Economía

Informe petrolero: Vigencia de las consecuencias de la Guerra del Golfo de 1991

La coyuntura generada por la Guerra del Golfo de 1991, no solamente trajo importantes transformaciones en el plano geopolítico y en la recomposición del equilibrio político-militar en el Medio Oriente (incluso en el mundo), sino que también afectó la estructura de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). La distribución de la producción entre los miembros de la organización, a través del sistema de cuotas, se vio alterada. Algunos países como Arabia Saudita, Irán, Venezuela y Libia o Nigeria en menor medida, debieron asumir, inicialmente de manera transitoria, los volúmenes de crudo que la salida de Kuwait e Irak por la guerra, habían dejado de producir y exportar (ver cuadro 1).

Cuadro 1

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La invasión de Irak a Kuwait y el ataque aliado a Bagdad dejó fuera del mercado unos 4.5 millones de barriles diarios de petróleo. Volumen suficiente como para que en aquella oportunidad, la escasez de la oferta, producida por la salida del mercado de tal cantidad, impulsara un ascenso abrupto de los precios. Pero, como se indicó, Riad, Teherán, Trípolí o Caracas fueron los gobiernos encargados de incrementar su cuota de producción para suplir esas necesidades del mercado e impedir el desequilibrio de los precios (ver cuadro 2).

Cuadro 2

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Sin embargo, una situación que se suponía transitoria se transformó en permanente, especialmente por parte de Arabia Saudí. De tal manera que los aproximadamente 2 millones de b/d asumidos por Riad de manera pro tempori, se convirtieron en permanentes; con el agravante, de que una vez restituida la producción de Kuwait y más recientemente parte de la de Irak, por el programa de la ONU Petróleo por Alimentos”, no volvió a su cuota de 1990, estimada en unos 5 millones de b/d (ver cuadro 3).

Cuadro 3

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La actitud de Arabia Saudita comenzó a dejar su secuela a mediano plazo, cuando la sobreoferta de la organización -por la reincorporación de Kuwait como productor pleno, la restitución parte de la producción iraquí y el sostenimiento de Arabia Saudita de su cuota “transitoria”- se sumó a la producción de los países No OPEP. Esto, como era de esperarse, influyó en una merma considerable de los precios.

Ya para finales de 1990, se preveían los dos posibles escenarios con respecto a la probable actitud de Riad. Por un lado se pensaba, que si efectivamente Arabia Saudita asumía el aumento de su cuota de manera temporal, habría contribuido considerablemente con la estabilidad del mercado. Además que habría demostrado, al final de la crisis, que ciertamente era un gran poder petrolero capaz de cubrir la enorme deficiencia de unos 3 mm b/d sin traumas. Esto sería un indicador de la flexibilidad petrolera de esa nación.

Sin embargo, el segundo escenario que se contempló, es decir que este país después de asumida su nueva cuota decidiera no abandonarla, fue el que privó. Al respecto el Doctor Fadhil Jafar Al-Chalabi, Director Ejecutivo del Centro de Estudios Globales Petroleros de Londres, señala que:

“La otra alternativa es que Arabia Saudita no retome su cuota y en ese caso colapsarán los precios, no habrá forma de evitar un colapso de precios si Arabia Saudita quisiera producir esos 3 millones de barriles por día adicionales (…) Por lo tanto a corto plazo la política saudita, va a afectar directamente a la OPEP y los mercados y también los mecanismos para proteger los precios”

Para aquel momento dentro de la OPEP, la posición de Arabia Saudita se fortaleció considerablemente. Este país demostró, como se indicó, su flexibilidad. Las importantes reservas que posee y su alta capacidad instalada de producción le permite, a diferencia de sus demás socios en la organización, subir o bajar la producción a conveniencia. Condición ésta que todavía hoy día persiste. Aun cuando para 1990 prácticamente todos los miembros de la OPEP tenían planes de expansión, solamente Riad los había materializado tiempo ha. De hecho, de acuerdo a la estrategia tácita de ciertos socios, la intención era expandir las capacidades y a tales efectos, a la alarga el cartel se quedaría controlado por los principales “jugadores” según sus reservas y capacidad instalada de explotación. Arabia Saudita, Kuwait, Irán, e Irak, y en menor medida Venezuela y Emiratos Arabes Unidos, controlarían la organización en pleno, pero lo más importante, es que ya Riad no sería el único poder significativo dentro de la OPEP.

