspiraciones de maximización de la renta petrolera, no sean dadas al traste por los intereses, también legítimos, del resto de los actores globales.

Notas:

(1) Abdullah Al Tariki: El petróleo árabe, arma en la batalla, en Al-Shereidah Mazhar, El Mundo Arabe y Occidente, Tropikos, 1995, p. 14-15.

(2) Henry Kissinger: Diplomacia, Fondo de Cultura Económica, México, 1995; José Toro Hardy: Venezuela y el Petróleo del Islam, Panapo, 1991.

(3) José Rafael Zanoni: El mercado Petrolero Mundial, Trabajo de ascenso para optar al escalafón de Profesor Asociado, FACES/UCV, Caracas, marzo de 1999,
(4) Mazhar Alshereidah: Medio Oriente, La OPEP y la Política Petrolera Internacional, UCV, 1973, p. 68.

(5) Roberto Centeno: el Petróleo y la Crisis Mundial, Alianza Editorial, 1982, p. 21.

(6) Fuente: Per Kurowsky, Los impuestos al petróleo, nuestro enemigo ignorado, en Petróleoyv.com, abril de 2000.

(7) Milko Luis González: Orimulsión, un negocio de pérdidas, en analítica.com, 16-06-2000

(8) Per Kurowsky, Op.Cit., p. 4.

(9) Ibíd., p. 4.

(10) Finanzas y Desarrollo, Fondo Monetario Internacional, diciembre de 2000, p.3
(11) Frank Bracho, Tiempo de repensar radicalmente el tema energetico y petrolero, en Analítica. Com, 7-07-2000.

(12) Samuel Huntington: Choque de Civilizaciones, Paidos, 1997.

(13) Frank Bracho, Op.Cit., p. 6.

* Internacionalista, estudios de Especialización y Maestría en hidrocarburos, Investigador Petrolero del IIES/FACES/UCV, ex profesor de la cátedra Historia de Europa de EEI/FACES/UCV, profesor de la cátedra Petróleo e Islam de la EEI/FACES/UCV.

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