Sin embargo, tanto en aquel momento como ahora, mientras los demás países se vean imposibilitados de instrumentar los programas de ampliación de la producción, Arabia Saudí continuará poseyendo una importante flexibilidad, como cualidad que lo posiciona mejor que el resto de los miembros dentro de la organización. No obstante, hoy día esos programas de expansión resultan de cuidado y deben ser adelantados con mucha propiedad. Aun cuando la tendencia sea hacia un aumento sostenido de la demanda (de 1.5 a 2 mm de b/d), ésta tampoco pareciera ser tan dinámica como se especulaba hasta hace pocos años atrás.

Por otro lado conviene destacar, como las economías de los países de la OPEP fueron pasando paulatinamente de superavitarias a deficitarias. La bonanza de la década de los setenta se revirtió considerablemente. Solamente Kuwait, ha realizado un programa de inversiones efectivo en el exterior de sus ingresos petroleros y sin embargo hacia 1990, recibió un préstamo externo de unos 5 mil millones de dólares. El déficits de los países de la OPEP, especialmente los del Medio Oriente porque algunos de ellos debieron financiar gran parte de las operaciones militares de los E.UU. en el Golfo, tienden a sobreproducir para obtener más ingresos, cuando se hallan en apuros financieros. En el caso de Irak, éste pasó de tener un superavit de unos 35 mil millones de dólares antes de la guerra de 1991, a poseer una deuda externa de unos 100 mil millones de dólares.

El estado deficitario en el cual se encuentran los países de la OPEP conlleva a evaluar el cómo adelantarán sus programas de expansión. Para Al-Chalabi, los aliados “naturales” de estas naciones en estos proyectos son las compañías petroleras, una vez que superen el excesivo estatismo y centralización con los cuales manejan el negocio petrolero. Se estima que las inversiones en el medio Oriente para expandir la producción de la región en unos 5 mm/bd, tendría que ser de unos US$ 70.000; los cuales difícilmente podrían ser aportados por los gobiernos. Con un programa adecuado de asociación, las empresas podrían aportar además de recursos económicos, tecnología.

Además, la región del Golfo Arabe-Pérsico se muestra como la principal del mundo con amplio potencial de expansión. Esto queda demostrado con la revisión de la relación de sus cuantiosas reservas, y el ritmo de producción. A Kuwait, por ejemplo, se le estiman unos 200 años de duración a sus reservas (al nivel actual de producción); mientras que a países como Irán se le calcula para unos 65 años.

Finalmente, en un intento de aproximación a las mayores implicaciones de la Guerra del Golfo, desde el punto de vista político y petrolero podría decirse que:

a) Puso nuevamente en evidencia, como en crisis anteriores ya señaladas, la importancia de los recursos petroleros del Medio Oriente para la supervivencia de las potencias industrializadas occidentales y gran parte del resto de los países del mundo.

b) Reforzó la convicción acerca de los EE.UU como primer dependiente del petróleo del Medio Oriente

c) Reafirmó los compromisos y la relación simbiótica entre Washington y las monarquías petroleras del Golfo

d) Dejó entrever la combinación de intereses geoeconómicos, geopolíticos y culturales o civilizacionales en la estructuración de las motivaciones que generan conflictos entre Occidente (especialmente los EE.UU) y el mundo musulmán

e) Reafirmó el poder que el discurso teocrático (alusivo al Islam) puede llegar a tener para aumenta la capacidad de convocatoria en el mundo musulmán

f) Permitió a Arabia Saudita, reforzar su posición como principal actor dentro de la OPEP

g) Cambió la estructura de la distribución de cuotas dentro del cartel y permitió, dada la conducta de Riad, el deterioro de los precios al mediano plazo

h) Contribuyó a la consolidación de los EE.UU. como única superpotencia del mundo y allanó el camino, para el establecimiento de un nuevo orden global con un Washington fortalecido, una Rusia obligada a plegarse a las directrices político-económicas estadounidenses y el desempolvamiento del Consejo de Seguridad de la ONU para la materialización de las aspiraciones hegemónicas de los EE.UU.

i) Creó con el debilitamiento de Irak un nuevo equilibrio regional bajo la ilusión de un Irán aparentemente fuerte, unas monarquías petroleras amparadas en los EE.UU y un conjunto de gobiernos radicales con interese aislados

j) Mermó considerablemente las capacidades de la nación iraquí, contribuyendo así a la erradicación de las expectativas de liderazgo regional y panarábigo de Saddam Hussein

k) Acentuó la situación ambigua de Turquía con respecto a su indefinición como nación con pretensiones de formar parte de Occidente y la vez con el reclamo histórico-cultural de asumir posturas de liderazgo en el concierto islámico. Adicionalmente, complicó, en el marco de las consideraciones anteriores, su conflicto interno con los kurdos

l) Igualmente la guerra, le inyectó otros vientos a las aspiraciones secesionistas de los kurdos iraquíes al permitirle los EE.UU. crear un gobierno de facto al norte de Irak

Puso de manifiesto las discriminaciones o la desasistencia de la puede ser objeto una etnía por consideraciones políticas, como pasó con el caso de los chiítas en el sur de Irak. Mientras a los kurdos se les permitía importantes concesiones y apoyo para propiciarles un clima secesionista, a los chiítas se les negaba las mismas posibilidades, para evitar la fragmentación de Irak y a su vez, con la desaparición de éste, la pérdida de un contrapeso “natural” contra Irán en la región.

En la actualidad, después de casi diez años, las consecuencias políticas y petroleras de la Guerra de 1991 están prácticamente vigentes en su totalidad. La recomposición que hubo de la distribución de las cuotas entre los miembros de la OPEP, en buena medida continua siendo un factor que afecta las estructuras de la organización y del mercado petrolero global. Arabia Saudita no ha prescindido de la producción que transitoriamente hubo asumido y luego, como se indicó, el restablecimiento de la totalidad de la capacidad de Kuwait (sin que Riad abandonara lo que asumió temporalmente), por supuesto creó una presión hacia abajo en la estructura de precios. Hasta ahora, el control del cual ha sido objeto Irak, ha hecho que no sea tan crítica la conducta de Arabia Saudita, Sin embargo siempre ha existido una considerable tensión entre el mercado global ante las expectativas de que en algún momento La ONU (en realidad EE.UU.) le levante las sanciones a Bagdad. De ser así en algún momento, Irak quedaría en libertad de reactivar, después de un proceso de reacondicionamiento de instalaciones el cual duraría unos 5 años, su potencial de producción. Para ello requeriría, por supuesto, el apoyo de capital extranjero, el cual desde hace mucho tiempo se mantiene en alerta al respecto. Especialmente los europeos.

Se presume, que uno de los motivos fundamentales por los cuales Washington ha hecho lo imposible por sostener las sanciones a Irak bajo las justificaciones nucleares y químicas, es precisamente evitar la penetración inmediata europea y la seguridad que en materia de suministro pudieran obtener. Aun cuando Europa y los EE.UU. han desarrollado un política de cooperación en cuanto a la participación global, La Unión Europea se ha convertido en un contrapeso político importante para Washington. La negativa que e muchos casos ha manifestado la Unión a acciones estadounidenses que los lesionan, como por ejemplo la Ley Helms Burton, muestran que Europa se ha mostrado cooperativa pero no incondicional. Resulta lógico pensar que a los estadounidenses les preocupe y se ocupen sobre como evitar, en cualquier ámbito, un fortalecimiento demasiado grande de los europeos. Una Unión Europea con buenas relaciones y presencia en el Medio Oriente, podría representarles cierta seguridad en el suministro petrolero, menor dependencia del Washington policía del Mesoriente.

* MILKO LUIS GONZALEZ SILVA: Internacionalista, estudios de Especialización y Maestría en hidrocarburos, Investigador Petrolero del IIES/FACES/UCV, ex profesor de la cátedra Historia de Europa de EEI/FACES/UCV, profesor de la cátedra Petróleo e Islam de la EEI/FACES/UCV.

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